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ABC JUEVES 1 9 2005 43 Sigue sin aparecer el foco de legionela, que se cobra la segunda víctima en Zaragoza Humanos y chimpancés sólo tienen diez veces más diferencias genéticas de las que hay entre dos personas Se han identificado más de medio centenar de genes que están presentes en el hombre, pero no en chimpancés Tarjei Mikkelsen, del Instituto Tecnológico de Massachussetts y uno de los líderes de este consorcio científico, precisa que algunos de esos genes estarían implicados precisamente en el desarrollo de los rasgos más humanos, como el bipedalismo, el desarrollo de un cerebro grande en comparación con el resto del cuerpo y la capacidad para el lenguaje hablado. CARLOS LÓPEZ- OTÍN Catedrático de Bioquímica en la Universidad de Oviedo Ahora sabremos por qué tenemos sida o alzheimer y los chimpancés no El equipo dirigido por el catedrático Carlos López- Otín ha participado en el desciframiento del genoma del chimpancé y en el análisis de sus diferencias con el genoma humano. Conocer en qué nos parecemos nos permite analizar en qué nos diferenciamos afirma. TEXTO: PACHÉ MERAYO Respuesta inmunitaria y Alzheimer Los investigadores ya han constatado la existencia de 585 genes que han evolucionado más rápidamente en nuestra especie que en los chimpancés, como los que protegen contra la malaria y la tuberculosis. Otros son los genes que codifican factores de transcripción, moléculas que regulan la actividad de otros genes y cuya intervención es especialmente relevante durante el desarrollo embrionario. Más significativa ha sido la identificación del más de medio centenar de genes que están presentes en personas, pero que no existen, parcial o totalmente, en los chimpancés. Entre ellos figuran genes humanos implicados en los procesos de inflamación y respuesta inmunitaria. Por el contrario, nuestra especie perdió un gen llamado caspasa 12, que produce una enzima que protegería a los chimpancés contra el Alzheimer. Estas observaciones son sólo la punta del iceberg de lo que observaremos cuando exploremos las raíces genéticas de nuestras diferencias biológicas apunta LaDeana Hillier, de la Universidad de Washington, uno de los principales centros científicos implicados en el desciframiento del genoma del chimpancé. OVIEDO. A sus 43 años, Carlos López- Otín sobresale por su investigación en biología tumoral y sobre los mecanismos de generación de metástasis en el cáncer, además de por estudios sobre otras enfermedades como la artritis. También ha logrado identificar y caracterizar la estructura y funciones de veinticinco nuevas enzimas que se activan en el cáncer. El Consejo Superior de Investigaciones Científicas asegura que su trabajo ha permitido conocer datos claves sobre el origen de las enfermedades cancerígenas. Contribuyó a la identificación de numerosos genes y colaboró en la secuenciación del genoma, una tarea en la que la presencia de no estadounidenses era testimonial. También par- ticipó en la secuenciación del genoma de la rata. -Hoy sus investigaciones vuelven a aparecer en la portada de Nature ¿que siente? -Una satisfacción plena, porque culmina un trabajo cuyas consecuencias pueden ser muy importantes. -Se esperaba un gran parecido entre el chimpancé y el ser humano. ¿Son las diferencias más importantes que las similitudes? -Una cosa lleva a la otra. Conocer en qué nos parecemos, fisiológica y morfológicamente, nos permite analizar en qué nos diferenciamos y por qué esa morfología y fisiología del chimpancé es distinta a la nuestra. ¿Qué aplicaciones prácticas pue- de tener ese conocimiento? -El objetivo es, precisamente, lograr aplicaciones prácticas médicas, que serán de vital importancia para el futuro. Tener esta información significará saber qué nos hace susceptibles a determinadas enfermedades. Ahora sabremos por qué tenemos sida o alzheimer y los chimpancés no. -Sin embargo, en el cáncer usted ha dicho que es daño genético heredado en una mínima parte, que las posibilidades mayores de desarrollarlo son externas. -Es cierto. Sólo el cinco, el seis o el siete por ciento de los casos es una herencia de nuestros progenitores. El resto lo provocan agentes externos como el tabaco e, incluso, el azar. Sabemos que la mayor longevidad del hombre es una de las causas de la extensión del cáncer, pero también que muchos tumores se curan y que otros no. Por eso hay que buscar alternativas, como la biología molecular. Mil genes analizados La aportación del grupo español, del que forman parte Xose S. Puente y Gloria Velasco, consistió fundamentalmente en el análisis detallado de mil genes seleccionados por su relevancia en enfermedades humanas y, fundamentalmente, en el cáncer. En este grupo de genes, el equipo español detectó siete que son diferenciales entre ambas especies, todos ellos relacionados con procesos reproductivos o con estrategias de defensa inmunológica. Entre ellos, hay algunos que corresponden a genes funcionales en el chimpancé, pero que se han perdido o inactivado en el genoma humano. ¿Cuánto tiempo de investigación hay detras de las conclusiones que publica Nature -Más de tres años de trabajo, pero a esos debemos sumar todo lo avanzado e investigado en los quince anteriores, y cuyos resultados constituyen una base imprescindible para llegar al punto en el que estamos ahora. -Dicen que el equipo de López Otín no descansa nunca... -Se habla de mí demasiado y no estoy sólo. José Antón Suárez Puente y Gloria Velasco son tan responsables de este trabajo como yo. Y, sí, realmente trabajamos sin descanso. A veces, nos olvidamos de las vacaciones. Carlos López- Otín El cromosoma Y, intacto en humanos, se degrada en chimpancés La evolución del cromosoma sexual masculino Y ha sido muy diferente en humanos y chimpancés desde hace seis millones de años, cuando vivió el último ancestro común directo de ambas especies. Mientras que el cromosoma Y ha mantenido intactos sus genes en Homo sapiens esos mismos genes han sufrido en el chimpancé frecuentes mutaciones y muchos de ellos ya no son funcionales o se han perdido. El profesor David Page, del Instituto de Investigación Whitehead, señala en uno de los estudios que acompañan la publicación de la secuencia del genoma del chimpancé que la degradación del cromosoma Y en los chimpancés se debería al comportamiento sexual de esos primates. Según postula David Page, el hecho de que las hembras y los machos tengan múltiples contactos sexuales con muchas parejas durante la fase reproductiva induce una fuerte presión selectiva sobre los genes que están directamente implicados en la producción de esperma. Estos son especialmente importantes para los machos, que compiten entre sí para fecundar a las promiscuas hembras, lo que les obliga a producir una gran cantidad de espermatozoides. Por ese motivo, la selección natural protege esos genes, pero deja expuestos a los genes del cromosoma Y que nada tienen que ver con la reproducción. En los seres humanos, especie que históricamente ha sido monógama, el cromosoma Y se ha visto libre de ese desequilibrio evolutivo y por ese motivo se mantiene intacto.