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ABC DOMINGO 28 8 2005 Opinión 5 CARTA DEL DIRECTOR IGNACIO CAMACHO EL CENTRO ABANDONADO Con su tendencia rupturista, el Gobierno ha abandonado con toda claridad el centro político. El Partido Popular tiene que construir una alternativa creíble que ofrezca la certidumbre de que el país no está condenado a la deriva. Para ello, Rajoy ha de sentirse con las manos absolutamente libres L centro, como concepto ideológico, no existe, no es más que una quimera o una figuraciónnominal para determinar ciertos objetivos pragmáticos. El centro es tan sólo un espacio abstracto, referencial, en el que se sitúan los votos que sirven para ganar las elecciones y configurar mayorías sociales. Pero no hay ideologías centristas, sino tan sólo vagas aspiraciones transversales destinadas a elaborar nociones programáticas. El centro es un concepto de marketing y de praxis política, no de ideas ni de proyectos. En España hay alrededor de ocho millones de personas dispuestas a votar al Partido Popular pase lo que pase, y otras tantas posicionadas con idéntica firmeza alrededor del Partido Socialista. En la medida en que uno de los dos consiga aglutinar el apoyo de dos o tres millones más, normalmente oscilantes entre ambos, tiene asegurada la victoria electoral. Esa bolsa de ciudadanos que inclina los resultados tiende a situarse en las encuestas en un espacio que, en la escala del 1 al 10, se agrupa en torno al número 5, y de ahí ha surgido la mitología del centro como referencia aspiracional. Son simplemente, los votos que hay que conquistar con políticas abiertas para obtener la llave que conduce a La Moncloa. Mariano Rajoy, en una reciente intervención pública Por alguna razón que probablemente tiene que Para todos, y para muchos más, el Partido Popular ver con su origen personal y sus fantasmas familiares tiene que construir una alternativa creíble de gobierno- -simbolizados en el célebre capitán Lozano- Rodríque ofrezca la certidumbre de que el país no está condeguez Zapatero parece haber elegido un camino político nado a la deriva del rupturismo. Y lo tiene que hacer diferente al tradicional. El presidente ha cargado a badesde el sentido de la responsabilidad histórica que le bor el peso de su estrategia, buscando en la izquierda otorga el hecho de ser la sola fuerza que en estos momenconvencional y en los nacionalismos las alianzas que tos ofrece de manera unívoca un proyecto nacional, y cimenten su hegemonía. La determinación con que se desde la sensatez que implica su condición de único reentrega a un claro revisionismo histórico que parece ascambio posible. Sin histerismos ni prisas derivadas del pirar a la consumación de la ruptura descartada en la comprensible cabreo de los más alarmados, sin desconTransición apunta a la configuración de un eje republicertarse ante el siempre evidente desánimo que cunde cano volcado con toda nitidez en la creación de un blocuando un partido pierde por sorpresa el poder, sin abisque asentado en el esquema definido en el tripartito catamarse ante el espejo de un pasado reciente que pudo y lán: socialistas, neocomunistas, ecopacifistas y nacionadebió haber sido de otra forma, pero que resultó ser colistas radicales. Se trata de un bloque construido con el mo en realidad está siendo. propósito específico de aislar al PP, pero que ofrece una Ésa es la tarea que pesa sobre la responsabilidad de debilidad manifiesta: por su composición ideológica, Mariano Rajoy, el hombre al que las bombas de marzo por su línea programática y por su tendencia rupturista de 2004 birlaron la razonable continuidad de una inha abandonado con toda claridad el centro político. flexión tranquila en el posaznarismo. Ese pragmático Rajoy que parece representar en su persona y en su estiEse espacio está quedando a merced de quien lo quiera lo a la sensata clase media que constituye la médula ocupar. En él están los ciudadanos preocupados por el espinal de la España moderna, y que en estos momenproyecto nacional de una España solidaria, las familias tos rumia en su descanso gallego la estrategia con que inquietas ante la atención privilegiada dedicada a modeabordar el primer curso sin elecciones desde hace tres los sociales minoritarios, los industriales necesitados años. de políticas de impulso económico, los agricultores apesadumbrados por el impacto de la ampliación europea, Es posible que, de hallarse hoy ante la tesitura de nomlos vecinos de los suburbios congestionados por la crebrar a un heredero, Aznar hubiese elegido a otro homciente inmigración, los funcionarios agobiados por la bre; Rajoy era el perfil para asegurar la continuidad desparálisis administrativa, los docentes desmotivados de el poder. Pero el destino hizo un guiño siniestro y ha por el devastador efecto de las leyes educativas, los crecolocado al antiguo vicepresidente ante la necesidad de yentes asombrados por el énfasis laicista del Gobierno, liderar nada menos que la reconstrucción de una mayolos profesionales liberales desconcertados ante la ausenría volada en pedazos por los moritos de Lavapiés y cia de marcos de desarrollo, los paganos de unos impuesquienesquiera que fuesen sus cómplices. Una incógnitosinsuficientes para mantener el abrasivo ritmode gasta, por cierto, esencial para ajustar cuentas con nuestro tos de unas autonomías clientelares. Los ciudadanos, en demonios colectivos, pero en absoluto decisiva para la fin, perplejos ante la evidencia de que el Gobierno paretarea que urge ahora a la derecha española. Que es la de ce atento sólo a los gestos retóricos a favor de minorías y extender sus apoyos hacia la mayoría social abandonaproclive como nunca al chantaje de unos nacionalismos da por el proyecto centrífugo de Zapatero y sus aliados. que descreen abierta y chulescamente del proyecto coPara eso, Rajoy necesita en primer lugar creerse su mún de la España democrática y constitucional del 78. E EFE liderazgo. En política eso incluye en ocasiones la necesidad de ejercer la autoridad con cierta firmeza y sin atisbos de duda. Pero también necesita que su partido, primero, y su masa simpatizante, después, le otorguen el respaldo incondicional que libere sus manos de hipotecas, lazos y complicidades. Y que crean en él como la única posibilidad de que el centro derecha pueda levantar un proyecto de gobernancia apto para obtener el respaldo de la ciudadanía. Ante el curso que va a comenzar este jueves con un cónclave de sus colaboradores más cercanos, Rajoy ha de sentirse con las manos absolutamente libres para tomar las decisiones que considere oportunas. Su prioridad pasa por diseñar la arquitectura de un programa de gobierno que confrontar a la errática política del PSOE y sus aliados. Y para eso no le va a bastar con razones morales: necesita reunir apoyos políticos y ciudadanos. Necesita estrechar la mano de un millón de personas, mirar cara a cara a la sociedad española, escucharla y proponerle soluciones reales, factibles y cercanas. Quienes, movidos por la ambición personal de la política, se reparten la túnica de su posible derrota deben saber que, si Rajoy falla en 2008 (o, más probablemente, en 2007) el horizonte de la derecha a la que pertenecen se nublará hasta más allá de la primera década del siglo. Y que las elecciones no se ganan únicamente con los votos de los ya convencidos, ni la oposición se ejerce para complacer a los más radicales. El principal objetivo de la oposición no es dar caña al Gobierno, sino sustituirlo lo antes posible. Y esos ciudadanos que deciden las elecciones no se conforman con agudas intervenciones parlamentarias ni con demoledoras críticas políticas. Quieren proyectos, medidas, reformas para vivir y trabajar en un país mejor. Reclaman y necesitan un proyecto nuevo. Encabezado por un líder sólido capaz de demostrar que sabe dirigir un país. Sólo hay una manera de hacerlo: mostrando con firmeza, autoridad y criterio que también sabe dirigir un partido. director abc. es