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24 Internacional CAOS EN IRAK VIERNES 26 8 2005 ABC La Cruz Roja italiana curó a terroristas iraquíes a cambio de las dos Simonas La operación habría contado con el respaldo del Ejecutivo de Berlusconi rescate se hizo a espaldas de los mandos militares de Estados Unidos en Irak, según las revelaciones publicadas ayer en el diario La Stampa CRISTINA CABREJAS SERVICIO ESPECIAL ROMA. El ex comisario de la Cruz Roja italiana Maurizio Scelli, protagonista en primera persona de las negociaciones para la liberación de los rehenes italianos en Irak- -desde los cuatro guardaespaldas hasta las dos cooperantes, Simona Pari y Simona Torretta- liberado de su cargo y con tantas historias y anécdotas que contar, en una conversación con un periodista del diario La Stampa dejó escapar que para liberar a las dos Simonas se tuvo que curar a cuatro presuntos terroristas, todo ello con la aprobación del Gobierno italiano y a espaldas de los norteamericanos. Las declaraciones de Scelli recogidas ayer en el periódico de Turín han levantando una auténtica polvareda en el país, no sólo por el hecho de que Italia haya aceptado curar y salvar la vida a terroristas, buscados por el Ejército norteamericano, sino sobre todo por la ocultación de las negociaciones a los aliados estadounidenses. Ante estas afirmaciones, no se hizo esperar el desmentido oficial del Gobierno italiano, que en una nota comunicó que la Cruz Roja italiana actuó autónomamente y decidió por sí sola ayudar a los presuntos terroristas, por si pudiera ayudar en las negociaciones, pero sin ningún tipo de autorización del Ejecutivo. Scelli, sin embargo, daba detalles precisos de la operación, comentando que estaban al corriente tanto el subsecretario de la presidencia del Gobierno italiano, Gianni Letta, como el agente de los servicios secretos, Nicola Calipari, y que fue el mismo Calipari quien después informó al vicecomandante de las fuerzas aliadas en Irak, el general italiano Mario Marioli. b El pago del Dudas en torno a la liberación de Giuliana Sgrena C. C. ROMA. Las declaraciones de Scelli sobre las negociaciones ocultadas a Washington para la liberación de las dos Simonas han vuelto a destapar el caso de la muerte del agente de los Servicios Secretos Nicola Calipari a manos de una patrulla norteamericana, mientras se dirigía al aeropuerto de Bagdad junto a la periodista Giuliana Sgrena, recién liberada. Scelli, que reconoce que en las negociaciones de este secuestro la Cruz Roja no estuvo implicada, asegura sin embargo que los norteamericanos conocían la operación y que había sido el mismo Calipari quien les informó de camino al aeropuerto donde encontró la muerte. La comisión mixta italo- norteamericana que se creó entonces para estudiar los hechos no sirvió de nada ya que el Gobierno norteamericano declinó cualquier responsabilidad en el asunto, explicando que los italianos no les comunicaron el paso del vehículo de Calipari. Hoy, como entonces, el Ejecutivo italiano vuelve a repetir que la colaboración con los Aliados ha sido siempre recíproca, franca y leal en todas las ocasiones Las palabras de Scelli no sólo han obligado al Gobierno de Berlusconi a reafirmar que en todos los casos de secuestro EE. UU. fue informado, sino que ha reavivado en la izquierda la hipótesis de una emboscada del Ejército norteamericano a Calipari como represalia por haberles ocultado información. Simona Pari y Simona Torreta el día en que fueron liberadas en Irak -tres de ellos en condiciones desesperadas- -fueron operados y salvados narra Scelli, que añade que otra de las condiciones era curar a cuatro niños de sus familias enfermos de leucemia, que llegaron a Italia el día después de la liberación de las cooperantes Lo inédito de las revelaciones obligó ayer al mismo Scelli a salir de nuevo a AFP La oposición ha pedido la comparecencia urgente del ministro de Asuntos Exteriores, Gianfranco Fini la luz para intentar explicarse mejor y para rectificar sus declaraciones. Scelli afirmó que realmente se trató de un acto informal de la Cruz Roja, que ni siquiera sabía que eran terroristas y que sólo después se informó al Ejecutivo. Sin embargo, la rectificación de Scelli no ha salvado al gobierno de las críticas de la oposición de centro- izquierda que ante tal desbarajuste ha pedido la comparecencia urgente del Ministro de Exteriores, Gianfranco Fini, para aclarar el asunto de los secuestros de italianos en Irak, y de paso todos los misterios sobre negociaciones y rescates, pagados o no, que parecían completamente olvidados. IRAK Y EL FEDERALISMO JOSÉ MANUEL COSTA No ser descubiertos Scelli cuenta al diario que una de las condiciones durante la negociación era que los estadounidenses no tenían que ser advertidos para garantizar la seguridad de los rehenes, y revelaba que el gran problema para llevar a cabo la operación era el no ser descubiertos por los norteamericanos, ya que ante el hospital de Bagdad, donde se encuentran los médicos italianos, había dos puestos de control Hicimos salir del hospital una ambulancia y un jeep que oficialmente iban a entregar medicinas. En realidad los vehículos llegaron al lugar convenido para recoger a los cuatro heridos. Escondidos bajo mantas y cajas de medicinas, los cuatro terroristas N o hacía falta demasiada imaginación para intuir hace mucho tiempo, incluso antes de la invasión, que una derrota de Sadam Husein conduciría al colapso del Estado iraquí, artificialmente creado por los aliados tras la I Guerra Mundial. Y que, dadas las circunstancias, ese colapso finalizaría en un sistema federal- independentista y de corte islámico. Es lo que ha acabado plasmándose en el proyecto constitucional sobre el que se sigue discutiendo en Bagdad. En él los kurdos han impuesto el mantenimiento de su amplísima autonomía post- 1991, bien regada con el petróleo del norte. Los chiíes han tomado ejemplo y, tras algunas dudas iniciales, han reclamado lo mismo para su desérticas pero también petrolíferas tierras del sur del país. Los suníes, instalados en el poder por los ingleses, no pueden aceptar esto. Se quedarían en una tierra de nadie, paupérrima y rodeada de enemigos. Ayer Bush les llamó a aceptar una Constitución en cuya redacción no han participado. ¿Por qué habían de escucharle? ¿Para sellar su seguro ocaso? Pero es que, además de la amenaza de una guerra civil, ese federalismo traería consigo tensiones internacionales nada despreciables. La idea de un Estado kurdo y espléndidamente dotado de recursos es algo que a Turquía le inquieta sobremanera. Uno de sus mayores problemas políticos es la insurgencia kurda al este del país, ahora relanzada con nuevos atentados del PKK tras una larga tregua. Los turcos piensan que el Kurdistán iraquí acabaría sirviendo de base de operaciones para acciones terroristas en su territorio. ¿Y en el sur? Allí los chiís, los más atrasados culturalmente y los más integristas en lo religioso, se encontra- rían entre la espada suní del norte y la enemistad saudí- wahabí por el sur. Su destino sería llegar a acuerdos más íntimos con el también chií Irán de los ayatolás. Unas reservas de petróleo controladas justo por quienes no deseaba EE. UU. En otro aspecto, la disgregación federalista de Irak arrastraría a los sunís iraquíes, tradicionalmente moderados, al ámbito de quienes tienen los recursos para apoyarles en la guerra civil con que han amenazado. Y ésos no son otros que los tantas veces mencionados wahabís, a los que ya se ha asociado Al Zarqawi, el sanguinario líder de la actual insurgencia. Las perspectivas no son halagüeñas. No podían serlo. Estados Unidos se metió en esta guerra con unos planes post- conflicto que de tan ingenuos parecían perversos. El proceso democrático del nuevo Irak acabará en la disgregación práctica del país. Bajo la sombra de una posible guerra civil y de conflictos armados regionales. Un saldo más bien preocupante.