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6 Opinión JUEVES 1 9 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA WILLIAM KRISTOL DIRECTOR DE THE WEEKLY STANDARD DESVERGÜENZA POLÍTICA BSCENO. Ese es el calificativo que, desde la moderación, merece el renovado proyecto político con el que abre curso Juan José Ibarretxe. El líder de la derecha soberanista vasca, siempre seducido por la contemplación de la izquierda terrorista e independentista, quiere iniciar una ronda de conversaciones- -discretas, por supuesto- -con los partidos de su ámbito de actuación y, según sus propias declaraciones, estará entre ellos la ilegalizada Batasuna porque es necesario superar la cultura del enfrentamiento para abrazar la del entendimiento La provocación del lendakari no es nueva, surge cada vez que se le acaba el repertorio democrático M. MARTÍN de su corto catálogo políFERRAND tico. En esta ocasión, por razones de oportunidad, resulta totalmente intolerable y merece la reprobación de los próximos, la repulsa de sus vecinos parlamentarios en Vitoria e, incluso, con los trámites que son de reglamento, la actuación del fiscal. Ya han sonado, como marca la costumbre- ¿la rutina? voces que denuncian la provocación de Ibarretxe por parte de María San Gil, presidenta del PP en el País Vasco, y de Rodolfo Ares, el coordinador del PSE- EE; pero no resulta suficiente. En función de nuestro ordenamiento constitucional, bien matizado por el estatutario, el País Vasco es una parte notable de España, y el presidente de su Ejecutivo es el máximo representante en el territorio del mismísimo Estado. ¿Cabe en la razón que, en una torpe pirueta, el Estado se disponga a conversar, con cuanta discreción se quiera, con una fuerza política ilegalizada por ser, precisamente, la expresión política del terrorismo de ETA? Por españoles, tenemos el ánimo muy hecho al despropósito. Aún así lo de Ibarretxe resulta ya tremendamente fatigoso. Se le puede llegar a comprender cuando, en los procesos electorales, trata de buscar notas diferenciales y, víctima de su propia formación- -lo de Sabino Arana es un esperpento, no una doctrina- hable de Euskadi como si se tratara de Dinamarca y de España, de la que contento o disgustado forma parte, como algo distinto y próximo al África central; pero ahora, en el arranque de un curso nuevo, es ya la provocación como sistema. Un Estado solvente, respetuoso de sí mismo, no puede tolerar que sus dirigentes invoquen la ilegalidad y el terrorismo. Eso lo hace magistralmente Josep Lluís CarodRovira, pero tiene la habilidad de haber dejado para otros la función institucional y haber quedado, libre como un pájaro, para la excentricidad provocadora y la formulación ligera de las extorsiones que remedian la escasez de su partido. Ibarretxe es, antes que un notable del PNV, la máxima autoridad del País Vasco y, en consecuencia, en su propio beneficio político y en el respeto de lo que representa, no puede permitirse frivolidades como darle de comer a los buitres en la palma de la mano. Ni tan siquiera es ecológico. O LA PRESIDENCIA DE LA GUERRA Tras las declaraciones de Bush en Idaho, para el autor ha quedado claro que el presidente de EE. UU. quiere eliminar el vínculo entre la política de guerra y las elecciones de 2006. El Congreso podrá protestar, pero Bush no va a permitir que la política exterior se guíe por esas quejas D URANTE las últimas décadas, los terroristas llegaron a creer que si atacaban con dureza a Estados Unidos, como en Líbano y Somalia, EE. UU. se retiraría y se echaría atrás... Así que ahora están intentando quebrantar nuestra voluntad con actos de violencia... Su objetivo es forzar nuestra retirada... Resistiremos la ofensiva. Remataremos el trabajo en Afganistán e Irak. Una retirada inmediata... sólo envalentonaría a los terroristas y crearía un escenario para lanzar más ataques contra Estados Unidos y los países libres. Mientras yo sea presidente, nos quedaremos, lucharemos y ganaremos la guerra contra el terrorismo -George W. Bush en un discurso a los soldados de la Guardia Nacional y sus familias en Nampa, Idaho, 24 de agosto de 2005. Había que pronunciar estas palabras. En vista de las contradictorias noticias que llegan de Irak y las señales encontradas de la Administración, algunos partidarios y subordinados del presidente se muestran vacilantes. Han negado que la guerra contra el terrorismo sea una guerra, o que Irak sea esencial para ella. Han rebajado la definición de éxito en Irak y, ya puestos, de la victoria en la guerra contra el terrorismo en general. Por suerte, el presidente dejó claro la semana pasada que no está por la labor de aceptar ese derrotismo. No busca salidas. Otros sí que quieren buscarlas. El estratega republicano Grover Norquist, por ejemplo, declaraba recientemente a The New York Times: Si Irak está en el espejo retrovisor en las elecciones de 2006, a los republicanos les irá bien. Pero si todavía sigue en el parabrisas, habrá problemas Norquist reflejaba la gran inquietud del Partido Republicano en el Congreso con respecto a la guerra y sus implicaciones para 2006. Pero, ¿sería realmente posible situar la guerra de Irak en el espejo retrovisor para otoño de 2006 aunque iniciáramos la retirada ahora? En cualquier caso, lo que hizo Bush en Idaho fue eliminar el vínculo entre la política de guerra y las elecciones de 2006. Dejó claro que su horizonte temporal es 2008. El Congreso podrá preocuparse y protestar, pero Bush no va a permitir que la política exterior de EE. UU. se guíe por esas preocupaciones y quejas. Mientras tanto, el estimable columnista George Will proclamaba también la semana pasada que las esperanzas que alberga Estados Unidos respecto a una democracia en Irak son ilusiones y que deberíamos tener cuidado de no rebasar más nuestros límites En concreto, señaló la insinuación realizada en The Weekly Standard hace unos siete mesesde que nos planteamos bombardear instalaciones militares de Siria y u ocupar algunas de sus ciudades fronterizas para impedir que los terroristas utilicen el país como un santuario desde el que entrar en Irak para matar a estadounidenses e iraquíes. No. Will dijo: Las fuerzas estadounidenses ya tienen suficientes misiones de bombardeo y ocupación ¿De veras? De ocupación, puede, pero ¿de bombardeo? ¿Tienen nuestras Fuerzas Aéreas demasiadas obligaciones en estos momentos? ¿Somos tan débiles que no podemos di-