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48 Los domingos DOMINGO 28 8 2005 ABC UN AZOTE CRÓNICO El verano portugués batirá este año un triste récord de áreas calcinadas. Los discursos oficiales resultan familiares a la opinión pública, pero sigue siendo un asunto de dinero. Dinero que sale muy caro Portugal, bajo un sudario de ceniza POR BELÉN RODRIGO CORRESPONSAL EN PORTUGAL n intenso olor a quemado y cenizas cayendo del cielo han sido dos notas características de los últimos días en Portugal. No hacía falta ver las llamas o encontrarse a pocos metros del incendio porque el impacto de los fuegos ha sido tal que los efectos se han hecho sentir en todo el territorio. Bastaba sentarse al aire libre, vestido con ropas claras, para comprobar que, en menos de una hora, los atuendos se volvían grises por causa de las cenizas. Imágenes de Portugal en llamas han dado este verano la vuelta al mundo. Coimbra, una de las ciudades más históricas del país, estaba cercada por las llamas hace apenas unos días, y esta dolorosa imagen era tan sólo un pequeño reflejo de la desoladora situación que están viviendo miles de portugueses de norte a sur del territorio. Muchas personas han sido desalojadas de sus casas y acogidas por vecinos o acomodadas en instalaciones militares. Otras muchas no han querido abandonar las inmediaciones de sus viviendas optando por luchar contra las llamas, unas veces solos y otras al lado de los bomberos. No todos los que han elegido esta última opción han tenido la misma suerte, porque las llamas se han cobrado vidas- -de vecinos y de bomberos- -cuando intentaban poner fin a los incendios. Son ya diez los bomberos que han perdido la vida en lo que va de año por causa de los fuegos, además de tres civiles. La última de las víctimas, una anciana de 88 años que apareció carbonizada a escasos 150 metros de su casa, también consumida por las llamas. U Un hombre trata de apagar las llamas que cercan su casa en Raposeira, en el centro de Portugal verano está auxiliando a las poblaciones, no siempre la ayuda llega a tiempo. A veces son las cámaras de televisión las que primero acceden a los puntos más críticos y quienes transmiten esos momentos de pánico y ansiedad. La llegada de bomberos y militares, o de aviones cuando el humo lo permite, trae una calma momentánea. Una vez que las vidas están a salvo esa tranquilidad se convierte en angustia al pensar en el futuro incierto que espera. ra pasar sus últimos años de vida. Todos los años la pregunta es la misma. ¿Por qué se quema Portugal? Por muchas promesas y buenas intenciones que tengan todos los gobiernos, no importa del color que sean, la realidad es que en el país vecino no se lleva a cabo la limpieza de los matorrales. Hace falta invertir mucho dinero para que los bosques estén bien cuidados lo cual evitaría buena parte de los incendios. Dinero que no tiene Portugal, y que acaba por salirle muy caro porque los daños causados por los incendios traen consecuencias económicas muy graves. El porcentaje de floresta en manos de privados es de un 92 por ciento, frente al 8 por ciento que pertenece al sector público. Ante esta realidad el jefe de Estado luso, Jorge Sampaio, asegura que ¿Por qué se quema Portugal? La mayor parte de las personas que se han quedado sin hogar son jubilados, habitantes de pequeñas poblaciones de las regiones del interior de Portugal en cuyas casas guardaban lo poco que tenían. Muchos vivían solos y ahora ni su rincón de paz y descanso les queda pa- Las llamas se han cobrado trece vidas este año, sin que se puedan evaluar las pérdidas económicas, de norte a sur Tragedia humana Un verdadero infierno es lo que se ha vivido en cientos de aldeas de Portugal. Gritos de socorro, lágrimas de impotencia, personas corriendo de un lado a otro, desorientadas, bomberos alzando los brazos en señal de impotencia. Impresionan las imágenes que llegan a través de la pequeña pantalla: hombres y mujeres de todas las edades, protegidos con ramas, cubos de agua y mangueras, hacen frente a las llamas que amenazan sus viviendas. Hay quien ha tenido que soportar este tormento durante más de tres días, mañana, tarde y noche, porque el fuego no da treguas. A pesar del fuerte dispositivo de bomberos que durante todo el Más de 150.000 hectáreas abrasadas Las previsiones para este año a la hora de calcular la superficie quemada no son nada alentadoras. El último informe quincenal, facilitado por la Dirección General de los Recursos Forestales, realiza una estimación de superficie abrasada, entre el 1 de enero y el 15 de agosto, de 134,500 hectáreas. Sin embargo, tras la última reunión de la Autoridad Nacional para los Incendios Forestales (ANIF) celebrada esta misma semana y presidida por el comandante Ferreira do Amaral, el número actualizado de superficie quemada asciende a 180.000 hectáreas. El presidente de la Liga de Bomberos, Duarte Caldeira, considera que 2005 quedará en la historia como el segundo peor de los últimos 15 años, ya que va a superar las 185.000 hectáreas quemadas en 1991, aunque, en un principio, no superará las 245.000 perdidas hace dos años. si no hay una intervención en la floresta privada, esto no tiene solución ¿Será realmente esta la clave para resolver un problema que se repite cada verano? Según los expertos en la materia, acabar con los matorrales de más de dos metros de altura que abundan en los bosques no sería suficiente porque se necesita terminar también con la materia muerta, que arde más rápido que la viva. El primer ministro luso, José Sócrates, ha respondido a las críticas de la oposición y de la opinión pública sobre el descontrol en la extinción de incendios refugiándose en las adversas condiciones atmosféricas de este verano: El país no puede resignarse a esta tragedia anual. Hay mucho de que hablar pero ahora es el momento de apagar los fuegos y apoyar a los bomberos Y ante todo este ir y venir de acusaciones, el ministro de Administración Interna, Antonio Costa, acaba de prometer que Portugal tendrá aeronaves propias para combatir los incendios forestales. Este año ha llegado ayuda, como ocurrió en veranos anteriores, de España, Alemania, Italia, Francia y Holanda. Se trata de un discurso antiguo, ya utilizado por gobiernos anteriores, del que los portugueses prefieren no hacer mucho caso optando por resignarse a vivir una situación que se repite cada verano.