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ABC DOMINGO 28 8 2005 Los domingos 49 VIAJE AL PASADO Con platos de porcelana rotos se separa la fibra de la pulpa. Después se extraen los hilos de fibra, se lavan para despegarles la pulpa, se unen punta con punta para conseguir un filamento contiguo, se hilan y se hacen ovillos sobre palitos de madera Filipinas siempre hiló muy fino, ahí está su tejido de piña, el más hermoso, romántico, lujoso y exclusivo del mundo. La exposición Piña, el tejido el Paraíso que se inaugura el próximo jueves en el Centro Cultural Casa de Vacas, del madrileño parque del Retiro, recorre la moda y las costumbres más elegantes de la Filipinas del siglo XIX Piña telada TEXTO: CARMEN FUENTES alenciaga, Chanel y Dior, los grandes de los grandes del mundo de la moda, lo conocieron y lo usaron en sus diseños porque el tejido de piña fue el símbolo español del llamado lujo asiático. Un estambre curioso y peculiar que por su elevado precio sólo unos pocos, los más poderosos, pudieron disfrutar y exhibir en las fiestas y eventos de aquella Filipinas colonial, exquisita y refinada, de finales del siglo XIX, que coincidió con la edad de oro de esta tela conocida como tejido del paraíso Hoy vuelve a ser noticia porque, coincidiendo con la semana de la Moda en Madrid, Ifema ha organizado una exposición que se inaugura el jueves, y que recoge no sólo curiosas y magníficas piezas realizadas con tejido de piña, sino los peculiares objetos que las rodeaban y que formaban parte de la vida cotidiana o festiva de un país como Filipinas, tan distante y tan próximo. B Pañuelo de piña bordado en el siglo XIX en el vestir porque, por lo general, estaban bordadas a mano, con sedas de colores y blancas, cáñamo, plata e, incluso, con finísimos cabellos humanos. En la boda del Príncipe de Asturias, los embajadores de Filipinas en España iban ataviados con trajes de tejido de piña bordada, unas telas en peligro de extinción. Pero la muestra reúne también cuadros, grabados y dibujos de la Filipinas colonial y numerosos objetos cotidianos: chinelas, abanicos, mantones de Manila, juegos de porcelana, zuecos de cuero, petacas, juegos de té, sombreros, monederos de croché de seda... También puede apreciarse el proceso de fabricación artesanal del tejido de piña. La muestra cuenta con la obra de jóvenes creadores españoles- -Ion Fiz, Jorge Vázquez, Juanjo Oliva, José Miró, Carlos Díez y José Ramón Rocabent- -y otros tres filipinos- -Inno Soto, Edwin y Pitoy Moreno- encargados de diseñar una prenda a partir de 6 metros de tela procedente de una comunidad pescadora de Palawan, que, con el apoyo de la organización El Nido Fundation, ha recuperado la tradición de la fabricación de un tejido a punto de perderse. Moneda de cambio El tejido de piña fue utilizado como moneda de cambio. De hecho los primeros artesanos podían pagar sus tributos a la Corona con él. Para la obtención del hilo se cortan las hojas de piña y, con platos de porcelana rotos, se separa la fibra de la pulpa. Después, los hilos se lavan y se cuelgan al sol para que se sequen. Se unen punta con punta hasta lograr un filamento que se hila y con el que se hace un ovillo sobre un palito de madera. Son las mujeres las que trabajan en telares de bambú, que manipulan con el pie, con la técnica de la seda china. Era en las grandes fiestas cuando quienes podían adquirir estas piezas ponían sus mejores galas en la mesa, lucían sus manteles, sus vajillas de porcelana y sus cuberterías de plata y nácar. Y aquí entraba en juego el tejido de piña. Pocas veces la moda se encuentra con un tesoro de tanta magnitud, por eso la recuperación del tejido de piña y su homenaje en esta exposición cumplen con una deuda pendiente del pasado con la cultura filipina asegura Javier Fernández de Angulo, comisario de la muestra y miembro de una familia que desembarcó en Filipinas en el siglo XIX. Nostalgia colonial La exposición La piña, el tejido del paraíso es un viaje por la España colonial de las dos indias pero también la historia de otro viaje más curioso, el que transportó del Nuevo Mundo (México) tan exótica fruta a Asia, donde creció y de desarrolló generosamente. Esto ocurrió allá por 1565, cuando el primer galeón español procedente de Acapulco llevó en su bodega, además de plata, esa exótica fruta tropical que creció y se extendió por Filipinas, cuya capital, Manila, sería en el siglo XIX la ciudad más fashion de Asia. Es el entorno que rodeaba a esa sociedad filipina de antes de la pérdida colonial española la que puede admirarse en la muestra pues, además de numerosas piezas realizadas en tejido de piña, reúne cerca de trescientos objetos de uso festivo y cotidiano de los fondos del Museo de Antropología de Madrid, o de préstamos de familias filipinas asentadas en Mujer española vestida de gala, con traje de tejido de piña, en el Palacio presidencial de Malacañan, en 1920 España (Elizalde, Wenstendorf, Ayala, Tous, Zóbel, Cariño... que reflejan cómo vivía la alta sociedad de la época, a la que le gustaba recibir en sus magníficas casas y enseñar sus ajuares. Manteles, faldones de cristianar, servilletas, pañitos, chales, camisas, sábanas, bajo platos, cuellos, velos y camisas de hombre, conocidas como el varón tagalo son algunas de las piezas confeccionadas en tejido de piña. Era el no va más de la elegancia El tejido de piña fue utilizado como moneda de cambio y los artesanos pagaban con él los tributos a la Corona