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ABC MIÉRCOLES 31 8 2005 Los Veranos 87 Festival Antonio Mairena Concierto en Colombia Menese alza su lucha mairenista contra los que niegan el flamenco El cantaor José Menese aseguró ayer que su lucha por el mairenismo corriente extendida por la geografía flamenca que se centra en el cante, se dirige a personajes que pelean contra un mundo real, puro y fresco En el contexto de los actos que este año conmemoran el XLIV Festival de Cante Jondo Antonio Mairena, el cantaor reiteró que, de Despeñaperros para arriba lucha contra quienes niegan el flamenco. Serrat abre hoy el primer encuentro Barcelona- Medellín Joan Manuel Serrat inaugura hoy con un concierto el primer encuentro entre Barcelona y Medellín (Colombia) que incluye una nutrida programación para el mes de septiembre. Acompañado de su guitarra y el piano de Ricard Miralles, el catalán estrena el hermanamiento entre ambas ciudades, nacido con la pretensión de intercambiar formas de vida. Medellín corresponderá la visita en 2006 con la toma de Barcelona. Princesas o el sueño inalcanzable de dos prostitutas Fernando León de Aranoa regresa, después de la multipremiada Los lunes al sol dando una nueva vuelta de tuerca a los sentimientos. En Princesas que se estrena el próximo viernes, el director y guionista se adentra por primera vez en el universo femenino a través de la historia de dos prostitutas- -interpretadas por Candela Peña y Micaela Nevárez, en la imagen junto al director- León de Aranoa retrata su cara menos conocida, sus dramas, sus sueños inalcazables, su soledad, su ternura... Pero también temas tan candentes como la situación de las inmigrantes en nuestro país y el rechazo mostrado por sus compañeras ante la competencia; los abusos de poder o los malos tratos. La música de Manu Chao sirve de telón de fondo a este drama urbano. EN LA BARRA JULIO BRAVO ¿CRISIS? ¿QUÉ CRISIS? E Fernando León, junto a las actrices Candela Peña y Micaela Nevárez, ayer en Madrid JAVIER PRIETO Quincena musical: Desde Rusia, con amor A. GONZÁLEZ LAPUENTE SAN SEBASTIÁN. Llegó el violinista Maxim Vengerov. Como las grandes estrellas. Creando expectación a su alrededor. Con aficionados tratando de conseguir una imposible entrada de última hora y el Kursaal al completo. O sea como todos los días, pues a la Quincena donostiarra ya se le ha quedado pequeño el auditorio de Moneo. La diferencia ha estado en el ambiente. En el silencio mientras se escuchaba y en el trueno de las toses nerviosas durante las pausas. Ante eso, Vengerov podría creerse un divo. Pero sus maneras crean cercanía. Falsa, porque lo suyo es de allá arriba y el común vive aquí abajo. Ahí está el secreto de que toque con semejante afinación, de esa calidad sonora que es capaz de encoger hasta la nada, de la regularidad eterna de sus trinos, del control de un arco que no se acaba y de una musicalidad muy especial, distinta e intransferible. Su actuación abrió el segundo programa de la Orquesta Nacional de Rusia con Mikhail Pletnev. Gracias a la Quincena, solista y director han actuado juntos por primera vez. Lo han hecho dejando la sensación de un trabajo en común muy maduro. Interpretaron el concierto de Beethoven. Lentamente, alargándolo, casi deletreando la música, con una claridad fantástica y una exactitud insultante. Ya tiene mérito sostener así la obra. Y el caso es que aguan- tó dejando el resquemor de que sólo les durase una eternidad. Por supuesto que la versión tuvo mucho de egocéntrica, pues Vengerov se columpia en sus habilidades. Pero ese es su encanto. Un estilo propio y convincente. Vengerov tiene razones para ser distinto. Los músicos rusos todavía aprenden a sonar de otra manera. Le sucede a Pletnev, como pianista y como director. Siempre fiel a una sobriedad de gesto. Digna de otra época, también de quienes traen el trabajo hecho de casa y no dejan nada al azar. El primer día dirigió un programa Shostakovich, abriendo con el primer concierto para violonchelo. Actuó de solista el joven Georgy Gryunov con una entrega admirable y un alarde de facul- tades realmente sobresaliente. Se dejó sentir la soledad de esta música tan bellamente cantada a media voz, tan arriesgada en su virtuosismo y tan penetrante en el caminar por el registro agudo. Luego la orquesta rusa se reafirmó con la infrecuente novena sinfonía, en un interpretación rotunda, con punto de frialdad y exacta sincronía. Lo mejor para vencer el anacronismo de una partitura que camina por el borde de la vulgaridad. Ya es pena que semejante orquesta le haya dicho adiós a la Quincena aburriendo con algunos fragmentos de La bella durmiente de Chaikovski. Lo suyo no debe ser la gracia. Es igual, de antes venían los tímpanos saturados y la satisfacción colmada. l cierre de agosto, que permite entre otras cosas perder de vista a vecinos inoportunos y glabros, supone también el principio de una nueva temporada teatral. En España, ya se sabe, el teatro vive en permanente crisis, tan visible como las meigas gallegas, a quien nadie ha visto nunca aunque haya común convicción de su existencia. Pero a las gentes del teatro les gusta ese positivo refrán de al mal tiempo, buena cara y cada temporada abren el abanico de los proyectos y buscan superar la cifra de espectadores de la temporada anterior. En Madrid, los musicales van a ser una vez más los principales reclamos de la cartelera, mal que les pese a algunos- -entre los que no se encuentra mi amigo Danny- que abominan de un género que ha sabido conectar con el público, destinatario final de cualquier montaje (esto puede parecer una perogrullada, pero viendo algunas puestas en escena no lo es tanto) Alegra ver, en las producciones que arrancan o arrancarán en las próximas semanas, a nombres ilustres de nuestra escena y últimamente alejados de ella; resulta una satisfacción que varios títulos repitan cartel y regresen por segunda o tercera temporada consecutiva, porque eso significa que han sido un éxito. Ilusiona encontrarse con autores españoles, varios jóvenes, adornando la cartelera. Arriba, pues, el telón. ¿Crisis? ¿Qué crisis?