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ABC LUNES 29 8 2005 65 Deportes Dani Pedrosa gana en Brno su duelo con Lorenzo, segundo, y Rossi volvió a hundir a un desafortunado Gibernau Natalia Rodríguez marca un nuevo récord nacional de 1.500 y acaba con el de Mayte Zúñiga, que databa de 1992 EL ÚLTIMO YA ES EL PRIMERO ENRIQUE ORTEGO Robinho y Raúl se dirigen, abrazados, a celebrar con Ronaldo el segundo gol del Real Madrid AP Robinho prende la chispa La irrupción del brasileño en el partido, vital en el triunfo de un Madrid que adoleció de fútbol colectivo ante un Cádiz voluntarioso, pero blando JOSÉ MANUEL CUÉLLAR Hasta que salió Robinho todo fue un la vida sigue igual. Y es que andan los madridistas con la mosca detrás de la oreja con este equipo que le han montado esta temporada, y más que una mosca es más bien un moscón, tan grande que con un pequeño dulce que les ofrezcas se les abren los ojos como a los niños ante un pastel, ilusionados por lo que se les pueda dar. Así que si al minuto cuatro Ronaldo hace la suya, reverso ante el error de medida de De Quintana y balón a la red junto al palo, no es de extrañar que piensen que ya se acabó ver el mundo del fútbol bajo el prisma azulgrana. Pero era una visión deformada de las cosas. En realidad, todo siguió igual. No hubo huella profunda en ese triunfo parcial, ni cambio alguno. El Madrid apenas elaboró el juego, tuvo enormes problemas para hacer circular el balón y muchas dificultades para mantener el equilibrio en el medio campo ante un Cádiz que no fue nada del otro mundo, blando y esquelético, sin dientes para morder ni dejar respirar a un contrario espeso. La sensación de brillo que dio Ronaldo al equipo fue dando paso a la rutina de todos los partidos: un equipo sin egún el plan previsto todo apuntaba al estreno de Robinho. Sobre la marcha se fueron dando todas las premisas: faltaba media hora de juego, su equipo acababa de ser empatado y, además, la imagen que estaba ofreciendo dejaba en el capítulo futbolístico bastante que desear. Demasiado pronto el Madrid tenía que echar mano de su nueva perla para salir del trance y a partir de ahora a lo mejor la estrategia preparada se tiene que acelerar porque mucho me temo que la afición blanca ya piensa que Robinho es hijo de Pelé y hasta sus compañeros pudieron entender ayer que le necesitan cerca para imprimir a su fútbol otra dinámica y otra velocidad. Y la verdad es que fue mano de santo. Su salida revolucionó y sacó a sus compañeros del letargo en el que se mecían desde que Ronaldo había marcado su tanto. Hasta entonces, el Madrid había planteado casi todos los defectos del pasado. Sobre todo uno que deberían mirárselo de una vez por todas porque un equipo de su enjundia no puede marcar un gol y echarse a dormir. Y ayer le despertó Robinho, aunque les duela leer que el último en llegar ya es el primero de la clase. S CÁDIZ REAL MADRID Cádiz (4- 2- 3- 1) Armando; Varela, Paz, De Quintana, Raúl López; Suárez (Benjamín, m. 54) Fleurquin; Enrique (Estoyanoff, m. 54) Pavoni, Sesma; y Oli (Medina, m. 78) Real Madrid (4- 4- 2) Casillas; Salgado, Helguera, Pavón, Roberto Carlos; Beckham, Gravesen (Robinho, m. 65) Zidane, Baptista; Raúl y Ronaldo. Árbitro Pérez Lasa, del Comité vasco. Tarjeta amarilla a Raúl López, Gravesen, Helguera y Medina. Goles 0- 1, m. 4: Ronaldo. 1- 1, m. 62: Pavoni. 1- 2, m. 84: Raúl. 1 2 con el talento de Pavoni, pero con escasa pegada arriba en las ocasiones de que dispuso. Le tuvo demasiado respeto al rival a pesar de que éste no demostraba nada para que temblaran las canillas amarillas. En la mediocridad de unos y otros, nada bueno se vio ni nada interesante salió a flote. Sólo la certeza de que poco ha cambiado en este Madrid porque el primer tiempo fue difuso y sin frescura, sólo atento a las cosas de Ronaldo y poco más. Discreción y oscuridad frente a un rival que tampoco supo encender la luz. El as en la manga Si nada enseñó el Madrid en la primera parte, nada mostró en la segunda. Más dejar pasar el tiempo, aguantar y especular con el resultado. Mala cosa. El Cádiz, con esfuerzo y mucho sudor, se puso a la tarea del acoso y derribo. Encerró al Madrid en el área sin que los blancos encontrasen salida y acabó empatando en una jugada de estrategia, una jugada a balón parado de ésas que los blancos no habían ganado ni una vez. Tampoco en esta ocasión, donde hubo dos rebotes antes de que Pavoni la colase en la red de Casillas. Y entonces salió Robinho, el as guar- chispa, previsible y sin movimientos de desmarque por delante del balón. Si a eso añadimos los tremendos problemas de Gravesen en la distribución del cuero, al Madrid se le fue quedando, aún en la victoria, un triunfo plano, hosco y sin medio campo, con Baptista alejado de todo, con Beckham empeñado en el juego largo y sólo con Zidane para tocar en corto y elaborar. El Cádiz no aprovechó la ocasión. Ante un rival corto y miope, apretó dado en la manga por si la cosa se ponía fea. La verdad es que peor no podía estar, pero lo cierto es que su salida revolucionó al equipo. Por fin, un tipo capaz de desequilibrar, de encarar y de irse en cualquier posición. Al Cádiz le entraron los mil miedos en cuanto el pequeño comenzó a tirar sombreros y a irse ladrillo tras ladrillo. El signo del partido, tanto por la entrada de Robinho como por la reacción colectiva blanca, había cambiado. En el esfuerzo gaditano, heroico, valiente y épico, se veía un resquicio; no era capaz de frenar la fantasía blanca en la media punta. Cada balón que tocaba Robinho o Ronaldo olía a peligro. El tesón gaditano no tenía nada de eso, mucha piedra sobre piedra para construir un muro que no iba a ningún lado. Llegó Robinho y lo derribó con un amago. Se fue en la frontal, se la dejó a Ronaldo, que entró como un toro para irse de la zaga, y su balón franco lo metió Raúl para sentenciar el partido. Pólvora de casi nada. Sólo un chispazo, el que le había dado Robinho. El Cádiz intentó volver a dar un paso adelante, pero ya no pudo y más cerca estuvo de recibir el tercero (Helguera al palo en otra de Robinho) preso de la nueva estrella blanca.