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ABC DOMINGO 28 8 2005 Toros 61 El próximo martes se cumplen veinte años de la muerte de José Cubero en Colmenar Viejo. Burlero se llevó entre sus astas la vida de un torero que empezaba a consagrarse como una gran figura Yiyo: un sueño roto en el amanecer TEXTO: JOSÉ LUIS SUÁREZ- GUANES FOTO: ABC Hace ya veinte años- -fue un 30 de agosto de 1985- -que el toro Burlero de Marcos Núñez, se llevó entre sus astas la vida joven, de tan solo 21 años, de José Cubero Yiyo Desde entonces, la plaza de toros de Colmenar Viejo- -donde ocurrió la tragedia- -se sumó a la de otros pueblos de la geografía de la piel de toro, donde ocurrieron otras cornadas mortales: Talavera de la Reina va unida a Joselito El Gallo Manzanares- -eran las cinco en todos los relojes- -a Ignacio Sánchez Mejías; Linares, al monstruo Manolete, y Pozoblanco, a Paquirri, sin olvidar algún torero más anónimo, como el canario José Mata, que cayó herido mortalmente en la manchega Villanueva de los Infantes, donde murió Quevedo. Aquel 30 de agosto, Burlero se sumaba a los nombres de Bailaor Granadino Islero Avispado y Cascabel entre otros toros que tiñeron de luto la Fiesta, como Jocinero que mató a Pepete, Perdigón a Espartero, Pocapena a Granero, Fandanguero a Curro Puya, Farolero a Pascual Márquez... Nadie le habría predicho a Yiyo que iba a morir aquella tarde, que sus sueños se harían pedazos en pleno amanecer, pues ni siquiera estaba anunciado en el cartel ferial de ese pueblo serrano. Hizo el paseíllo sustituyendo a Curro Romero, lesionado el día anterior en Linares. A su lado, el viejo maestro Antoñete y José Luis Palomar, aquel soriano que había tocado la gloria tras estoquear sendos toros de Victorino en la llamada Corrida del Siglo de 1982 en Madrid. Yiyo toreó al sexto como pocas veces lo había hecho. Se vio en su postrera faena su sazón, su clasicismo y hasta un José Cubero Yiyo Príncipe del toreo Momento de la mortal cornada de Yiyo en Colmenar Viejo el 30 de agosto de 1985 toque de inspiración, que se alejaba del tecnicismo de su primera etapa. Sus muletazos por ambos lados eran largos, templados, mandones. Los de pecho, de cabeza a rabo, rotundos. Y toda la faena era la confirmación de una gran figura que se rebelaba contra las grandes empresas, que no le habían incluido en sus principales eventos, como su ausencia de las recién terminadas Corridas Generales de Bilbao. José Cubero se entregó en la estocada final. Mató con lentitud perezosa, con templada parsimonia, y el toro salió de la suerte prácticamente muerto. Antes de expirar Burlero y cuando Yiyo perdió la cara, metió la cabeza y levantó al torero como un trapo. El puñal en forma de cuerno atravesó el corazón del diestro, que halló la muerte en el acto. Encontraría así la inmortalidad, como tantos otros toreros muertos u otros jóvenes elegidos por los dioses del Olimpo. Así había pasado también con actores como Rodolfo Valentino o James Dean, hombres políticos tan dispares como José Antonio Primo de Rivera o el Che Guevara. A todos la parca se los llevó muy pronto. Yiyo había nacido en 1964 en Burdeos, ciudad donde emigró su familia desde Madrid, donde pronto regresaría para vivir en el barrio de Canillejas. Su padre, Juan Cubero, había sido novillero y sus hermanos Juan y Miguel también siguieron los pasos paternos. A finales de los 70 recorrió España y Francia, formando terna con Lucio Sandín y Julián Maestro. Se les llamó a los tres Príncipes del Toreo En el San Isidro de 1980 se presentó en Madrid junto a Carlos Aragón y Lucio Sandín. Al año siguiente se erigió en novillero triunfador de San Isidro, lo que le valió participar en un mano a mano, en junio, junto a Pepín Jiménez. El 30 de ese mes tomó la alternativa en Burgos, de manos de Ángel Teruel y en presencia de Manzanares. La ascensión parecía irresistible, pero la confirmación en San Isidro del 82, con Manzanares y Emilio Muñoz, retrasó ese lanzamiento hasta 1983, en que corta una oreja con gran fuerza a un toro de Antonio Ordóñez en el abono madrileño, al sustituir a Roberto Domínguez. Unos días después coge una nueva suplencia en un encierro de Alonso Moreno y consigue su primera Puerta Grande al torear con Ángel Teruel y Armillita. Dos nuevas actuaciones triunfales en Madrid- -una de ellas en la Beneficencia- -le valen llegar al estrellato, que conserva durante todo ese año, 1984 y 1985, hasta el día de su cornada mortal. En su última actuación en Las Ventas fue testigo de la alternativa de Jaime Malaver hijo. Cortó una oreja a un toro de Matías Bernardos, vestido con el mismo traje grana y azabache con el que fue enterrado en el cementerio de La Almudena. PARA EL CIELO Y LOS ALTARES ANTONIO D. OLANO Autor del libro Yiyo. Adiós, príncipe, adiós einte años ya de la muerte y resurrección de José Cubero, héroe y mártir de la Fiesta. Nunca fue tan grande el volumen de una ausencia como lo sigue siendo la ascensión a la Gloria de Yiyo, de El Yiyo que así, con el artículo por delante, le gusta a los aficionados denominar a sus toreros. Nació en Burdeos, uno de los exilios laborales de los emigrantes españoles entonces. La hermosa ciudad francesa sigue unida, para siempre, a los españoles que alcanzaron la cumbre en su Arte, con mayúscula. Allí don Francisco de Goya creó, y se recreó a sí mismo, en sus sueños de torero que tal vez fue, pero que en la realidad mereció serlo. La muerte nunca fue justa. Los toreros no hablan de ella porque quizás leyeron a Hemingway, que sentenció que la muerte no sirve para nada No se la merecían ni Joselito, ni Sánchez Mejías, ni Manolete ni Yiyo, con el que vol- V ví a los toros después de varios años de ausencia. Reaparecí la tarde triunfal del que era a partir de entonces el mejor de los toreros. Volví junto a Juan Antonio Vallejo Nájera, que dijo: Ojalá que no nos guste la corrida de hoy, porque los toros enganchan La expectación era por ver a Paco Ojeda. El triunfo, redondo como nadie había alcanzado en aquella sidrada fue para Yiyo. Nos hicimos amigos. Pensábamos que era para siempre y yo aprendí a no La muerte la llevamos en la cara todos los toreros. Pienso que un cuerno me va a arrancar el corazón. ¿Qué más da? utilizar, a partir de su desaparición, la palabra definitivo. Yiyo lo quería todo y, entre otras cosas, nuestra amiga Virginia le enseñaría a pintar. Antonio, tienes que llevarme al Museo del Prado A raíz de su triunfo, de su salida a hombros por la puerta de la gloria, dijo ante los micrófonos de José Luis Carabias: La muerte la llevamos en la cara todos los toreros. Pienso que un cuerno me va a arrancar el corazón. ¿Qué más da? Era un niño que maduró demasiado pronto. Lo veo, hablo con él todos los días. Antonio, tengo que hablar contigo de algo muy serio que me pasa La muerte sí, Hemingway, no sirvió para que los aficionados de todo el mundo olviden a un hombre, a un torero, que era el todo, demasiado para ser de este mundo. Los santos, sentenció don Jacinto Benavente, para el cielo y los altares.