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6 Opinión LUNES 29 8 2005 ABC VADE MECUM TRIBUNA ABIERTA TOMÁS SANTA CECILIA DIRECTOR DE SEGURIDAD VIAL DEL RACE EL ESTATUTO DE LA DISCORDIA L otro día me encontré en el Corro de Campíos, esa plaza tan cántabra y tan española de Comillas que ha inmortalizado Alfonso Ussía, a Carlos Güell de Sentmenat, un patricio catalán que estuvo metido en política por estricto sentido del deber durante la transición y que lideró la UCD, que en Cataluña se llamaban Centristes de Catalunya durante aquellos años, desempeñando un papel importante en la elaboración de los Pactos de la Moncloa que sacaron a la economía española de la catástrofe y, también, en la discusión y aprobación del Estatuto de Autonomía de Cataluña. No está mal. Me recordaba que entonces la elaboración del Estatuto se desarrolló en un clima de concordia entre todos los gruJORGE TRIAS pos políticos, desde AlianSAGNIER za Popular hasta los comunistas y que fue precisamente López Rodó, sí, sí, el mismísimo ministro comisario del Plan de Desarrollo con Franco y artífice con el almirante Carrero de la restauración monárquica, quien, salvadas las iniciales y lógicas reticencias, puso toda su sabiduría jurídicoadministrativa, que era grande, al servicio de Cataluña y de la concordia. Ahora el espectáculo que está ofreciendo el Estatuto de Maragall es, francamente, penoso. Nada bueno saldrá de ahí y, lo más sensato, si hubiese sensatez en política, sería olvidarlo. Ese Estatuto sólo puede beneficiar intereses bastardos de los independentistas de la Esquerra Republicana y una idea patrimonial y sectaria, que tiene un núcleo minoritario, aunque influyente, del socialismo catalán y que ha logrado hipnotizar a sus socios españoles. Por más labor pedagógica que intenta desarrollar el presidente de la Generalitat, sus argumentos se estrellan con la tozuda realidad de unos ciudadanos, la inmensa mayoría de los catalanes, que no perciben la necesidad de un nuevo Estatuto de Autonomía que implicaría, necesariamente, una modificación sustancial de la Constitución. Reconozco que cuando Maragall se descuelga con esos extensos artículos, a veces inacabables, los leo con verdadero entusiasmo, intentando encontrar ese argumento, esa razón escondida que me convenza de la necesidad de la reforma estatutaria y de ese neo- federalismo español que, según el, nos ayudará a transitar por el segundo cuarto de siglo constitucional. ¡Ah, si todo fuese tan simple como él lo pinta! Pero ahora es otro el problema. Cataluña, se mire por donde se quiera, ha entrado en un declive lento pero imparable y cada vez se parece más a un parque temático donde todo está colocado en su sitio, aunque no se sepa muy bien para qué va a servir. Lo del Fórum por ejemplo, fue delirante. Cataluña ha perdido el vigor que tuvo desde la implantación de la monarquía borbónica y desaprovechó el extraordinario poder industrial y cultural que había adquirido durante el franquismo. Tras la Constitución de 1978, en lugar de liderar el desarrollo político de España, sus dirigentes prefirieron enrocarse en sí mismos, creando una pequeña nación, virtual y sin sentido. El nuevo proyecto de Estatuto, el de la discordia, será un nuevo capítulo en ese irreversible proceso de empequeñecimiento. E EDUCAR E INFORMAR, MEJOR QUE SANCIONAR Las sanciones son, para el autor, válidas para aquellos conductores que cometen en un momento dado una imprudencia, pero, ¿qué ocurre con aquellos automovilistas que, aún respetando todas las normas y reglas escrupulosamente, siguen teniendo accidentes? Algo se estará haciendo mal E S sorprendente ver cómo día tras día, mes tras mes, las cifras de muertes en nuestras carreteras siguen siendo alarmantes. Durante todo este verano hemos sido testigos de campañas en pro de la mejora de la seguridad vial y de la reducción de los fallecidos en carretera y ciudad, y con escasa efectividad. Algunas instituciones, que tienen por objeto velar por nuestra seguridad y aportarnos soluciones útiles y con efectividad, se empeñan, a día de hoy, por seguir imponiéndonos medidas sancionadoras y, en algunos casos, represivas. Bien es cierto que este tipo de estrategias son efectivas, en parte, para aquellos conductores que en algún momento del trayecto o viaje infringen alguna norma de tráfico, consciente o inconscientemente. Bien es cierto que existe un porcentaje mínimo de conductores que infringe las normas de manera habitual y terminan teniendo un accidente. Pero, ¿qué ocurre con aquellos automovilistas que, aún respetando todas las normas y reglas escrupulosamente, siguen tendiendo accidentes? Algo se estará haciendo mal. Eso sí, este tipo de acciones, encaminadas a modificar la conducta de una persona, requieren la presencia de la autoridad para que sea efectiva dicha estrategia, puesto que si en algún momento del viaje este conductor perci- be que la autoridad sancionadora recaudatoria no está presente, estos conductores asesinos como actualmente los define en sus campañas mediáticas la DGT (prefiero llamarlos mal educados o mal informados) volverán a ser conductores reincidentes. Además, nos encontramos con que muchos de los accidentes del verano se producen en las carreteras secundarias. ¿Sería posible que alguien informara a los conductores de los riesgos que conllevan los desplazamientos por este tipo de vías? Durante este último fin de semana, en el que se han producido algunos accidentes mortales, nos encontramos con dos factores importantes que han incidido en éstos. Los desplazamientos nocturnos y el nivel de ocupación de los vehículos. Aquí es donde realmente hay que hacer especial incidencia, sobre todo en épocas estivales, ya que las fiestas locales llevan consigo estilos de diversión nada adecuados para la conducción (alcohol, drogas, exceso de confianza... que suelen acabar en accidente mortal y desgracia familiar. En los múltiples foros de trabajo internacionales de seguridad vial y educación vial, y de los que algunos autoclubes somos fundadores, nos preguntan por qué el problema de la siniestralidad en nuestro país no se ha