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ABC DOMINGO 28 8 2005 Nacional 13 CiU insta a Maragall a plantar cara a las críticas del PSOE sobre el Estatuto El PSC cree que Pujol ha dado instrucciones a la cúpula nacionalista para bloquear el proyecto del PP catalán, Josep Piqué, exigió al resto de líderes de los partidos catalanes que asuman responsabilidades políticas si finalmente fracasa el Estatuto M. J. C. BARCELONA. La oposición instó ayer al presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall, a hacer frente al PSOE, después de que dirigentes socialistas hayan criticado el nuevo Estatuto catalán. El rechazo que suscita el proyecto catalán, reflejado en un informe jurídico encargado por el Gobierno, ha puesto en tela de juicio la capacidad de Maragall para encauzar el proceso, por lo que tanto CiU como PP reclaman al dirigente catalán que asuma sus responsabilidades. El presidente de CiU, Artur Mas, instó a Maragall, a plantar cara ante los informes encargados por el Gobierno y las críticas del PSOE. Es el momento de tomar decisiones indicó el dirigente nacionalista. Añadió que comenzamos la recta final y auguró que b El líder septiembre será un mes de decisiones importantes y significativas que tendrán consecuencias durante años Para el jefe de la oposición, se habían levantado muchas expectativas sobre la aprobación de la reforma y ahora es el momento de la verdad En su opinión, se está intentando aguar el Estatuto y existe el riesgo de desnaturalizarlo Alertó de la necesidad de estar a la altura de las circunstancias y no dejarnos presionar por Madrid A su juicio, los informes jurídicos encargados por el Ministerio de Administraciones Públicas que indican que apelar a los derechos históricos es inconstitucional, buscan rebajar el Estatuto. Previamente, el ex presidente de la Generalitat, Jordi Pujol, había expresado sus dudas respecto a la posibilidad de que el proyecto estatutario se apruebe durante esta legislatura. El PSC replicó a Pujol a través de su secretario de Organización, José Zaragoza, quien aseguró estar convencido de que el veterano dirigente nacionalista ha dado instrucciones a la cúpula de CiU para obstruir la negociación de la reforma del Estatuto. Maragall, escoltado por Narbona y el consejero Salvador Milá, ayer, en Lérida El líder del PP catalán, Josep Piqué, exigió al resto de líderes políticos que asuman responsabilidades políticas si finalmente fracasa el proyecto. En una entrevista con Efe, Piqué subrayó que la responsabilidad del fracaso es de aquellas fuerzas políticas que han hecho de la consecución de un nuevo texto estatutario la quintaesencia de su actividad política Si no se salen con la suya- -añadió- todos deberían asumir responsabilidades, entre otras cosas porque difícilmente el pueblo de Cataluña entenderá que no lo hagan EFE después de haber explicado hasta la saciedad que éste era el objetivo político fundamental y que era absolutamente imprescindible Que nos dejen en paz Por parte de ERC, su presidente, Josep Lluís Carod- Rovira, insistió en pedir al Gobierno y a los partidos de ámbito nacional que no intervengan en el proceso de reforma y reclamó que nos dejen en paz porque somos lo suficientemente mayores para saber lo que nos conviene ÁLVARO DELGADO- GAL LOS EXPERIMENTOS, CON GASEOSA D entro de unos días tendrá lugar la Conferencia de Presidentes, excogitada por Zapatero durante su primer año de legislatura. La Conferencia ofrece, y a la vez no ofrece, las características de un conciliábulo. El D. R. A. E. adjunta a la palabra conciliábulo las dos acepciones siguientes: 1. Concilio no convocado por autoridad legítima. 2. Junta o reunión en que se trata de una cosa que se quiere mantener en secreto. La expresión fue usada, con intención peyorativa, para designar la asamblea no autorizada con que algunos cardenales se adelantaron al V Concilio de Letrán, en tiempos de León X. Por extensión, cabe entender como conciliábulos las tenidas informales en que se negocian acuerdos cuya adopción oficial corresponde a una asamblea pública, por lo común numerosa. Los conciliábulos se hallan afectados por la clandestinidad y todos los peligros que a ésta van anejos. No resultan, no obstante, inútiles, por motivos que ha estudiado bien la Teoría de la Acción Colectiva. La idea, simplificada al máximo, es que los pactos se saldan con tanta mayor dificultad, cuanto mayor es el número de agentes implicados. En consecuencia, no viene mal arreglarse entre pocos, y fiar luego lo convenido al sufragio de la mayoría. La estructura de los partidos, en que mandan unos cuantos y los demás son material de relleno, inclina hacia este tipo de prácticas. Sucede otro tanto en las grandes corporaciones. Sin ir más lejos, en los bancos, controlados por los Consejos de Administración y no por los accionistas. En los conciliábulos se avanza deprisa porque las decisiones no se hallan constreñidas por el procedimiento. Se llevan también a cabo trueques y permutas que se estimaría impolítico o imprudente reconocer en público. En este medio opaco florece, con naturalidad, el espíritu oligárquico. Cuando la oligarquía funciona moderadamente y con dosis suficientes de inteligencia, las cosas discurren como lo hicieron en Roma, la Gran Bretaña Imperial o, acaso, los Estados Unidos de hoy. Las oligarquías corruptas o incompetentes son, por el contrario, un desastre, según se echó de ver en los países comunistas o se aprecia en zonas considerables de América Latina. No existe una fórmula para el éxito. Más bien arte, sabiduría, y sentido de la responsabilidad. La Conferencia de Presidentes, ¡ay! pertenece a un género híbrido. Recuerda a un conciliábulo porque no se halla endentada en los mecanismos que de modo automático transforman los resultados de una deliberación en ley. La Conferencia no pasa de ser una reunión de notables, en que se expresan puntos de vista que el voluntarismo de Zapatero desearía mudar en políticas vinculantes para el Estado. Al tiempo, y al revés de lo que sucede en los conciliábulos de verdad, la Conferencia se convoca a bombo y platillo, y con toda la pompa y el aparato que acompaña a los actos solemnes. El presidente, en el momento de crearla, quiso atestiguar, mediante un gesto, la idea de que diálogo es bueno, y de que si la gente no se entiende, es porque no quiere. Por desdicha, causas pequeñas, incluso ocurrencias pequeñas, alojan en ocasiones grandes efectos. La Conferencia se ha convertido en un acontecimiento, y para Zapatero serían enormes los costes de que saliera mal, esto es, de que escenificara diferencias entre territorios, y no una felicísima conciliación de intereses. La resulta pro- bable será más gasto, por dos razones. La primera, es que el gasto contenta a todo el mundo. La segunda es que se ha concedido a los jefes autonómicos una capacidad de presión gigantesca. El que no se considere bien tratado, tiene a huevo volver a su feudo y explotar demagógicamente los agravios comparativos. ¿Hemos tocado fondo? No. Amenazan peligros todavía mayores. La Conferencia no reviste sólo el carácter informal de los conciliábulos. De añadidura, no se halla adaptada, ni aun en la sombra, a una institución concreta del Estado. La relación de la Conferencia con los partidos es transversal y confusa. Por motivos obvios, lo es también su relación con el Congreso. De ahí que no se hayan previsto modos de trasladar lo que se determine en un lado, a lo que haya de decidirse en el otro. Si la Conferencia dispusiera algo importante sobre, por ejemplo, gasto sanitario, el acuerdo se impondría, vía Gobierno, a los diputados, en menoscabo de los procesos parlamentarios regulares. Esto sería intrusismo, no federalismo. En las federaciones, la representación territorial está en el organigrama, y se encuentra funcionalmente ligada al resto del aparato estatal. Aquí, va a plasmarse en una estructura paralela, desprendida, y libre de todo control. En definitiva, un lío. Los experimentos, señores, con gaseosa.