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ABC DOMINGO 28 8 2005 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC LAS NOTAS DEL SEÑOR MARQUÉS POR JOSÉ JIMÉNEZ LOZANO ESCRITOR. PREMIO CERVANTES 2002 Europa entera no es que no haya oído de nuevo a los gansos del Capitolio que avisaron con sus graznidos que alguien se aproximaba, sino que se dirige a los graznadores para cortarles el cuello... AS buenas gentes suelen expresar su desconcierto acerca de lo que ocurre, diciendo que se ven, se oyen o se leen cosas que no se podía imaginar que llegaran a suceder. Y la formulación es muy exacta en su propia indeterminación, porque ciertamente explicación tiene, pero no tan fácil, ni tan enunciable. Recuerdo de años pasados la consternación que produjeron las primeras noticias sobre las violaciones de tumbas, presentadas por los medios de comunicación como gamberradas que serían lo más lógico de una juventud liberada y que ha comido más mantequilla que nosotros, lo que parece que la habría ayudado a desprenderse del viejo tabú del sagrado reposo de los muertos, o de otro cualquiera. Porque tabúes y no civilización se llaman a estas cosas. En realidad, ésta es una civilización que se va entre la barbarie y lo grotesco, lo siniestro y la más alegre inconsciencia; y se sabe de antemano que, si no se responde a esto con la suficiente seriedad y energía, lo seguro es que llegará ese momento en el que, como ha ocurrido en otros tiempos, ya no se tiene ni fuerza ni ganas de luchar contra los bárbaros, y se decide que es más fácil integrarlos para que sean los señores. O meterse en la bañera a desangrarse placenteramente, con cualquier historia de Petronio en las manos. L esperada política, y cuando, de caída en caída, hayan llegado a sumergirse en un profundo sueño en el interior, e incurrido en el desprecio en el exterior, toda alianza se hace imposible con esas sociedades envanecidas en su egoísmo; las esclusas del Norte se levantarán sobre nosotros una vez más, y entonces habremos de sufrir una última invasión, no ya de los bárbaros ignorantes, sino de maestros astutos, avisados, más sagaces que nosotros, ya que habrán aprendido de nuestros propios excesos cómo se puede y debe gobernarnos... La sociedad perecerá por haber confiado en palabras vacías de sentido o contradictorias Para aquel mundo esto era una advertencia, pero del todo inútil como se vio; y probablemente seguirá siendo inútil. Aunque ahí está, de todos modos, como de los libros decía Renato de Anjou, en plena supuesta barbarie medieval: Como pocas gentes se atreven a decir la verdad a los poderosos, no había más que los muertos para hacerlo, a través de los libros que nos han dejado decía. ¿De veras? Eran otros tiempos. El Príncipe K le dice a Custine que el despotismo ruso no solamente no tiene en cuenta para nada ni las ideas ni los sentimientos, sino que reforma los hechos, lucha hasta contra la evidencia, y triunfa en la lucha... pues la evidencia no tiene abogados en nuestro país, como tampoco los tiene la justicia cuando ambas estorban al poder ¡Qué cosas más raras pasaban en Rusia, en tiempos tan oscuros! Tanto el Príncipe K. como Custine están hablando de una situación normal de cualquier satrapía en todos los tiempos, y ambos no po- Las reacciones que hubo, por ejemplo, al libro de Oriana Fallaci, La rabia y el orgullo, además de altaneras, estuvieron llenas de odio. El señorito en la bañera que digo, no quiere que le molesten con avisos y monsergas, y prefiere cortar el asunto por lo sano. El libro fue denunciado como racista en Francia, según creo; y Europa entera no es que no haya oído de nuevo a los gansos del Capitolio que avisaron con sus graznidos que alguien se aproximaba, sino que se dirige a los graznadores para cortarles el cuello, como los dos protagonistas de la película de Passolini, Ucelli, ucellini, ucellone a los que un cuervo molestaba continuamente con sus razonables advertencias, echaron mano de él, le mataron, y se lo comieron. No se acabaría de hacer un haz de advertencias a Europa, pongamos que aunque solamente sea desde finales del siglo XIX, pero tendríamos que ponernos un tanto filosóficos y no están los tiempos para estos esfuerzos, y menos en vacaciones de agosto. Pero podemos echar un vistazo, digamos que a unos meros apuntes de viaje como los del señor marqués de Custine, en su libro, Rusia en 1839, donde se puede leer, por ejemplo: Cuando nuestra democracia cosmopolita, llevando consigo sus últimos frutos, haya hecho de la guerra una cosa odiada para poblaciones enteras; cuando las naciones que se consideran las más civilizadas de la tierra hayan acabado de debilitarse en su des- dían tener ni idea de lo que vendría después, y precisamente en aquella misma tierra rusa. No sólo el desprecio absoluto de ideas y sentimientos, sino la triunfante negación de las evidencias. Incluidas las de la historia, que ya no es res acta o cosa pasada, sino que puede rehacerse en cada momento, según los principios de la omnipotencia del principio leninista de: cuatro patas no son más que dos patas, y veintisiete pueden ser más que veintiocho, si eso va en el sentido de la Historia y del progreso, o, lo que es lo mismo, en beneficio propio. La realidad no es la realidad, sino la interpretación de esa realidad en cada caso. Ni el Príncipe K. ni Custine conocieron las siniestras gobernaciones, precedidas y mantenidas por los más perfectos lavados de cerebro; ni tampoco ciertas prácticas democráticas de democracias que se llaman avanzadas- -sin decir hacia dónde- -que se parecen a todo eso como un huevo a otro huevo. Pero tan contentos que estamos, y el mismo señor marqués de Custine ofrece una explicación bastante obvia, cuando escribe en otro párrafo de sus notas: La humanidad consiente en dejarse desdeñar y escarnecer, pero no consiente que se la diga en términos explícitos que se la desdeña y se la escarnece. Ultrajada en las acciones, se refugia en las palabras. La mentira es tan envilecedora que obligar al tirano a la hipocresía es una venganza que consuela a la víctima Y parece una evidencia todo esto, la mentira del tirano, para los que lo sabían, le convertía en una especie de payaso cuentamentiras, y resultaba como una sabrosa venganza, porque era como asistir a una comedia; que, aunque fuese impuesta, hacía reír de todos modos. Pero ya no es el caso. Los medios de persuasión modernos logran perfectamente que hasta el desdén y el escarnio sean tomados como atenciones y bondades, y, además, los más excelsos; exactamente como la mentira se trueca en verdad. Es el progreso que va desde la época romántica, en que Custine escribe, hasta este año de 2005. Una de las, digamos que edificantes, historias, que Custine también cuenta, es la de que, el mismo día en que el Zar Nicolás I subió al trono, hubo una revolución de la Guardia de Palacio, porque los sublevados creían que la Constitución que exigían era el nombre de la esposa de Constantino, el hermano del Zar, a quien se les había hecho creer que el Zar quería asesinar. Lo que pasa es que no es nada seguro que el hombre moderno, educado e ilustrado, con un gran espíritu crítico y demás etcéteras, no tenga de hecho aproximadamente las mismas ideas sobre la realidad que aquellos Guardias de Palacio sobre la Constitución.