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50 Los domingos DOMINGO 28 8 2005 ABC EL PERFIL DE LA SEMANA EN LA ACERA ESCRIBÍ TU NOMBRE FERNANDO IWASAKI JUAN JOSÉ PADILLA Matador de toros Convertido el escalafón de matadores en un páramo de valores y promesas, El Ciclón de Jerez ha conquistado el Norte con su decisión y su arrojada tauromaquia de trazo grueso LA AMNESIA COLECTIVA l hombre del piano habló y resultó ser un parado alemán que sólo quería suicidarse después de perder su trabajo en París. La vida es así de chunga: uno es noticia mientras eres un hombre que ha perdido la memoria y que sólo toca el piano en la melancólica soledad de un psiquiátrico británico, pero en cuanto se descubre el pastel lo mandan a uno a la oficina alemana del INEM y los loqueros ingleses estudian ponerte una querella. Si se hubiera quedado callado, se habría asegurado las habichuelas para toda la vida. Curioso achaque éste de la amnesia- -tan socorrido para el cine y los guionistas de culebrones- -porque uno olvida su nombre, pero recuerda muy bien que no le gusta la sopa. Uno se olvida que está casado, pero no de comer con cubiertos. Uno olvida su dirección, pero no lo que es un calzoncillo, o para qué sirve el papel higiénico. Por eso los psiquiatras dicen que la memoria es selectiva. Una de mis pesadillas es que me da la amnesia y que sólo recuerdo cómo se hace el nudo de la corbata, con la de dudas que todavía me asaltan después de darle la segunda vuelta. ¿Quién podía imaginarse que el hombre del piano no era en realidad un pianista? Unos músicos checos declararon en mayo pasado que el misterioso desmemoriado podía ser su desaparecido colega Tomas Strnad Un conservatorio polaco creyó hacia junio que se trataba de su profesor Maciek Kowalski Un trasatlántico noruego lo confundió en julio con Audun Erlien pianista de a bordo caído al mar en el Canal de la Mancha. Pero nada. Sin embargo, cuando una inglesa rolliza se presentó reclamando a su marido que salió a comprar tabaco, el hombre del piano se apresuró a decir que era un alemán en paro y- -por si acaso- -gay. A mí siempre me dio mala espina lo de la amnesia, pero cuando me atreví a poner en duda que ese náufrago solamente recordara cómo se tocaba Tchaikovski, me pusieron a caer de un burro. Entonces descubrí perplejo que el personal quería creer que ese chico rubio, alto y silencioso era una suerte de sirenito musical, maltratado por las olas, la mala suerte y tal vez los desamores. ¡Eres un malpensado! -me recriminaban- -Imagínate que te da la amnesia y que te encuentran en una playa de Islandia cantando flamenco. -Menos mal, porque si aparezco en Chipiona cantando Gavilán o Paloma nadie me recoge. A la gente le conmueve el rollo de la amnesia sin reparar en que Valle Inclán ya había dicho que las cosas no son como fueron, sino como las recordamos. ¿Qué necesidad tengo yo de olvidar las cosas si me basta con recordarlo todo de manera valleinclanesca? Pero hay que ver cómo cuela lo de la amnesia, según quién y dónde. No hay como ser un chico rubio, alto y pianista que ha naufragado sin papeles en una playa inglesa, para que durante cuatro meses te saquen en todos los periódicos del mundo mientras te dan alojamiento y comida gratis. Y es que si eres un marroquí o un nigeriano que ha naufragado sin papeles en una playa española, igual te mandan de regreso aunque te desgañites pidiendo un piano, una tuba o una viola de gamba. La moulinex de la torería la, illa, illa, Padilla maravilla A la manera en que el Bernabéu animaba a Juan Gómez Juanito las peñas pamplonesas corean el nombre de Juan José Padilla en medio de su fragor etílico. Padilla es un arrojado luchador de Jerez, cuna del desgarro gitano y mecido de Rafael de Paula, que ha matado las ganaderías más duras, las corridas más terroríficas, desde sus inicios en los veranos de Madrid, cuando el sol derrite el asfalto y vacía las calles de gente para sembrarlas de obras. Los méritos contraídos por JJ han maravillado en el Norte: Bilbao lo reclamó para sustituir a Enrique Ponce después de que se encontrase en su camino por San Sebastián la perla cárdena de Muroalto un gozo de victorino que se ganó la vida en el ruedo con sus bravas embestidas, pura exquisitez, pura clase, nobleza suprema. Ante el páramo de valores y promesas, de figuras y medias figuras, en el que se ha convertido el escalafón, la Comisión Taurina de Vista Alegre, de la mano de Pablo Chopera, recurrió a Padilla, que se metió en el bolsillo el otrora feudo ordoñecista, lo que demostraba que entonces en el Bocho los humos de los Altos Hornos no nublaban el buen gusto ni anestesiaban el paladar. Pero hoy en día, plagadas las televisiones de personajillos de grueso trazo y modales soeces, nacidos en programas de nauseabundo contenido y vertiginosos picos de audiencia, el triunfo de este luchador jerezano no desentona en absoluto de la sociedad creada y criada a los pechos de los tubos catódicos que envenenan la sensibilidad. Su lucha no le confiere sin embargo ninguna carta blanca para triturar la torería con la Moulinex de sus aspavientos, detalles y gestos. Juan José Padilla disfruta haciendo cada tarde el paseíllo sin liarse nunca el capote de ídem, todo lo más un mantón de Manila en alguna vuelta al ruedo desbocada de éxtasis. Juan José Padilla viste vestidos que simulan oro sin ir cargados de oro, chapados de oropel o florecitas, pija- Il E TEXTO: ZABALA DE LA SERNA mas elásticos y comodísimos para luego desplegar todos los atléticos movimientos de su grosera tauromaquia. A Juan José Padilla no le importa pegarle una patada a la montera brindada y supongo que ofendida con el puntapié, especie de rabona futbolera que ejecutó en fechas pasadas. Juan José Padilla acostumbra a limpiarse las manos de sangre en el culo de la taleguilla, que se queda como las paredes de prehistóricas cuevas de arte rupestre o como Wilson, el balón amigo de Tom Hanks en Náufrago Juan José Padilla ha aportado ahora al toreo unas zapatillas con clavos para banderillear, ya saben, cuando se desabrocha el chaleco empapa- do en sudor y cita al violín con la bragueta por delante: el calzado simula o disimula las clásicas manoletinas y se cierra más sobre el empeine a modo de deportiva: cualquier día unas Air Jordan que sujetan el tobillo más cómodamente. Juan José Padilla se anuncia desde hace mucho El Ciclón de Jerez y a mí me encanta contemplar la brisa suave del toreo eterno: los ciclones me provocan desasosiego y se me clavan como alfileres en la pupila incluso en los telediarios. Mal tendrán que ir las cosas en la torería andante para que Padilla haya conquistado el Norte: Illa, illa, illa, Padilla maravilla www. fernandoiwasaki. com