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ABC VIERNES 2 9 2005 Opinión 7 no ha dado los pasos necesarios para impulsar su cumplimiento. De todas formas, lo que sí queda claro es que el proceso electoral de 2006, con o sin reelección, estará condicionado en buena parte por el desenlace de las negociaciones con los paras. Como señala Eduardo Pizarro, la cuestión es de una gran complejidad y marca el enfrentamiento entre los partidarios del minimalismo pragmático (la paz justifica grandes sacrificios en el terreno de la verdad, la justicia y la reparación) y los seguidores del maximalismo moral (que exigen altas cotas en esos mismos puntos) Se trata de sendas visiones reduccionistas que presentan dos problemas: 1) si unos dejan fuera de su interpretación a la justicia, los otros hacen lo mismo con la política; y 2) los minimalistas de hoy pueden ser los maximalistas de mañana. Los obstáculos a la paz aumentan permanentemente y la formación de dos asociaciones de víctimas (una de víctimas de la guerrilla y otra de los paramilitares) poco hará por despejar el camino. LA ESPUMA DE LOS DÍAS RATAS EN BARCELONA H 9.000 paras y se espera que hasta fin de año otros 4.000 sigan el mismo camino. Para impulsar el proceso, el gobierno impulsó en el Parlamento la Ley de Justicia y Paz, que debía marcar los límites de la negociación con cualquier grupo violento que quisiera desarmarse, una ley sumamente criticada tanto dentro como fuera del país. La mayoría de las críticas de la comunidad internacional aluden a que semejante texto, aprobado en julio pasado después de vivos debates, sólo sirve para avalar la impunidad de los violentos. De momento, y a un mes de aprobada la ley, el gobierno Desde España, y desde Europa en general, hemos visto el proceso con bastante escepticismo y de forma muy crítica, frente a lo que se presenta como una carta para avalar la impunidad paramilitar. Ahora bien, si nuestras exigencias morales para respaldar el proceso de paz que busca el gobierno colombiano son tan altas (mucho han aumentado después de los procesos de transición a la democracia en América Latina de la década de 1980, como mostró el caso Pinochet) habría que pensar más en nuestra respuesta. Está claro que si queremos ver entre rejas a todos los terroristas y violadores de derechos humanos ¡cuántos crímenes de lesa humanidad han cometido las AUC, el ELN y las FARC! hay que respaldar la salida policial y militar que lo permita. Y esto implica armar a las fuerzas militares y policiales colombianas y respaldar la política de seguridad democrática de Uribe, que tantos éxitos ha cosechado en los últimos tres años en la reducción de homicidios, secuestros y atentados terroristas. ¿Estamos dispuestos a ello? Habría que preguntarle a las ONG que tanto critican la labor de Uribe cuál es su solución para el laberinto colombiano. Mientras tanto, los principales actores políticos, incluidos los armados, ya están tomando posiciones para el próximo, y decisivo, combate electoral que se librará en 2006. PALABRAS CRUZADAS ¿La privatización de la sanidad resolvería sus problemas de financiación? NO HAY QUIEN LO ABORDE RIVATIZAR el sistema público de salud no está en los objetivos de ningún grupo político con alguna posibilidad de gobernar. Ni aquí ni fuera. Otra cuestión es que cada día se aliente más concurrencia en el sector, que iniciativas privadas eficaces ofrezcan también sus servicios a la sanidad pública y a sus beneficiarios. Esta es una actividad típica en la que lo público y lo privado se complementan y apoyan para mejorar. En materia de sanidad y de su coste existen demasiados tópicos y no pocas falacias. No es aceptable que su coste tenga una tendencia creciente inevitable e inflexible. Mayor calidad y eficacia no quiere decir, necesariamente, más coste. La innovación y la mejora en FERNANDO G. URBANEJA diagnósticos y tratamientos, los avances técnicos, la difusión inmediata de técnicas y conocimientos... además de curar más y mejor, reducen costes. Gestionar la sanidad es seguramente uno de los retos más difíciles para cualquier gestor, pero no pertenece al reino de la utopía o de lo imposible. El debate sanitario hoy gira en torno al objetivo de más dinero, más gasto, más impuestos. Debería encauzarse hacia cómo gestionar mejor, cómo introducir eficacia. Lo fácil es pedir más dinero, lo necesario es cómo gastar mejor, que suele ser sinónimo de gastar menos. PRIVADA DE VERDAD A corrección política proclama que lo público es estupendo porque es de todos y todos nos beneficiamos, mientras que lo privado es terrible porque es de unos asquerosos capitalistas y sólo a ellos beneficia. En la práctica, la sanidad pública es privada de un modo raro: la manejan y controlan los que no la pagan. Así, sus dueños son en primer término los políticos, legisladores y gobernantes, y también los burócratas, los funcionarios, y otros grupos de presión. Privatizarla, lo que resulta hoy inconcebible porque ningún político de ningún partido lo respaldaría, equivaldría a ponerla de verdad en manos de quien se supone que es su propietario, y que en realiCARLOS R. dad ni pincha ni corta, pero paga: el BRAUN contribuyente. Si fuera privada, el consumidor seguiría pagando, claro, porque siempre es así: ahora la sanidad no es gratis ni nos la regalan los políticos; la pagamos todos de forma extraña, porque el pago no guarda relación con el consumo de la prestación. Pero si fuera privada, el ciudadano pincharía y cortaría más, y pagaría menos, por un servicio mejor. Se acabaría toda esta juerga obscena de políticos pujando por ver a quién se lo nota más cómo gasta dinero ajeno, y a quién se le nota menos cómo lo recauda. P L ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate A sido como por arte de magia que la opinión pública por fin ha tenido acceso a la realidad de una Barcelona más próxima al caos abrupto que al orden novecentista. Ha sido de repente, como por una drástica pérdida de la inocencia, que todas las situaciones conflictivas que venían incubando desde hace años han ido alcanzando tanta intensidad que los arrumacos de la larga complicidad han concluido: en el barrio de Gràcia mandan los okupas hay ratas en la Plaza Gaudí, el Fórum 2004 fue un fraude, las zonas verdes son arbitrarias y los impuestos municipales tienden al exceso confiscatorio. VALENTÍ Así, de forma súbita, PUIG los contribuyentes de Barcelona han visto al ayuntamiento en manos de un tripartito municipal basado en el spoil system con un alcalde escaparatista al frente, el alcalde Clos. Una prueba del talante municipal es que, con la ciudad patas arriba y conatos de violencia en las noches verbeneras, al alcalde sólo se le ocurra convocar para martes un pleno sobre el incivismo. La culpa resulta ser de los gamberros como si no fuese función de un ayuntamiento controlar el gamberrismo. Es por eso que una prolongada indulgencia mediática con Clos parece estar agotándose y adquieren relevancia todas las protestas vecinales, algunas de ellas angustiosas. Llegan las fiestas de la Mercé y el espectáculo virulento de Gràcia pudiera repetirse. Nadie como el alcalde Clos ha sabido catalizar la bobería postmoderna y desgobernar tanto a la vez. Bajo su mandato municipal, la ciudadanía va constatando que Barcelona ha pretendido ir tan por delante que se ha quedado atrás. La dejación de responsabilidades, el amagar el bulto, el eufemismo de modernidad y el escapismo político han ido acumulando agravios de mucho peso. Para suerte de Clos y de sus socios independentistas y eco- comunistas una extraña mala conciencia impide a CiU ejercer la oposición municipal con el rigor necesario mientras el PP está haciendo lo que puede. A veces se diría que CiU nunca ha querido de verdad lograr el gobierno de la ciudad de Barcelona. Cara, en declive, cada vez algo más incómoda, la ciudad de los prodigios resulta estar en manos de una gestión meliflua, de diseño, demagógica. Todo eso, tan sabido y padecido por no pocos ciudadanos, ahora salta a los titulares y puede desembocar en una vorágine política sin control. Lo ilusorio agota sus energías, la ciudad entra en el fatalismo, el deterioro- -la tesis de la ventana rota -adquiere la forma de un silogismo ineludible. Eso lo arregla Clos con las brigadas de riego nocturno arrinconando bajo la alfombra las pancartas y las ratas.