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ABC VIERNES 2 9 2005 Internacional EL ZARPAZO DEL KATRINA 25 El cadáver de una de las víctimas del huracán aparecía ayer flotando en las aguas de Nueva Orleáns da y el perro en el bolso, Valentina vomitaba en la cabina del bote, mientras su marido intentaba ayudar a una pareja de hispanos encaramados a la copa de un árbol. No hablaban inglés, pero les entendimos que tenían familia en otros árboles. Sólo pudimos rescatar a tres. Luego los bomberos nos rescataron a nosotros y nos dejaron en un alberge. Ahora somos refugiados, vivimos con lo puesto y a merced de lo que nos den. Hoy, sólo agua y hielo AFP Papá, mamá, os quiero estéis donde estéis ANDRÉS TORRES MADRID. Los saqueadores disparan en el centro de convenciones, allí están Lucrecia Solomon y su hija, sin comida ni bebida, aterrorizadas. Mi marido, inválido y enfermo, está atrapado en el hotel Clarion. Por favor, envíen a alguien a rescatar a esta gente. Necesitamos la ayuda de la Guardia Nacional. Recen por ellos Éste es uno más de los 5.761 mensajes de socorro de familiares y amigos de los miles de ciudadanos de Nueva Orleáns en paradero desconocido tras el paso del Katrina que recoge la web del diario Nueva Orleáns Luisiana, www. nola. com Cada minuto las notas se multiplican. La desesperación pende de cada línea de estos correos electrónicos, la angustia se desprende de cada frase: La última vez que hablé con mis padres fue el domingo, que alguien me ayude, sólo puedo llorar desesperada. Papá, mamá os quiero dondequiera que estéis No obstante, en este desolado desierto virtual puede encontrarse un oasis de esperanza. El mensaje de un familiar, el número 4.966, reclamaba información sobre el destino de Jack Galle. El anuncio situado en el puesto 5.317 de esta infausta lista informa que Galle está a salvo. Destino, cualquier parte La naturaleza ha sido caprichosa con los destrozos. Entre las pocas cosas que han salido enteras de la casa de Valentina está una caja de plástico transparente, hermética, cerrada, que contiene las bolas del árbol de Navidad. Precisamente para después de Navidad a Eleuterius, profesor de Instituto en Biloxi, le han dicho que tal vez pueda reiniciar las clases. Otros han emprendido la marcha para no volver. Esto tardará años en recuperarse dice Bonni Robertson, que se va con lo puesto, para siempre, del lugar donde ha vivido desde que nació hace 54 años. Destino Atlanta, pero no tiene preferencias. Podía ser cualquier otra ciudad, en ninguna le queda nada. No hay policías alrededor, no quedan más almas en Biloxi que las que han decidido con saña canibalizar la tragedia en busca de lo que puertas y cerrojos les negaban hasta el lunes. Señorita, tenga cuidado! aconseja un bombero que pasa por las calles desiertas. Esto es muy peligroso. La pueden matar para llevarse su coche. No queda ninguno de alquiler en 500 kilómetros a la redonda, y todo el mundo quiere irse de aquí Residentes de Nueva Orleáns, ayer durante las tareas de evacuación AP