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ABC SÁBADO 27 8 2005 Los Veranos 95 EL RUMOR DE LA FRONTERA Cementerio de Holtville, California, donde entierran a los emigrantes que mueren en el desierto Holtville pertenece al condado más pobre de California y debe hacerse cargo de los inmigrantes que mueren en el desierto y no son reclamados por nadie, aunque sus compatriotas intentan que no caigan en el olvido No olvidado TEXTO: ALFONSO ARMADA FOTO: CORINA ARRANZ Hol tville. Aunque nunca dejamos de morir, los enterradores también tienen derecho a vacaciones. Pero ya que se trata de la vida y de la muerte, empecemos al menos una vez por el principio. A la barrera de óxido y cámaras levantada por los gringos, en la Nogales mexicana le han querido dar una tunda artística. Alfred J. Quiroz, de Tucson, acompañado de Guadalupe Serrano y Alberto Morackis, del taller Yonke, han fraguado un Paseo de la Humanidad Inspirándose en los ex votos de oro y plata llamados milagros que los migrantes ofrecen en las iglesias mexicanas para agradecer o pedir un milagro, Quiroz ha recortado en aluminio figuras de coyotes sedientos de dólares o calaveras sedientas de agua. En su libro Milagros en la frontera Jorge Durand y Douglas S. Massey hacen recuento de retablos de migrantes mexicanos en los Estados Unidos Estampas de fervor popular, de un arte ingenuo que practican pintores aficionados. Un retablillo muestra a la Virgen sobre la corriente del río fronterizo donde dos hombres pugnan por salvarse: El 28 de Mayo 1929 me sucedió la desgracia de haver sido arrastrado por las aguas del Rio Vravo (en El Paso- Texas) y viéndome en tan gran peligro invoque con veras de mi corazón a Ntra. Sra. de San Juan de los Lagos y al momento acudio a mi salvasión un compañero mio el cual luchando con denuedo las temerosas aguas logró sacarme salvo al margen del río y en acción de gracias por tan patente milagro hago público el precente retablo. San Francisco del Rincón. Enero 29 de 1932. Domingo Segura La flecha del viaje entra en California por la interstate freeway número 8, a través de un desierto sin sombra, donde hasta los arbustos pare- cen ceniza abrumada y el cemento ha reemplazado al alquitrán. La frontera corre paralela y son miles los que se la siguen jugando aquí. No hay villorrio sin templo, pero lo primero que seca el horizonte no es el campanario, sino el depósito de agua con el santo del lugar. Holtville no es una excepción. Celia Morales no conoce al enterrador, pero desde el mostrador del Big John Food Mart no pierde comba: Pueblo pequeño, infierno grande Mexicana de Guerrero, es vecina desde hace tres lustros. Pese al mucho racismo muchos compatriotas se siguen arriesgando. No todos viven para sufrirlo, no todos se salvan de su ordalía para encargar un retablo en agradecimiento al Santo Niño de Atocha al Sr. de la Conquista al Sr. San Miguelito a la Virgen de Guadalupe a Nuestra Señora de San Juan de los Lagos Holtville pertenece al Condado Imperial, el EE. UU. CALIFORNIA ARIZONA El Centro Holtville Holtville Ajo Calexico Mexicali San Diego Tijuana México Holtville Bautizado en nombre del banquero W. F. Holt, que se mudó al oeste en 1908 por razones de salud. Fue el primero que pensó en crear una ciudad al este del río Álamo. más pobre de California, que ha de hacerse cargo de la autopsia y del entierro de los cadáveres que nadie reclama. Más de doscientos hombres y mujeres que murieron de hambre, de sed, de insolación en el desierto han ido a parar al tercer lote del cementerio de Holtville, el más alejado de la carretera, sin lápidas propiamente dichas, sin césped, sin árboles, sin sombra. Sin nadie que les rece. Entre los muertos de primera y los ignorados hay un terreno baldío, cordón sanitario entre paréntesis de altísimas adelfas. Se alinean sobre la tierra que alguien caritativo, tal vez el propio enterrador, Martín Sánchez, ha regado antes de irse de vacaciones. De los que no se averiguó su nombre, el bloque de cemento del tamaño de un ladrillo reza Joe Doe Juan Pérez Juan Nadie Otros sí tienen al menos principio de biografía: Patricia Navarro, Zoil V. Alves, Alfred Peres, Manuel Ortiz, Zaila Gonzales, Rogelio Gonzalez, Ramon Gonzales, Pilar García. Quienes se apiadan de los que nadie se apiadan han clavado unas sencillas cruces blancas que sólo rezan, bajo un sol que no entiende de misericordias, dos palabras: No olvidado