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ABC SÁBADO 3 9 2005 Opinión 5 MEDITACIONES ABRASADOR UE agosto ha sido un mes duro para el Gobierno (caso Roquetas, crisis alimentaria, tragedia de Afganistán) resulta tan obvio como que julio (incendio de Guadalajara) también se le atragantó a un Ejecutivo acostumbrado a capear el temporal con regates dialécticos y juegos florales. En junio, la triple manifestación (Víctimas del Terrorismo, Foro de la Familia y Archivo de Salamanca) hizo igualmente mella en el Gabinete de Zapatero. Trimestre negro que ha colocado al Gobierno en una situación inesperada y que ha servido para comprobar la capacidad de algunos ministros para colocarse de canto cuando truena. El dato más revelador es que en noventa días han salido tocados, en mayor o menor medida, la mitad de los miembros del Gabinete- -Interior, Defensa, Sanidad, Medio Ambiente, Justicia y Cultura- lo que ha permitido a Moratinos o Trujillo, carne de primera página, irse de rositas en un verano políticamente abrasador. MARCO AURELIO Q LEER Y PENSAR LA SOCARRONERÍA DEL GOBIERNO MI EUROPA DE Y. ANDRUJOVICH Y A. STASIUK El Acantilado Barcelona, 2005 173 páginas 15 euros Los otros europeos Dos monólogos para un diálogo sobre la Europa reencontrada tras el siglo del comunismo. Dos escritores, el ucranio Yuri Andrujovich y el polaco Andrzej Stasiuk, transitan por los paisajes de sus torturados países. Vivir en el centro, escribe Stasiuk, significa no vivir en ninguna parte Cada vez que viaja por Europa Central, confiesa, la nostalgia y la utopía le pisan los talones. Centroeuropa como encrucijada de ferrocarriles. Cuando Bowie subió al tren de la estación de Gdánsk, el ambiente irreal y brumoso le impresionó tanto que compuso Warsaw. Como cuenta Kapuscinski, la niñez de los polacos- -y la de los ucranios que se opusieron a Stalin- -era hacer las maletas. Andrujovich evoca así a su padre en junio del 41: Entre rusos y alemanes, las camisas pegajosas por el sudor, la calle principal del pueblo infestada por el hedor de los cadáveres Pueblos humillados, ofendidos y acechados por el gigante alemán y el oso ruso. Biografías urdidas en campos de concentración. De la experiencia aprendieron a ser maestros del escepticismo y no esperan milagros de la Europa de los mercaderes. Esa Europa del bienestar que desconoce la Europa del martirio. SERGI DORIA AY un pasaje del Lazarillo que siempre me ha parecido el summum de la socarronería, esa facultad humana, entre la maldad y la retranca, que disfraza la bellaquería de una como distraída- -y por ello más alevosa- -burla. Para poder catar el vino de la jarra de su amo ciego, Lázaro urde una ingeniosa industria: primero le hace un agujero sutil al suelo del jarro, que tapa muy delicadamente con una muy delgada tortilla de cera a la hora de comer, cuando el ciego se arrima a la lumbre, Lázaro se mete entre sus piernas, esperando que la cera que cubre el orificio se derrita, para beber de aquella fuentecilla que empieza a destilar. El ciego, espantado de que su provisión de vino se agote tan pronto, no tarda en dar con la industria de Lázaro, mas así lo disimuló como si no lo hubiese sentido Al otro día, mientras el desprevenido muchacho se entrega a sus tragos JUAN MANUEL clandestinos, un poco cerrados los DE PRADA ojos por mejor gustar el sabroso licor el ciego le estampa en los morros el jarro con todas sus fuerzas; de resultas del golpe, el vapuleado Lázaro pierde el sentido, la cara (muchos pedazos del jarro se le quedan ensartados en la piel) y también algunos dientes. Luego, el socarrón del ciego, mientras le lava con vino las heridas, sonriéndose le dice: ¿Qué te parece, Lázaro? Lo que te enfermó te sana y da salud Me he acordado de este pasaje, y de la frase socarrona del ciego, en la que se funden crueldad y recochineo, al enterarme de que el Gobierno se propone financiar el déficit sanitario aumentando los ya muy abultados impuestos especiales que gravan el tabaco y el alcohol. Siempre me ha resultado intolerable esa práctica gubernativa tan socorrida consistente en repercutir sobre el contribuyente, mediante tributos creados ad hoc, su incapacidad para reprimir el gasto público. A nadie se le escapa que la Sanidad espa- H ñola, de la que debemos enorgullecernos por tantas razones, incorpora también algunas lacras evidentes: se recetan medicamentos a troche y moche que acaban caducando en los cajones de nuestros aparadores; se ha multiplicado el número de pacientes hospitalarios, incluyéndose con frecuencia en tan abultada partida a quienes no hubiesen requerido internamiento; y, en fin, se empiezan a incluir en la cobertura de la sanidad pública tratamientos preventivos y operaciones (pensemos, por ejemplo, en las de cambio de sexo) que un sistema sanitario racional jamás habría incorporado. Pero en lugar de comenzar exhortando a las comunidades autónomas a la gestión menos descuidada o despilfarradora de sus recursos, el Gobierno propone gravar la luz y los combustibles y planea incrementar su bulimia recaudadora mediante una subida de los impuestos especiales. Naturalmente, el Gobierno sabe que el déficit sanitario es fruto de la prodigalidad administrativa; pero siempre es más cómodo culpabilizar al contribuyente y castigarlo sin la paga del domingo, para que le sirva de escarmiento. ¿Qué te parece, Lázaro? Lo que te enfermó te sana y da salud La socarronería del ciego se queda chiquita ante el cinismo del Gobierno, que se propone ahora sufragar la Sanidad con el tabaco, que como todo el mundo sabe- -y así lo proclama la propaganda gubernativa- -es culpable de cuanta afección cardiovascular, metástasis cancerígena, epidemia de gripe, esguince de metatarsiano y operación de fimosis que apechuga nuestro sistema sanitario. Ahora, muy sarcástico, nuestro Gobierno pretende que lo que nos enferma nos cure y nos dé salud. Y, de paso, contribuye a la demonización del fumador, convirtiéndolo en chivo expiatorio de las torpezas administrativas. El ciego del Lazarillo, tan cabrón y bellaco, hubiese, sin duda, aprobado y aplaudido estos remiendos gubernativos con una sonrisa socarrona en los labios.