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ABC JUEVES 1 9 2005 21 Schröder arremete contra Merkel, pero no consigue dar un vuelco a la campaña electoral alemana Mario Soares vuelve a ser candidato por los socialistas portugueses a las elecciones presidenciales Las avalanchas más mortíferas Nepal. Marzo de 1988. Una tempestad en un partido de fútbol provoca una ola de pánico en la que mueren más de cien personas. Arabia Saudí. Julio de 1990. Una estampida en un túnel junto a La Meca, provocada por un desperfecto en el sistema de ventilación, causa la muerte de 1.426 peregrinos. Arabia Saudí. Mayo de 1994. 270 peregrinos mueren en una avalancha durante el ritual de la lapidación de Satán en Mina, cerca de La Meca. Arabia Saudí. Abril de 1998. Más de 118 peregrinos mueren en Mina. Arabia Saudí. Febrero de 2004. 251 fieles mueren en Mina. India. Enero de 2005. 257 peregrinos mueren en Bombay. El ministro de Sanidad afirma que 25 personas murieron envenenadas, aunque tal vez se trate de un bulo más El ambiente era propicio al pánico porque antes ya hubo varios ataques contra peregrinos chiíes chiíes en estas multitudinarias peregrinaciones. Ayer, poco antes de la mortal estampida, un ataque con granadas de mortero reivindicado por Al Qaida provocó la muerte de siete personas junto a la mezquita de Kadimiya, hacia la que se dirigían los peregrinos. Milicianos y policías que se encontraban al pie del puente se lanzaron al Tigris para rescatar a supervivientes y recoger cadáveres. Después explicaron cómo buena parte de los muertos eran niños, perdidos en el caos, y mujeres a quienes sus tradicionales mantos negros abayas les impedían desenvolverse con libertad de movimientos. El puente Aima, en el que ocurrió la mortal estampida, une el barrio chií de Kadimiya con el suní de Adamiya, que tiene además fama de ser un bastión de simpatizantes de Sadam y de la insurgencia. Esta circunstancia suscitó ayer todo tipo de rumores propicios a provocar pánico. En este sentido, no está claro si hubo 25 casos reales de envenenamiento, tal y como afirmó el ministro de Sanidad, Abdul Mutalib, próximo al clérigo Moqtada, o si se trató de un rumor más esparcido ayer. El caso es que numerosos milicianos pedían a los peregrinos que no probasen la comida a su paso por Adamiya. Un enfermero traslada el cuerpo de uno de los niños muertos ayer EPA El ministro de Sanidad acusa a los titulares de Interior y Defensa BAGDAD. El presidente iraquí, el kurdo Yalal Talabani, responsabilizó a Al Qaida de la tragedia porque, antes de que ocurriera la mortal estampida, se produjo un ataque con granadas de mortero contra la mezquita de Kadimiya. En el mismo sentido se pronunciaron otros altos responsables, como el influyente asesor de seguridad, el chií Mowafaq al- Rubaie. Incluso el ministro de Exteriores británico, Jack Straw, en una declaración realizada como Presidencia de la UE, responsabilizó a Al Qaida de la tragedia, también a partir del previo ataque contra la mezquita. El secretario general de la OTAN, el holandés De Hoop Scheffer, apuntó en el mismo sentido. El cruce de reproches y acusaciones entre las diferentes facciones iraquíes tampoco se hizo esperar. El ministro de Sanidad, Abdul Mutalib Alí, próximo al clérigo Moqtada al- Sadr, exigió de inmediato la dimisión del titular de Interior, Bayan Baquer Sulagh, del partido chií rival Consejo Supremo para la Revolución Islámica, y del ministro de Defensa, el suní Saadun al- Dulaimi, a quienes hizo responsables de lo ocurrido. Tanto el titular de Interior como el de Defensa se pasaron la pelota el uno al otro, y sólo coincidieron en señalar que fue un terrorista el que comenzó a gritar que había un suicida con un cinturón de explosivos. Supervivientes y testigos insistieron en que la tragedia se agravó por el bloqueo provocado por las fuerzas del orden y los puestos de control. Al Qaida se apresuró a reivindicar el atentado con morteros contra la mezquita. Todos los grupos suníes expresaron sus condolencias por lo ocurrido. El portavoz de la influyente Asociación de Ulemas afirmó a la televisión Al Yasira que lo sucedido fue otra catástrofe, una más de la interminable lista de continuas tragedias iraquíes No es de extrañar, sin embargo, que este suceso contribuya a empeorar las ya muy tensas y deterioradas relaciones entre suníes y chiíes, que tienden a recluirse en sus propios barrios y a mantener los menos contactos posibles con sus vecinos. De hecho, el paso de peregrinos por el barrio suní de Adamiya estuvo marcado por una gran tensión, acrecentada después de la avalancha. Imán Musa al- Kadhim Los cientos de miles de fieles que ayer marchaban hacia la mezquita de Kadimiya iban a conmemorar la muerte, en el año 799, del imán Musa al- Kadhim, uno de los doce imanes chiíes más reverenciados, de quien se cuenta que murió envenenado durante el califato de Harum al- Rashid. El imán yace enterrado en la mezquita de Kadimiya, uno de los principales lugares de culto chiíes en la capital de Irak, en un barrio también chií aunque su población esté emparentada con la suní de Adamiya. Esta tragedia ha ocurrido en un momento de gran tensión entre las comunidades suní y chií, después de que los primeros rechazasen el proyecto de Constitución que será sometido a referéndum en octubre por el temor a que ésta provoque la ruptura del país. Han sido, además, numerosos los atentados cometidos en estos últimos años para provocar matanzas de ciudadanos chiíes. Durante las últimas semanas también se han llevado a cabo algunos asesinatos en masa de suníes. Tal fue el caso de los 37 cadáveres encontrados el pasado fin de semana junto a un río al sur de Bagdad, que al principio se creía que eran policías chiíes, pero que a la postre eran civiles suníes maniatados y con un tiro en la cabeza. Numerosos puestos de control Numerosos bagdadíes criticaron los bloqueos en los accesos a la mezquita provocados por policías, soldados y milicianos que vigilaban los puestos de control en los que eran registrados los peregrinos, que resultaban imprescindibles tras los pasados atentados cometidos contra concentraciones chiíes. Parece claro que la peregrinación de ayer tuvo lugar en el habitual ambiente caótico de este tipo de celebraciones, sin que las fuerzas del orden organizasen la afluencia de peregrinos.