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ABC VIERNES 26 8 2005 Los Veranos 113 EL RUMOR DE LA FRONTERA El desierto es sinónimo de aridez y desolación, pero hay especies vegetales que sobreviven a las altas temperaturas y a la ausencia de lluvias. Son el breve pulmón de este lado de la frontera, que eleva los brazos al cielo en un arrebato de belleza y valentía Teoría del cactus o. Los indios tohono o odham le llaman a los grandes sahuaros, el gigante de los cactus, ha: sañ y le consideran un pariente sagrado. Ahora entiendo que el casino de Why (Por qué) se llame Golden Hasan: Sahuaro de oro. Según una leyenda o odham, el primer sahuaro se creó cuando una joven criada se hundió en la tierra y volvió a brotar convertida en un cactus gigante con los brazos levantados hacia el cielo. Así lo relata Carol Ann Bassett en una pequeña joya, Organ Pipe. Vida en el borde Cuando nos adentramos en el Organ Pipe Cactus National Monument (monumento nacional de los cactus trompetas de órgano) los sahuaro nos hacen pensar en totems ceremoniales, en molinos haciéndonos señas como a Don Quijote. El sahuaro Carnegiea gigantea el cactus más grande del país, puede alcanzar quince metros de altura y pesar varias toneladas. Aunque vive hasta 200 años y genera 40 millones de semillas apenas una o dos llegan a levantar cabeza. Cuando mueren, las largas astillas secas recuerdan las cuadernas de una canoa desfondada. La forma estriada de su tallo- -ha de pasar más de medio siglo para que asome el primer brazo acordeón con pinchos, le permite expandirse durante las épocas húmedas y contraerse en las de estiaje. Florece entre mayo y junio y atrae a polinizadores nocturnos como los murciélagos. Pero quienes más le estiman son los pájaros carpinteros de Gila y los carpinteros amarillos, que perforan sus nidos en su tallo. Cuando los abandonan, el tecolote enano ocupa la habitación con vistas. Aj TEXTO: ALFONSO ARMADA FOTO: CORINA ARRANZ NUEVO MÉXICO EE. UU. ARIZONA Columbus Tombstone Douglas Agua Prieta Tucson Ajo Holtville e Mexicali Ajo Brisbee Nogales Organ Pipe Cactus é x i c o M Organ Pipe Cactus National Monument Monument SONORA Belleza ajena a la política La austera belleza del desierto de Sonora nada entiende de política: dos terceras partes son de México, pero se extiende por el sur de California y Arizona. No vemos a nadie. Una gorra de visera requemada por el sol y bidones vacíos dan cuenta del paso de inmigrantes, mientras que un lazo anaranjado en un arbusto acaso sea una marca para no extraviarse en su éxodo hacia el norte de una frontera que la Border Patrol ha empezado a acotar con gi- El impresionante Horgan Pipe National Monument gantescos asteriscos antitanque, para evitar el paso de vehículos. Hacen muchos estragos al entrar con drogas e inmigrantes por la carretera de Puerto Blanco, que corre en paralelo al borde internacional dice la guarda forestal Janet Parra, que nació y vive en Sonoíta, donde tiene tres hijos, al otro lado de la barrera, aunque trabaja en esta orilla. La pitahaya dulce Stenocerus thurberi u organ pipe, es quien da nombre al parque. Es muy común en el Estado mexicano de Sonora, pero raro al norte. Aunque compite en belleza y esplendor con el sahuaro, acaso la planta más lírica del parque y de buena parte de la frontera sea el ocotillo, un extraño árbol llamado cirio y que a pesar de estar armado de espinas no es un cactus. La Fouquieria columnaris no almacena agua, como los cactus y otras plantas suculentas. Cuando florece, en abril y mayo, de cada extremo le nace una serpentina que da la bienvenida a los colibríes migradores. Seco, sirve para cercas, enramadas y techados. Tiene algo de alga del desierto, y cuando la brisa sopla se mece a placer. El ocotillo brota donde menos te lo esperas. Lo volvemos a descubrir, airoso, mucho más al norte, ante las dulces cabañas del motel La Siesta, en Ajo, pueblo minero que extrajo toneladas de cobre de sus entrañas entre 1916 y 1984. Hoy es un lugar limpio, silencioso, bien trazado, que se acuesta temprano y por donde se esfuman columnas de inmigrantes. Afloja por fin el sol su dogal de hierro y sobre la silueta de cal crujiente de la iglesia de la Inmaculada Concepción el crepúsculo le pone a cuatro nubes livianas un encaje de sangre batida. Como si las hubieran rasgado un ocotillo.