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4 Opinión VIERNES 2 9 2005 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: IGNACIO CAMACHO Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil JARDINES Y PARQUES A especial habilidad del Gobierno para enfangarse en conflictos parece no tener fin. El último jardín en el que se ha metido la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, es el de los parques nacionales, cuyo coste económico ha abierto una agria disputa entre Comunidades y la Administración central. Las autonomías- -que tras la sentencia del Constitucional asumirán en 2006 la gestión de estos espacios- -silban o reclaman justicia, según les toque en un reparto que no atenderá a criterios como el de la extensión, la diversidad biológica o el número de visitantes o habitantes, sino el compromiso de gasto real adquirido en 2004, año tomado de referencia para establecer el cálculo. Más lógico y justo habría sido sacar la media de los últimos ejercicios para evitar agravios injustificados. Éramos pocos y... L ESTATUT FUERA DE GUIÓN L Gobierno socialista anda últimamente de revelación en revelación, topándose con una realidad bien distinta de la que aparecía en su discurso oficial y que, de forma notoria, le está produciendo un creciente desconcierto. Entre los descubrimientos más recientes destaca la alta probabilidad de que el proyecto de Estatuto que prepara el tripartito catalán sea así íntegramente inconstitucional, a pesar de que el proceso de reformas estatutarias fue puesto de largo como el cauce para superar definitivamente la tensión territorial acumulada durante los gobiernos de Aznar. Este veredicto de inconstitucionalidad sobre el proyecto del tripartito es la opinión de una serie de expertos juristas cuyos informes, encargados por el Ministerio de Administraciones Públicas, salieron oportunamente a la luz al día siguiente de que Maragall insistiera en que Cataluña es una nación, y España, un Estado federal. También el Consejo Consultivo catalán ha anticipado su opinión de que el modelo de financiación y de organización tributaria propuesto por el tripartito choca con la Constitución, lo que, de forma indirecta, es un aviso a la entente nacionalista de convergentes con los republicanos de Esquerra. El criterio de estos dictámenes de encargo se corresponde, sin forzar en absoluto las comparaciones, con la opinión de otros muchos juristas y de la posición inicial del PP acerca de la inconstitucionalidad radical de un texto estatutario que se basa en el reconocimiento de Cataluña como nación y en la instauración de un sistema político de nueva planta que le dice al Estado qué competencias conserva y cuáles pierde. Pese a la aparente sorpresa por la valoración jurídico- constitucional hecha por los expertos del Ministerio que dirige Jordi Sevilla, no era posible otro tipo de conclusiones ante un texto cuya finalidad última es la modificación de la Constitución. Se ratifica así la razón que tenían quienes denunciaron que esta reforma estatutaria era una revisión constitucional encubierta, no mucho peor en el fondo que la pretendida, más burdamente, por el revivido plan Ibarretxe, con la diferencia sustancial de que en el proyecto catalán es el Partido Socialista el que ha asumido el liderazgo de esta iniciativa inconstitucional. E Advertido el Gobierno desde sus propias filas de que el proyecto del tripartito es inconstitucional, y vista la crisis interna en la clase política catalana, por un lado, y dentro del PSOE, por otro, debería emitirse desde el Ejecutivo algún pronunciamiento más severo sobre la cuestión que la simple orden de mandar callar a todo el mundo, aunque implique una fricción con el tripartito catalán. En todo caso no será fácil para La Moncloa prevenir mayores males, pues Maragall siempre ha contado con el refrendo explícito de Rodríguez Zapatero, quien antes que presentarse como víctima de las tentaciones rupturistas del PSC y sus socios debería asumir su responsabilidad por haber dado alas a un proyecto político que, participado en origen y desarrollo por Esquerra Republicana de Catalunya, no podía tener ninguna garantía de constitucional y solidario. Por eso, la decisión del PSOE de que Rodríguez Zapatero tome las riendas de las reformas estatutarias suena a juego de palabras para aparentar que lo sucedido hasta ahora es ajeno a la voluntad presidencial y que su irrupción en el debate estatutario tiene una vocación reparadora. Nada más lejos de la realidad que presentar a Rodríguez Zapatero como víctima de la voracidad de ERC o de la política de Maragall. Tampoco sería sensato por parte socialista poner en marcha una estrategia de distracción que implicara en sus errores a quienes nada tienen que ver con ellos. Sin embargo, hay indicios de que éste es el propósito, por ejemplo, en relación con el proyecto de reforma del Estatuto valenciano, contra el que algunos portavoces socialistas han empezado a lanzar reproches de inconstitucionalidad más por deseo de dar cobertura a un futuro rechazo al texto del tripartito catalán que por un juicio técnico ecuánime y basado en el rigor del análisis constitucional. Tal y como está la situación, no se puede descartar nada, porque el capital invertido por Rodríguez Zapatero en Pasqual Maragall es muy alto y, aunque en política es habitual soltar lastre para evitar la caída, esta vez no será suficiente una huida hacia adelante para explicar a la opinión pública el porqué de tantas diferencias entre lo prometido por el Gobierno- -algo así como el guión de la felicidad y la virtud cívicas- -y la realidad de cada día. Cristina Narbona SIGEFREDO CONTACTOS ERÁ por casualidad, pero a medida que se acerca el día en que Ibarretxe viaje a Madrid a entrevistarse con Zapatero, se intensifican los contactos para desbloquear el conflicto del Cupo vasco, la liquidación de los gastos derivados de los efectos del Prestige y la financiación de la ampliación de la Ertzaintza. Será por casualidad, pero en vísperas del encuentro los puentes de diálogo parecen más firmes que nunca y todo apunta a que, de aquí al miércoles, las cosas pueden ir mejorando... para Ibarretxe y el PNV, que ayer pidieron sin recato el acercamiento de los presos etarras. Será por casualidad, pero tanto avance en los últimos días tal vez tenga algo que ver con el apoyo que el PNV puede prestarle al Gobierno apoyando los presupuestos generales del Estado. S SALVAR LA FOTO DE FAMILIA O había ningún as bajo la manga. La receta gubernamental para paliar el déficit de la sanidad pública incurre en contradicciones notorias: subida de impuestos, alteración de las cuentas públicas y traslado de la responsabilidad a los entes territoriales. No es exagerado hablar de improvisación y oportunismo. Ayer se presentaba la oferta a bombo y platillo y ahora se convoca a toda prisa a los diversos órganos preparatorios de la decisión final, con objeto de llegar a tiempo a la conferencia de presidentes del próximo día 10. Parece que se trata de salvar a toda costa la foto de familia -aunque sea una familia mal avenida- -en este momento singularmente delicado del debate territorial. Las medidas propuestas dejan mucho que desear en el plano político y económico. Subir los impuestos especiales sobre el alcohol y el tabaco, con el señuelo de ofrecer a las comunidades autónomas una mayor capacidad normativa, resulta un ejercicio de doble moral, pues no se trata de disuadir al consumidor, sino de un mero ejercicio recaudatorio. Va a subir la gasolina (ahora que el precio del petróleo alcanza máximos históricos) y también el recibo de la luz, por causa de los eventuales recargos en los impuestos N correspondientes. No es precisamente una medida original: se trata, en último término, de generalizar el céntimo sanitario denigrado por los socialistas desde la oposición y presentado ahora desde el Gobierno como la panacea de todos los males. La gestión de la sanidad en nuestro estado autonómico es competencia de las comunidades autónomas. Por ello, las medidas racionalizadoras que acompañan a la propuesta del Gobierno no pasan de ser un catálogo debuenas intenciones. Algunas recomendaciones y medidas promocionales y preventivas son de puro sentido común, pero no bastan por sí solas para sostener unos servicios básicos que la ministra Elena Salgado calificaba ayer como uno de los más amplios de Europa Se confirma, por tanto, que el Ejecutivo actúa- -también en este asunto- -con una visión a corto plazo, que pretende salir del paso con nuevas dosis de talante pero con pocos argumentos sólidos. El tema de la financiación sanitaria es, sin duda, muy relevante, pero no puede ni debe ocultar el debate de hondo calado sobre el modelo territorial, en el cual el Gobierno pretende contentar a todos en un ejercicio imposible de malabarismo político. NO BAJAR LA GUARDIA A fría estadística revela que 314 personas se dejaron la vida en las carreteras españolas durante el pasado agosto, cuarenta menos que en el mismo mes del año anterior. El descenso de víctimas (657 entre julio y agosto frente a las 709 del mismo periodo de 2004) invita a la esperanza, pero obliga, más que nunca, a la cautela y a intensificar las medidas orientadas a evitar esta tragedia diaria. Los datos oficiales que se harán hoy públicos marcan una tendencia positiva que debería servir de acicate para, lejos de bajar la guardia y caer en el fatalismo, continuar por un camino que, aunque complejo y sinuoso, parece dar resultados. L