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60 DOMINGO 28 8 2005 ABC Toros OTRAS PLAZAS SEMANA GRANDE Almería Oreja para Dávila Miura MUNDOTORO. Toros de San Martín. Dávila Miura, que sustituía a Finito, oreja y silencio. Morante de la Puebla, ovación en ambos. Manzanares hijo, ovación y silencio. La izquierda de Sevilla en Bilbao Plaza de toros de Vista Alegre. Sábado, 27 de agosto de 2005. Octava corrida. Lleno. Toros de Victorino Martín, serios, hondos, cuajados; destacó el 3 por el pitón izquierdo exclusivamente; el conjunto con peso, dureza de pies, interesante y reservón; peligrosísimo el 6 El Fundi, de verde botella y plata. Estocada (petición y vuelta) En el cuarto, pinchazo y estocada (saludó en los medios) Luis Miguel Encabo, de verde manzana y oro. Estocada pasada (saludó desde el tercio) En el quinto, dos pinchazos, media tendida y descabello (silencio) El Cid, de verde pistacho y oro. Bajonazo (oreja) En el sexto, estocada contraria (silencio) Destacaron El Boni con una brega magistral en el tercero y Alcalareño con los palos fue obligado a desmonterarse. Alcalá (Madrid) Empate de la terna ABC. Toros de Sayalero y Bandrés y uno de La Cardenilla. Fernando Robleño, oreja y ovación tras aviso. Matías Tejela, silencio y oreja. Salvador Cortés, oreja y silencio. Colmenar Viejo (Madrid) Emilio de Justo triunfa ABC. Novillos de Fuente Ymbro. David Mora, silencio en ambos. Emilio de Justo, oreja y oreja. Alberto Aguilar, silencio y oreja. Peñaranda (Salamanca) Todos a hombros ABC. Toros de Valdefresno. Padilla, tres orejas. Uceda Leal, silencio y dos orejas. Javier Valverde, oreja en ambos. Arenas de San Pedro (Ávila) Éxito de Fandi y Capea ABC. Toros de La Gloria. El Fandi, ovación y dos orejas. César Jiménez, tres orejas. El Capea, ovación y oreja. Sepúlveda (Segovia) Martín de Vidales, herido menos grave EFE. El novillero Martín de Vidales sufrió una cornada menos grave, de doce centímetros, en el gemelo izquierdo. Novillos de Sainz de Miera. Miguel Ángel Cañas, silencio, palmas y palmas. Joselito Ortega, pitos y palmas. Martín de Vidales, dos orejas en el único que mató. Por otra parte, en Martos (Jaén) toros de Pereda. Jesulín de Ubrique ovación y dos orejas. Víctor Puerto, oreja y dos orejas. Rivera Ordóñez, ovación y dos orejas. ZABALA DE LA SERNA BILBAO. La izquierda de Sevilla, la de El Cid, se reprodujo cuasi calcada en Bilbao a la zurda que en Abril irrumpió por la Puerta del Príncipe también con una victorinada. Distinta corrida por cierto. Más fina aquélla, rompiendo hacia delante; más reservona ésta, de tanques cuajados y hondos, interesante. Cid se puso pronto sobre su diestra mano, la contraria, y embelesó la negra arena bilbaína con los más pletóricos naturales de la Semana Grande. La muñeca abría las embestidas con la suavidad de la seda, en unos niveles de intensidad soberanos en los capítulos primeros de la faena: El Cid llenó la plaza, el escenario, se descaró, marcó tiempos, halló la velocidad perfecta, el trazo, y el sitio, más hilvanado que ligado, porque era lo que necesitaba el toro de Victorino: un pasito perdido para estirarse más. Ese mismo paso tal vez le faltó en las siguientes tandas de espléndidos naturales para que el embroque y la emoción no bajasen del altísimo listón marcado como sucedió. Pero el nivel es el de El Cid que enamora, en el son de Bayona de hace cuatro, quizá tres, temporadas. Nada hubo a derechas pues el hermoso albaserrada de lámina frágil se comportaba avisado y pendenciero por ese pitón. La oreja pesó como los aceros Natural de El Cid al tercer victorino, al que cortó una oreja viejos de las renegridas chimeneas que vomitaban los Altos Hornos. Pesó obviando un bajonazo de nota. Listo como su dueño, el sexto, vareado, montado y suelto de capotes, se convirtió en el más peligroso del conjunto: mirón, gazapón, muy cabrón. Ahí El Cid se tapó poco o se descubrió mucho: el oficio para resolver se lo sabe infinitamente mejor su compañero El Fundi. Por fortuna lo cazó a la primera, si no, hubiese pasado todavía peor trago. TELEPRESS Pedazo de profesional ¡Ah! El Fundi. Pedazo de profesional. En el uso del yo, el me, mí, conmigo, tan habitual de las columnas periodísticas, abuso: me encantó. Pesaron sus FERIA DE SAN SEBASTIÁN DE LOS REYES Rotundo triunfo de Cayetano, que salió a hombros con El Cordobés y Picazo ABC S. S. DE LOS REYES (MADRID) Cayetano cortó cuatro orejas en el segundo festejo de la Feria de San Sebastián de los Reyes. Salió a hombros, acompañado del nuevo Cordobés y Gabriel Picazo, que lograron dos trofeos cada uno. Cayetano protagonizó pasajes de gran torería dentro de un conjunto en el que predominó la despaciosidad con que realizó todas las suertes. Además, remató a sus oponentes de dos rotundos espadazos, según informa mundotoro. Picazo se mostró sobrado con su lote: tuvo más eco su faena al primero, que contó con fases de toreo largo y ligado, que la del cuarto, de menor transmisión. Las mayores virtudes de las faenas de Julio Benítez estribaron en su quietud y en la templanza con la que llevó sometidos a sus novillos, a los que ligó muletazos en un palmo de terreno. Con dos tercios de entrada, se lidiaron seis novillos de Las Ramblas, de preciosas hechuras, nobles y de muy buen juego en general. Picazo, dos orejas y saludos tras aviso. Julio Benítez, oreja y oreja. Cayetano, dos orejas con petición de rabo en ambos. dos toros tremendamente en la muleta. Nada fáciles, de corto viaje. Uno más asequible que otro por el pitón izquierdo: la tarde se inclinaba por ese lado. Y Fundi, con un sentido de la profesionalidad tremendo, le esquivó las acometidas vencidas por el pitón derecho y lo echó hacia delante por el izquierdo, esperándolo, vaciándose, ¡qué bien! El Fundi, curtido en trescientas mil guerras, con más mellas que Millán Astray, se creció en lidiador inmenso. La cosa se debió cumplimentar con un trofeo de hierro, porque lo mereció. La vuelta al ruedo supo a tal. A poco. Igual de férreo se mostró con el cuarto, que descolgó menos. En los medios nunca se cansó, no rehuyó la pelea. Bravo el torero de Fuenlabrada, que soportó un trallazo tremendo en un volapié y repitió con el mismo coraje en el siguiente: crujió la estocada, crujió la muleta, partida como por el hachazo de un aizkolari. Luis Miguel Encabo logró el más auténtico par del teórico duelo con su partenaire banderillero: por los adentros expuso una barbaridad. Con su aire de clasicismo resolvió la faena primera, con postura. Un punto más enfibrado hubiera ganado la seria cuestión: se ovacionó su hacer. El enorme quinto, un buque con una bodega para camiones, descabalgó al picador, le buscó la grupa al caballo y la escena de Messala arrastrado por la cuádriga en Ben- Hur se volvió a vivir con dramatismo, sin cinemascope. Encabo se conformó con ligereza de pies. Aparte de grande, el victorino no traía nada bueno ni tampoco demasiado malo. A Victorino cabe exigirle más. Se esperaba.