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6 Opinión MARTES 30 8 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA ANDONI NIETO PRESIDENTE DEL SEPLA (SINDICATO ESPAÑOL DE PILOTOS DE LÍNEAS AÉREAS) DETERMINADAS PERSONAS L final del veraneo lo marca en España la celebración de la junta general de accionistas de El Corte Inglés. Es algo litúrgico porque El Corte es aquí algo más que una red comercial. De hecho, durante mucho tiempo, España se podía dividir, con precisión económica y sociológica, en dos niveles: el territorio con tiendas presididas por Isidoro Álvarez y las zonas, más depauperadas, a las que todavía no llegaba tal presencia. Ahora ya no. Toda España es El Corte Inglés y los españoles compramos, en sus distintas secciones y servicios, dos billones y medio de pesetas al año. No hay nada por estos pagos que suscite tanta unanimidad ni pueda ser tenido por meM. MARTÍN jor símbolo de unidad. FERRAND Así, vueltos a la normalidad, nos encontramos con dos fenómenos políticos que cursan en sesión continua. De una parte, el PP, monopolista de la oposición, prepara para los próximos días una pequeña cumbre de su cúpula directiva para estudiar y dejar sentadas las líneas de actuación para la temporada que arranca. Si el partido que lidera Mariano Rajoy empleara en acción política la mitad de las energías que gasta en reuniones, seminarios, maitines, cónclaves y asambleas de todo ámbito, el PSOE lo tendría crudo; pero esos ejercicios recoletos que concentran al poder popular tienen más de desahogo por lo no conseguido que de trazado de objetivos concretos. Algo más cercano a la psicoterapia de grupo que a la acción política. La otra constante que nos recuerda la normalidad nos la ofrece el ministro de Industria, Turismo y Comercio, José Montilla, al que algunos llaman el logaritmo dado que, como sus tablas, el ministro es de doble entrada: la madrileña, de martes a viernes, en el coro de José Luis Rodríguez Zapatero, y la catalana, de fin de semana, al servicio de Pasqual Maragall o de lo que, políticamente, va quedando de él. Dice Montilla, en su nada pasajera obsesión de fumigar presidentes de empresas privatizadas en tiempos del PP, que si él fuese accionista de alguna de esas empresas no pondría al frente a determinadas personas ¿A quién se refiere el ministro? Aparte de que no es serio eso de amagar y no dar, de señalar con el dedo tembloroso, como dice Baura, sólo quedan en su sitio tres presidentes de empresas privatizadas antes del advenimiento ministerial de Montilla: Francisco González, César Alierta y Manuel Pizarro. Tres magníficos gestores de brillantes trayectorias y calificaciones inmejorables. ¿A cuál de ellos se refiere Montilla con sus determinadas personas ¿A los tres? No es serio ni responsable, desde la responsabilidad gubernamental, esa siembra de dudas en la que no cesa Montilla para debilitar a quienes presiden empresas, ya privadas, de correctísimo funcionamiento. Montilla, para ser coherente, debiera dimitir como ministro y apuntarse a una asociación de consumidores y usuarios. E ESTRELLAS PARA LAS AEROLÍNEAS El autor advierte que la batalla comercial entre las nuevas compañías está modificando el sector de la navegación aérea, por lo que por una mínima norma de ética, el usuario tiene derecho a conocer las condiciones en que va a ser transportado A aviación nació hace poco tiempo, apenas cien años, y en ellos ha ido creciendo hasta modificar nuestra forma de vivir. Han sido años apasionantes, en los que los agentes implicados hemos trabajado codo con codo, en una carrera por reducir la cota de accidentes y ganar la confianza de los viajeros. Años en los que nadie hablaba de costes, ni de crisis. Tan sólo de superar barreras, de unir pueblos y de hacer posible el vuelo en casi cualquier condición meteorológica. Hoy, sin embargo, algo ha cambiado. Hablar ahora de aviación es hablar del precio del petróleo, de la guerra comercial entre Boeing y Airbus, de la competencia entre las compañías aéreas y de los precios de los billetes. Sobre todo de los precios de los billetes. Hemos pasado de una aviación tutelada por el Estado, con sus compañías de bandera, hacia una aviación abierta, sujeta a las leyes del mercado y regida por criterios de rentabilidad. Sin embargo, este proceso no ha venido acompañado de la suficiente transparencia y por ello la sociedad se muestra desconcertada cuando se producen accidentes como los ocurridos en el último mes. Los pilotos venimos denunciando desde hace tiempo la reducción de costes y la orientación hacia la rentabilidad económica de las operaciones aéreas en perjuicio de la seguridad. Las presiones e incluso sanciones por intentar volar dentro de las normas que se dan en algunas compañías y de la pasividad de las autoridades an- L te este tipo de desviaciones inaceptables. Compañías y autoridades viven un idilio nacido en otros tiempos y ni unos ni otros están ayudando a comprender lo que se esconde en este mundo tan complejo. Sorprende que en España solamente haya tres inspectores de operación aérea para vigilar casi dos millones de vuelos anuales, y que uno de ellos denuncie públicamente el acoso que sufre cuando intenta inspeccionar a alguna determinada compañía. En nuestros aeropuertos siguen volando aviones como el tristemente famoso Yakolev 42 con pasajeros a los que nadie les informa de la compañía o del avión en el que van a volar, sin que ni siquiera sean inspeccionados por las autoridades nacionales. En el año 2004, Francia realizó 1.640 inspecciones a aviones de países no comunitarios; en España se hicieron 43. Lógicamente, allí hay una lista negra y aquí todavía no. Muchas cosas tienen que cambiar en el Ministerio de Fomento para que España se incorpore a la lista de países que vigilan sus cielos y ofrecen garantías a sus ciudadanos. Mientras tanto, las compañías siguen reduciendo costes para no perder rentabilidad, mientras los precios de los billetes siguen cayendo. Es curioso cómo una compañía que fue de bandera subcontrata cada vez más vuelos a compañías baratas que disfrazan los aviones como los de la matriz o subcontratan mantenimiento en el Tercer Mundo, sin que -Estoy molesto con vosotros; habéis molestado a Maragall: me dice que a Carod- Rovira le molestan vuestras opiniones.