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ABC VIERNES 2 9 2005 Cultura 51 Muere Manuel Ausensi, el gran barítono de la zarzuela española Grabó cerca de un centenar de títulos de nuestro género lírico b Ausensi, que falleció en la locali- CLÁSICA Festival de Santander Festival Internacional de Santander. Philharmonia Orchestra. Solista: Steven Isserlis (violonchelo) Director: James Conlon. Obras de Ullman, Strauss y Dvorak. Lugar: Palacio de Festivales de Cantabria. Fecha: 31 de agosto. dad tarraconense de Creixel de Mar, tenía ochenta y seis años, y fue durante los años cincuenta una de las figuras del Liceo JULIO BRAVO MADRID. Manuel Ausensi, una de las grandes voces españolas de los años cincuenta, falleció ayer en la localidad tarraconense de Creixel de Mar, a los ochenta y seis años. El barítono era especialmente popular por haber participado en cerca de un centenar de grabaciones de zarzuela, muchas de ellas dirigidas por Ataúlfo Argenta. Sin embargo, su principal actividad fue la ópera, y su casa el Liceo de Barcelona. En julio de este mismo año se le rindió homenaje durante la Fiesta Mayor del Poble- sec, y se puso una placa en el número 53 de la calle de Blai, donde nació en 1919. Manuel Ausensi debutó el 30 de diciembre de 1947 en el Liceo barcelonés con la obra Anna Bolenna de Donizetti. En 1994, con motivo de un homenaje que le tributó el Ayuntamiento de Madrid, Ausensi contaba cómo había llegado a la música. Empecé a cantar de una forma muy curiosa: mi destino no era el canto, pero... Aunque en mi casa no había tradición, mi padre era un gran aficionado, y nos matriculó a mi hermano y a mí en el Conservatorio del Liceo. Allí estudiamos con Joaquín Zamacois, que no nos auguró un gran futuro en la música. Yo estudiaba trompeta y mi hermano violín. Luego, con la guerra, fui movilizado. Participé en el Frente del Ebro y en otras batallas, hasta que fui a parar a Valencia. Allí, un amigo mío, aspirante a tenor, me embarcó para visitar a un profesor de canto y fuimos a que nos escuchara María Llácer. Yo, en realidad, iba por mi amigo. Canté una romanza de Luisa Fernanda y María Llácer me dijo que tenía una voz muy interesante, aunque tenía que estudiar mucho. Y me dio clases gratis durante dos años. En Barcelona gané un concurso, y así empezó todo UN BRITISH QUIJOTE CLAUSURA SANTANDER COSME MARINA C Manuel Ausensi, caracterizado como Fígaro en El barbero de Sevilla ciones discográficas de zarzuela las que le otorgaron mayor popularidad. Grabé noventa y tres zarzuelas- -recordaba Ausensi- algunas que mucha gente ni conoce. Y surgieron de una manera muy curiosa. Hicimos con Ataúlfo Argenta unas representaciones en el Teatro Español de La verbena de La Paloma dirigida escénicamente por Cayetano Luca de Tena. En principio estaban previstos tres días, pero estuvimos cerca de una semana. Y después fuimos a San Sebastián, Biarritz, Vitoria y Bilbao, con un éxito extraordinario. En San Sebastián estaba la casa de discos Columbia, y sus responsables vieron que aquello era un filón, así que propusieron a Argenta empezar a grabar zarzuelas. Y así empezamos Vinculado al mundo de la música en las últimas tres décadas a través de los homenajes recibidos y los concursos de canto- -en julio se celebró la octava edición del certamen que llevaba su nombre- Ausensi se lamentaba de la falta de atención que tenía actualmente la zarzuela. Yo estoy con los que dicen que hay zarzuelas que no tienen nada que envidiar a muchas óperas. El teatro de la Zarzuela debería funcionar como lo hacía el Bolshoi de Moscú, con una compañía estable y otra que está de gira. Así habría muchos jóvenes estudiantes que tendrían ilusión por seguir y habría mayor afición El Liceo Su voz de barítono lírico, noble y clara de timbre, le hizo destacar pronto y en el Liceo de su ciudad natal desarrolló fundamentalmente una carrera que le mantuvo en activo hasta 1971. Canté más de cuarenta títulos, aunque finalmente me limité a diez o doce. Hice muchísimas obras desconocidas porque el Gobierno italiano las subvencionaba. Pero sobre todo canté La traviata Rigoletto Nabucco El trovador En Berlín hice veinticuatro trovadores con la producción de Karajan Aunque la ópera fue la columna vertebral de su carrera, fue su participación en cerca de un centenar de graba- erró sus actividades el Festival Internacional de Santander (FIS) en una edición más que notable y que, salvo algún contratiempo, ha propiciado veladas de gran interés elevando el listón con respecto a otras convocatorias. El tramo final supone, como es tradición, un alarde orquestal y en ese esfuerzo el cierre con la Philharmonia Orchestra ha supuesto un nuevo cénit. La emblemática formación inglesa, con sesenta años de gloriosa historia, mantiene intactas sus cualidades y calidades, ese sonido suyo rotundo y específico, y en su convocatoria santanderina lo exhibió de forma majestuosa a las órdenes de un James Conlon maduro y resolutivo que desarrolló un programa en un crescendo interpretativo que culminó en la más alta excelencia. El eje fue uno de los que han articulado este 54 Festival, el aniversario del Quijote Y se inició con la Obertura Don Quixote tanzt Fandango música degenerada para los nazis en la Víctor Ullman- -víctima del régimen germano- -planteó una mirada irónica la personaje en una partitura escrita en el ghetto de Theresienstadt que Conlon abordó con pasión y la orquesta dibujó de forma precisa en sus rasgos expresionistas. Otro Don Quijote el de Richard Strauss, con Steven Isserlis como solista, permitió una demostración de calidad orquestal y, como señala Tomás Marco en las notas al programa, aunque el carácter cervantino de la obra sea imprecisa, sus hallazgos tímbricos y melódicos la convierten en magistral, en un reto que una formación como la Philharmonia saca adelante con deslumbramiento y a la que Isserlis aporta refinamiento expresivo en los pasajes solistas y la viola Victoria Wardman deslumbrantes hallazgos. En la segunda parte, el denso voltaje poético y romántico de la Sinfonía número 8 en Sol mayor, op. 88 de Antonin Dvorak deslumbró en la contrastada versión de Conlon, magnificente en su desarrollo, con un Adagio fastuoso enfrentado a las diferentes texturas de la obra que acabaron siendo expuestas con rigor impecable.