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ABC SÁBADO 27 8 2005 83 Los veranos LAURA CAMPMANY ESCRIBE SUS IMPRESIONES SOBRE IBIZA, A LA QUE SE REFIERE COMO ISLA PEREZOSA Y ARDIENTE de JOSÉ MERCÉ, MADRIDISTA ORGULLOSO Y CONFESO, GRABA UNA VERSIÓN FLAMENCA DEL SCARLETT JOHANSSON, BRITNEY SPEARS O PARIS HILTON, ENTRE LAS VÍCTIMAS DE LA FIEBRE DE LOS PERRITOS DE BOLSILLO HIMNO DEL REAL MADRID Ocho de cada diez personas alojadas en un hotel se llevan más que un buen recuerdo. La mayoría se conforma con el peine y las zapatillas. Otros se marchan con la tele, los apliques y las cortinas del baño Huéspedes sin vergüenza TEXTO: MONTSERRAT LLUIS FOTO: DANIEL G. LÓPEZ sazo de doscientos metros asomado a la playa de La Concha. En el techo, lamparones de cristal de roca. Sobre el parqué, tresillo de piel de búfalo con diván a juego. En el centro, mesa de mármol importada del siglo XVII. Encima, bandejas de plata, tallas de marfil y un cenicero. ¿Es de porcelana isabelina? pregunta cortésmente una visita, mientras busca la respuesta en la base del platito. Hurtado honorablemente en el Palace de Madrid lee para su sorpresa. Y para bochorno del matrimonio anfitrión. Ante la cantidad de huéspedes que se llevaban más que un buen recuerdo del lujoso hotel madrileño, la dirección optó por grabar tan incómoda y violenta leyenda en sus objetos decorativos. Una sutil y original medida disuasoria que, aunque fue adoptada hace ya un tiempo, mantiene plena vigencia. El presidente de la Asociación de Directivos de Empresas Turísticas, Domènec Biosca, calcula que entre el 70 y el 80 por ciento de las personas que pernocta en un establecimiento hotelero sisa algo. La mayoría, es cierto, se da por satisfecho con la pastillita de jabón, el bolígrafo y las zapatillas, cuando las hay. Pero persiste un veinte o treinta por ciento que, por el precio de unas vacaciones, pretende redecorar su casa. Mandos a distancia, vasos de whisky, portafolios, abrebotellas desaparecen de las habitaciones con alarmante frecuencia. No obstante, es la ropa de baño y cama la que registra estancias más cortas. Cantidad de toallas no llegan a pasar nunca por la lavandería. Las limpian Pi El ochenta por ciento de los clientes de los hoteles sale de ellos con un recuerdo directamente los clientes. Juegos enteros. Ni te imaginas coinciden varios profesionales consultados, que sólo acceden a revelar los constantes saqueos de que son víctimas a cambio de que no les roben, al menos, el anonimato. Un caballero alojado en cierto establecimiento catalán debió de enamorarse de la vajilla del room- service Tanto cidió a descargarla. Un desenle gustó que, al recoger su lace ejemplar que no pueden equipaje, metió entre la ropa contar en ese otro hospedaje platos, cubiertos, bandejas de Guadalajara, donde hasta el carrito. Lástima que calzoncillos y Un huésped aún se preguntan cócalcetines no amortide un hotel mo pudieron birlarles dos cazoletas franceguaron del todo el ruicatalán se sas de diez kilos cada do y el traqueteo lellevó entera una y un libro de ocho. vantó la liebre al pasar por caja. Sólo la vajilla del A cambio del esfuerzo, cuando le propusie- room- servi- eso sí, el huésped se hizo con un documento ron cargar la mercance único sobre el Liceo. cía en la factura se deY es que, en efecto, por más que vayan al hotel a descansar, siempre hay clientes que se toman el trabajo de desmontar las bombillas, el teléfono de la ducha, el espejo de aumento o los tiradores de las mesillas. Hasta apliques de forja y cuadros de 70 x 80 centímetros han echado en falta en un establecimiento cordobés. (Pasa a la página siguiente)