Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
48 VIERNES 26 8 2005 ABC FIRMAS EN ABC cloa, uno de los circos radiofónicos en los que más he disfrutado. Durante casi dos horas que llegó a durar el programa un personaje conocido se sometía a un disparatado aquelarre de imitaciones y parodias en las que, a menudo, se encontraba frente al espejo de su propia caricatura. Un día invitamos al ya entonces presidente de la Xunta de Galicia. Sorprendentemente, no sólo aceptó, sino que se presentó en los estudios de la SER media hora antes del programa acompañado por dos de sus asesores. Augusto Delkader, entonces director de la cadena, nos llamó para presentárnoslo y para ir templando gaitas. Confieso que me sentí incómodo. Por una parte yo era en la radio el otro Fraga. Por otra parte me llamo como mi padre, que, siendo trabajador del NODO tuvo que lidiar durante años con la arriesgada papeleta de presentarle el noticiario semanal para la aprobación del entonces ministro de Información y Turismo. Mi padre era un hombre bonachón, pero nervioso, y recuerdo que los viernes volvía a casa tarde al borde de la alferecía. A medida que veía el NODO, Fraga se metamorfoseaba en Júpiter Tonante, y al final decretaba que Franco salía demasiado bajito y barrrigudo en la inauguración del pantano de turno. Algo sencillamente intolerable pues, como era público y notorio, Franco tenía la planta de un galán de cine. O sea, que había que desmontar el reportaje y hacer filigranas para que Franco pareciera más bien Gary Cooper en uniforme. Entonces mi padre se mesaba los cabellos, pero don Manuel no lo debió notar, porque, cuando me relacionó con él, le calificó de buen amigo y excelente colaborador, y me dijo que le diera recuerdos. Sospecho que los huesos de mi padre, muerto ya hacía años, se estremecieron en la tumba. Por lo demás, reconozco que Fraga aguantó en aquel singular programa un chaparrón de cuchufletas y parodias sin descomponer la figura ni cuando tuvo enfrente a la caricatura que le hacía yo. Creo que la nuestra le pareció una radio poco seria, y que no le gustaba nada que parodiásemos a los padres de la patria, pero procuró apurar su dudoso sentido del humor contando infinitas anécdotas y, sobre todo, no mandándonos a hacer puñetas, como los más agoreros pronosticaban. De entonces a hoy, don Manuel ha salido de mi chistera en todos y cada uno de los programas donde me han requerido. Últimamente, con una dicción ya más reposada, en El Tranvía que conduce Olga Viza en RNE. Y siempre me ha dado excelente resultado. Por eso clamo para que no desaparezca del todo de la escena. Me da igual que siga tronando desde la oposición, desde Génova 13, desde el Club Siglo XXI o desde cualquier tertulia: lo importante es que ese ejemplar único en el zoo político siga alimentando a tantos humoristas, caricatos o excéntricos como vivimos de la impostura. Si don Manuel es coherente con su centón de sabiduría popular, no tiene más que recordar el refrán: genio y figura, hasta la sepultura. Y dicho esto, como es natural, no tengo más que decir. LUIS FIGUEROLA- FERRETTI HUMORISTA Y ESCRITOR DON MANUEL SÍ TIENE ALGO MÁS QUE DECIR Confieso que me sentí incómodo. Por una parte yo era en la radio el otro Fraga. Por otra parte me llamo como mi padre... MPEZARÉ recordando que soy un impostor. Desde niño, si escuchaba a alguien que me llamaba la atención, trataba de imitarlo. Más precisamente, soy un impostor radiofónico, acaso el más veterano de los muchos en activo. Y no me puedo quejar del resultado, pues aunque son incontables mis disparates, también lo son los de mis imitados, de tal manera que algunas veces incluso parezco verosímil. Tampoco tanto, no crean, porque mi deber es invitar a la sonrisa. Para dar que pensar, sobran talentos. Cuando me destapé en estas habilidades había tres personajes que marcaban el mínimo para aspirar a humorista, caricato o excéntrico (sic) epígrafe en el que, muchos años más tarde, me encuadraría el recaudador del Impuesto de Actividades Económicas. Uno de ellos era el inolvidable crítico de cine Alfonso Sánchez, un tipo que unía a su sagacidad y sentido del humor una dicción peculiar y un singular desparpajo en el manejo del inglés, tan necesario en una época en que la hegemonía de Hollywood era absoluta. Alfonso Sánchez comentaba por la tele Lo que el viento se llevó cuando, al abordar el reparto, hablaba de Olivia de Havilland como si la actriz hubiera nacido en la ciudad de Santa Teresa. La tal Olivia- -Melanie, la hermana de Escarlata O Hara- -podría ser de Havilland, pero en boca de Alfonso Sánchez sonaba, literalmente, Olivia de Ávila. Además, la voz de Alfonso Sánchez era inconfundible, como si llevara un plátano E alojado entre las cuerdas vocales y las fosas nasales. El imitador que no se hacía con ella, no podía llegar lejos. Otro personaje clave era el general Franco. Inicialmente imitar al ilustre espadón me dio algún disgusto. Cumpliendo mis deberes militares me sorprendió un capitán leyendo el menú del día a mis compañeros de armas con la misma voz aflautada, el ceceo, la cadencia en el fraseo y las clásicas alusiones a la conspiración judeomasónica que distinguían a los discursos del Caudillo. Al capitán no le hizo ninguna gracia la función, y a mí mucho menos el arresto. Pero no hay mal que por bien no venga, como dijo aquél cuando murió Carrero Blanco. Años más tarde, Antonio Mercero rodó una amable comedia titulada Espérame en el cielo, que contaba la historia del doble del generalísimo, y me eligió a mí para que doblara a los dos: el original y su sosias, encarnados ambos por el excelente actor argentino Pepe Soriano. Me divertí mucho, y encima me pagaron por ello. Finalmente, la imitadísima trinidad se completaba con la figura de Manuel Fraga Iribarne. De entre todos los miembros de la fauna política el ex presidente de la Xunta ha sido, sin duda, el más generoso para nosotros, los cómicos de la radio. Nos ha ofrecido lo que un actor sueña para componer a un personaje. Formalmente, dicción torrencial, atropellada y a menudo incomprensible, cambios de ritmo, inflexiones, latiguillos regionales y mu- letillas (como es natural, lo he dicho muchas veces, y dicho esto y, sobre todo, no tengo más que decir) Y en el fondo de su discurso, una vehemente mezcla de erudición, iracundia, sentimentalismo, cazurrería, insolencia y, como cualquier estadista que se precie, su puntito de demagogia populista que tan excelentes resultados le ha dado. Una joya para los que, en plena apoteosis del talante, tenemos que remedar hoy mucho discurso huero tan políticamente correcto como radiofónicamente aburrido. Pocos son los periodistas a los que no les escuece en su currículo algún rifirrafe con Fraga. Ya se sabe, eran las cosas de don Manuel, y si no que se lo pregunten al incauto asesor que se atrevió a estirarle la chaqueta en el famoso vídeo de la última campaña. Pero ser duende de la radio tiene sus ventajas, y es que nadie nos toma en serio. Ni siquiera el veterano político, que pareció siempre poco propicio a perder el tiempo en frivolidades. Anécdota al canto. A finales de los años ochenta, nació entre Julio César Iglesias, Javier Capitán y yo La verbena de la Mon- MANUEL VILAS ESCRITOR USA L O único cierto es que USA es el país culturalmente más vital del mundo. Lo único cierto es que su cine, su música, su literatura, su pintura, su arquitectura, son imprescindibles para entender el mundo. Su fuerza creadora es innegable. Lo único cierto es que son los más ricos del planeta porque su modelo económico es revolucionario. Entiendo que produzcan envidia, angustia y desazón. Lo que no entiendo es que no produzcan curiosidad por saber cómo lo han conseguido. Los intelectuales españoles en que pueden se van a vivir a Nueva York. Yo también quiero vivir en Nueva York, pero no me llega porque el sueldo medio de un español es una mierda. Si no puede ser vivir en Nueva York, me conformo con San Francisco, o con Los Ángeles. Me parece un desatino monumental el alejamiento cultural de Estados Unidos. Me parece una tontería acomplejada el acercamiento estético a Francia y Alemania, dos países culturalmente en crisis. Toda la mú- sica de Lou Reed tiene por tema la ciudad de Nueva York. Toda la poesía de Allen Ginsberg tiene por tema América. La ciudad que me hizo feliz fue Nueva York. Adoro Nueva York, me sentí libre, completamente libre. No me gusta la adoración incondicional de Francia, aunque adoro París, claro. No me convence Europa en el terreno cultural. A mí me va la pasión dura, me va lo fuerte. Yo soy como Sergio Leone, que se enamoró de América y de ese enamoramiento salió la película más grande de la historia: Érase una vez en América A mí me gusta Walt Whitman, a mí no me gusta Paul Valéry. A mí me gusta Faulkner, mucho más que Proust, que no me gusta nada. Faulkner y Proust son antagónicos. Ah, y me encanta Selby, que se murió con la copa en la mano.