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22 Internacional EL ZARPAZO DEL KATRINA NUEVA ORLEÁNS, TRAGADA POR LAS AGUAS JUEVES 1 9 2005 ABC Un barrio residencial de la ciudad, anegado por las aguas tras el paso del huracán Los testimonios de los supervivientes hace temer que cientos de cadáveres hayan quedado atrapados en las casas, mientras los equipos de rescate se ocupan aún sólo de los vivos Nuestro tsunami MERCEDES GALLEGO. CORRESPONSAL MOBILE (ALABAMA) Han vencido a la muerte aferrándose con todas sus fuerzas a un hilo de vida, colgados de la copa de un árbol, de pie sobre el tejado, o enredados en una farola. De puro milagro. Se podría decir que han vuelto a nacer. Pero cuando llegan a la estación de recuperación instalada en medio de la autopista interestatal 610, cortada al tráfico por la destrucción que ha sembrado el huracán Katrina no parecen tener nada que celebrar. El asfalto del perímetro que rodea Nueva Orleáns se ha convertido en una especie de cementerio al que van a morir los elefantes. Más que supervivientes, parecen muertes vivientes. No les queda nada. Han perdido sus casas, sus coches, sus documentos y todas sus memorias, desde álbumes de fotos hasta las reliquias de un pasado glorioso. Algunos se echan a andar ca- rretera adelante hasta donde les lleguen las fuerzas, conscientes de que en los próximos meses la ciudad será un infierno de carácter épico para los que se queden. Las pestilentes aguas que han sacado a la superficie toda la putrefacción de las cloacas urbanas se han aliado ya con el calor húmedo de los pantanos para desatar un infierno de epidemias, mosquitos y serpientes arrastrados por la corriente. Una superviviente junto al cadáver de su marido envuelto en una sábana ble de un helicóptero o surcando las calles en lancha. Su última imagen es como la de la orquesta del Titanic tocando los violines mientras el orgulloso crucero británico se hundía en las heladas aguas del Atlántico Norte. Sólo que esta vez su madre, una mujer de 95 años, no desafió con dignidad una muerte inevitable, sino que se rindió a ella tras ver cómo las aguas engullían todo lo que podía dar fe de lo que había sido. La anciana se sentó en los escalones del ático y dejó de luchar. Sé que la razón por la que mi madre decidió que hasta ahí había llegado fue ver su gran AP Historias de náufragos La muestra de los cadáveres que saldrán a la superficie cuando retrocedan las aguas del Misisipi es que cada refugiado trae consigo una escalofriante historia de supervivencia, en la que ha tenido que dejar atrás a alguien flotando para siempre. Judith Martin es una de esos 1.200 afortunados que las patrullas costeras o la Guardia Nacional han rescatado del agua colgados del ca- piano Stainway hundirse bajo el agua recordaba Judith, aún transtornada, ante un periodista del diario Usa Today. Yo intentaba subirla por las escaleras, pero ella no empujaba con las piernas El nivel del agua subía rápidamente y su única vía de escape era la ventana del ático. Dejó el cadáver de su madre flotando en el baño y nadó más de cien metros hasta la calle General Díaz, en la que fue rescatada. Equipos de emergencia Los equipos de emergencias llegaban armados de hachas, palancas y sierras mecánicas para derribar puertas y ventanas inutilizadas por la enorme presión del agua. El trabajo por hacer era digno de Hércules. Frank Mills vivía hasta el lunes en una pensión del barrio North Ward, situado en una de esas zonas bajo el nivel del mar que Nueva Orleáns creía haberle arrebatado a la naturaleza indómita desde los años 20. El lunes se acostó creyéndose a salvo, muchas horas después de que el ojo del huracán hubiera esquivado la ciudad por los pelos. Al poner los pies en el suelo a la mañana siguiente le llegaba el agua hasta las rodillas. Salió al pasillo y vio otros huéspedes de edad que buscaban asustados una salida. Corrimos hacia el tejado mientras se nos echaba el agua encima. Dos de ellos no llegaron. A un tercero se lo llevó la corriente. Le vi parado en la cornisa recuperando el aliento y al minuto siguiente pasó flotando por delante Cualquiera que observe de cerca la Socorristas voluntarios rescatan a una familia subida a su camioneta al paso del ciclón por la autovía US 90 AP