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ABC JUEVES 1 9 2005 Madrid 35 Las tiendas de todo a cien se triplican en cinco años y ya alcanzan las 623 El Ayuntamiento abre una inspección exhaustiva de todos estos comercios b Los locales en los que se detec- MADRID AL DÍA CATÁSTROFES IGNACIO RUIZ QUINTANO ten irregularidades tendrán diez días para subsanarlas. En caso contrario, además de la sanción, se les incautará la mercancía ÁNGEL GARCÍA MORENO MADRID. Nacieron antes de la introducción del euro con el nombre de todo a cien en referencia a la moneda de veinte duros. Hoy, aunque popularmente se les sigue conociendo con este nombre, han tomado diversas denominaciones: bazares, todo a un euro, dos, tres, etc. hiperalmacenes, etc. Su crecimiento en los últimos años ha sido espectacular y todos los barrios de la capital, incluso de las ciudades de la región, cuentan con uno o varios de estos establecimientos. En muchos casos, junto a la venta de diversos productos de papelería, droguería, regalos, etc. se están vendiendo también productos alimenticios. La mayoría son propiedad o están regentados por orientales, en concreto ciudadanos chinos. El Ayuntamiento de Madrid, a través de la Dirección general de Comercio y Consumo del Área de Gobierno de Economía y en colaboración con las juntas municipales de distrito, ha decido emprender este mes una campaña de inspección sobre estos locales. En concreto, los inspectores visitarán un total de 623 establecimientos de este tipo, que son los que hasta el momento tiene censados como tales, según ha sabido ABC en fuentes municipales. Las tiendas de precio único han pasado a formar parte de la geografía urbanaSIGEFREDO Los inspectores municipales van a controlar desde la calidad del producto a las normas de etiquetado se publicita la admisión de pago con tarjetas, éste se pueda realizar, etc. Por lo que se refiere al etiquetado de los productos, se vigilará que, en el caso de que el país de procedencia no pertenezca a la OMC, se especifique la nación de procedencia. Además, debe incluir el nombre del productor o fabricante y el importador en su caso. Segunda campaña Es la segunda campaña de inspección que realiza el Ayuntamiento de Madrid de este tipo. La primera tuvo lugar en 2000 y fueron inspeccionados un total de 196 establecimientos que había en ese año, los que tenía constancia de ellos. Esto supone que en sólo cinco años el número de este tipo de comercios se ha triplicado. La campaña de inspección, que durará unos tres meses, se va a centrar fundamentalmente en los productos de decoración, mobiliario, prendas textiles, decoración, juguetería, material de papelería, etc. así como en las características y normativa del local. Desde este punto de vista, se va a investigar que el comercio cuente con licencia de apertura, esté dado de alta en el Impuesto de Actividades Económicas (IAE) y las condiciones de almacenamiento de los productos para que no provoquen situación de peligrosidad etc. En relación con los derechos de los consumidores, uno de los aspectos que también será objeto de inspección será la existencia de hojas de reclamaciones, la posibilidad de expedición de facturas, el horario de atención al público, el derecho a las devoluciones, que si También debe constar la composición y características del producto y cuándo fue fabricado. Un aspecto en el que se pondrá especial atención es el caso de los juguetes, donde la reglamentación es muy estricta y obliga a especificar si el que se vende es para menores o mayores de tres años. En el caso de irregularidades el comerciante tendrá un plazo de 10 días para solventar el problema del producto que queda bajo la intervención cautelar. Si al término de ese plazo de tiempo no se ha solucionado el problema, la mercancía será incautada, además de recibir el comerciante la correspondiente sanción. Casi el 35 por ciento de los locales visitados incumplía alguna norma En el año 2000, el Ayuntamiento de Madrid emprendió la primera campaña de inspección de los llamados establecimientos de todo a cien Del total de los 196 comercios inspeccionados, un 34,1 por ciento incumplía algún tipo de normativa en su actividad o sobre los productos que vendía. La irregularidad detectada más numerosa fue la de no tener la documentación de origen del producto. En concreto, ocurría en un 64 por ciento de los locales inspeccionados. De este porcentaje, la mayoría la presentaron posteriormente pero un 28 por ciento no la entregó. Otra de las irregularidades más frecuentes era la de no admitir tarjetas de crédito para el pago de las mercancías, a pesar de que en el establecimiento se publicitaba que sí se admitían. En concreto, esto ocurrió, según los datos municipales, en el 30 por ciento de los locales visitados. Otro 11 por ciento no tenía la licencia de actividad municipal y un 15 por ciento no se había dado de alta en el Impuesto de Actividades Económicas. De acuerdo con los mismos datos, el 4,2 por ciento de los establecimientos no exhibían el precio de los artículos y un 7,6 por ciento no tenía hojas de reclamaciones. l volver a Madrid, donde todo sigue igual de menudo- -qué pequeños somos y qué encogidos vamos- cuesta reprimir cierta envidia general que produce el americanísimo espectáculo del Katrina a su paso por la tierra de Bush. ¡Qué diferencia con el tsunami que las navidades pasadas devastó el sureste asiático! exclama un editorialista de progreso, que concluye: Es la cruz de una sociedad que suma tragedias a su pobreza Los progres han visto en la evacuación de Nueva Orleáns la respuesta de una sociedad rica, avanzada y previsora, con capacidad de anticipación Y, acordándose del tsunami, suspiran: ¡Demasiadas diferencias! Ya lo creo. Pero no con Asia, sino con Europa. El americano, decía Camba, que estaba allí de corresponsal, siente la necesidad espiritual de vivir en un ambiente catastrófico: Las catástrofes han hecho tanto como los rascacielos para acreditar de genio de lo formidable al genio del pueblo norteamericano Cuando uno se convence en Europa de que en América hay las catástrofes más grandes del mundo, no está lejos de creer que todo lo demás también lo es, incluido el ciclista más grande del mundo, Armstrong, que tanta rabia da a ese pueblo de funcionarios perezosos que son los franceses. El americano necesita forjarse la ilusión de que es un hombre muy enérgico en un mundo terrible. ¿Cómo no van las autoridades a cultivar con especial esmero cualquier catástrofe que se presente? ¿Qué estímulo sería mejor para desarrollar la energía americana? En Madrid, cuando caen cuatro gotas, los periódicos no ven más que su aspecto literario. Pero en Nueva York, como descubrió Camba, lo único que interesa es el aspecto catastrófico. Leyendo los periódicos americanos uno se imagina que vive en un mundo terrible, lo cual resulta siempre halagador. América viene a ser así como el Gran Guiñol, dedicado a darle emociones fuertes al mundo. Si en el Metro neoyorquino los americanos se dan patadas y codazos unos a otros es para darle a la vida un carácter áspero, desagradable y enérgico, y para plantearla como una lucha. En el Metro madrileño, esas mismas patadas y codazos sólo sirven, en cambio, para transmitir el cabreo que se lleva porque se han acabado las vacaciones. A