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50 JUEVES 1 9 2005 ABC Cultura y espectáculos Muere Antoni Clavé, uno de los artistas españoles de mayor proyección internacional Pintor y escultor, tenía noventa y dos años y vivía exiliado en Francia desde la guerra civil b Representante de la abstracción, su exilio motivó que el reconocimiento en España de la importancia de su obra fuera demasiado tardío MIGUEL CERECEDA MADRID. Antoni Clavé (Barcelona, 1913- Saint Tropez, 2005) es otro caso más de artista español exiliado a consecuencia de la Guerra Civil que sólo de un modo tardío alcanza un cierto reconocimiento de la importancia de su obra en España, gracias a su éxito en el extranjero. Es también el caso de Eugenio Granell, Ramón Gaya o Esteban Vicente. A diferencia de ellos, Clavé no tiene en España todavía ninguna fundación que reivindique o administre su legado. Fue sobre todo a partir de la gran exposición retrospectiva que, en el año 1978, le dedicara el Museo de Arte Moderno de la Villa de París, cuando el artista empezó a ser reconocido también en España. Sólo entonces, y sobre todo en Cataluña, a través de la galería Joan Gaspar y de las dos exposiciones organizadas en Barcelona en 1989 y 1990 en el Palau de la Virreina y en el Palau Robert, su obra ha empezado a tener cierto prestigio público también en España. Clavé comenzó su andadura artística con trece años, en la Escuela de Bellas Artes de Barcelona, asistiendo a los talleres del escultor Ángel Ferrant y del pintor José Mongrell, con los que adquirió el conocimiento y la técnica suficiente como para dedicarse al grabado, a la ilustración publicitaria y al cartelismo cinematográfico, de los que vivió hasta la Guerra Civil, durante la cual se alistó en el ejército de la República. Acabada la guerra, pasó algún tiempo en un campo de concentración hasta que se trasladó a París, donde en 1941 montó su primer estudio en Montparnasse. Antoni Clavé, trabajando en su estudio El París de la posguerra era un hervidero de exiliados republicanos y emigrados españoles, y si allí vivían todavía los artistas españoles de la Primera Vanguardia, desde Julio González, Pablo Gargallo, Juan Gris, María Blanchard, Salvador Dalí, Joan Miró y Pablo Picasso, pronto se les unieron un grupo de jóvenes refugiados que pasarían a constituir lo que luego se denominó la Escuela de París. Julián Gállego gustaba de distinguir, dentro de la tan debatida escuela por un lado a los artistas arraigados en París y, por otro, a los que él denominaba los temporeros Entre los arraigados se encontraban Luis Fernández, Pancho Cossío, Francisco Bores, Hernando Viñes y Manuel Ángeles Ortiz. Entre los temporeros Palazuelo, Chillida, Sempere, Tàpies, Saura, Feito, etcétera. Sin duda, Clavé perteneció por vocación y por decisión propia al grupo de los primeros, pues nunca quiso retornar a España, porque pensaba que en España no se le hacía demasiado caso. De hecho, a partir de su primera exposición en París en 1949, fue alcanzando poco a poco un reconocimiento y una proyección internacional que le llevarían a exponer en los sucesivos Salones de Otoño parisinos y en galerías de Roma, Ginebra, Estocolmo, Copenhague y Londres. Su abstracción simbólica coincidió de lleno con la gran eclosión internacional de la abstracción europea de los años cincuenta, el tachismo, el Art Autre, el informalismo español y el gran expresionismo abstracto norteamericano, lo que le consagró como uno de los grandes maestros internacionales de la abstracción contemporánea. ABC Influencia de Picasso Como la mayor parte de los exiliados españoles en París, Clavé padeció la influencia de Picasso y, durante los años cuarenta, desarrolló algunas obras de marcada tendencia cubista o con elementos figurativos característicos del poderoso expresionismo picassiano. Sin embargo, pronto se liberó de aquella influencia y encaminó su obra hacia la abstracción- -de la que Picasso abominaba- en la que había de desplegar un lenguaje propio muy característico, de una extraordinaria fuerza expresiva, a base de combinaciones de formas simbólicas, vagamente reconocibles, con violentos contrastes de manchas de color, sobre todo de rojos y negros. Arraigo surrealista Dentro de la abstracción informalista, la obra de Clavé siempre mantuvo, como la del primer Tàpies y la del joven Antonio Saura, un cierto arraigo en la tradición surrealista. A pesar de su fuerza expresionista, sus cuadros siempre mantuvieron un componente vagamente onírico o simbólico, que garantizaba aquella presencia del inconsciente, característica de una pintura automática que había de permitir el pa- so del surrealismo al triunfo del expresionismo abstracto. Aunque la obra de Clavé se ha desarrollado fundamentalmente en el ámbito de la pintura, deben mencionarse sin embargo como importantes sus trabajos en el campo de la escultura y, sobre todo, del grabado. Si las esculturas de Clavé han sido consideradas por Valeriano Bozal como una especie de tótems de una civilización urbana, construidos con despojos y realizadas con materiales poco habituales de la escultura, como el plomo sus grabados, que fueron recogidos en una gran exposición retrospectiva, en el Centro de Estudios Catalanes de París en 1982, hicieron que se le reconociese como uno de los grandes renovadores de la estampación contemporánea. La última gran exposición retrospectiva de Antoni Clavé celebrada en España tuvo lugar en Barcelona en 1996, y en ella se reivindicó la figura de Clavé, junto con la de Antoni Tàpies, como uno de los artistas catalanes y españoles de mayor proyección internacional.