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74 Los Veranos MIÉRCOLES 24 8 2005 ABC EN PORTADA (Viene de la página anterior) 140.000 euros) para autorizar que la catedral de Lincoln haga las veces de Abadía de Westminster. El reverendo opina que la novela es una sarta de absurdos pero le quiere sacar el mejor partido posible. Va a poner de relieve para un público internacional todo lo que tiene Lincoln. En términos seculares es una gran oportunidad dijo Knight. En la prensa nacional, Charles Moore, prestigioso comentarista del conservador Daily Telegraph condenó la decisión del reverendo. No queremos vivir en una sociedad en la que sea ilegal publicar escritos escandalosos sobre temas religiosos. Dentro de ciertos límites de decencia y siempre que no se calumnie o se amenace la paz social, la gente tiene derecho a decir lo que quiera, incluso a reírse de la fe religiosa. Pero, por eso mismo, los cristianos deben tener una conducta un poco más digna que el reverendo de Lincoln. Porque si la ley no protege contra este tipo de conducta, los fieles deben hacerlo dijo Charles Moore. En una carta al periódico, un inglés, Graham Weeks, se tomó el trabajo de contestarle desde Barcelona. Charles Moore subestima la inteligencia y sagacidad del reverendo de Lincoln que sabe que la película se habría filmado en su catedral o en cualquier otra. Y sea donde sea, la gente va a creer que se trata de la Abadía de Westminster. Con lo cual será la Abadía a la que criticarán todos, la catedral de Lincoln se va a ganar 100.000 libras y en seis meses todos nos olvidamos de la película y de la polémica Una mujer lee El Código Da Vinci junto al Louvre, donde se desarrolló parte del rodaje del filme AFP EL CIRCO DA VINCI FERNANDO MARTÍNEZ LAÍNEZ D Polémica catedral La catedral de Lincoln ha estado antes en el ojo de la tormenta. En los 80 la mismísima dama de hierro Margaret Thatcher intervino para que nombraran como reverendo a Brandon Jackson, predecesor de Alec Knight, presuntamente para solucionar un escándalo financiero. La cosa se complicó, porque a Jackson se le acusó de un romance extramarital con una empleada de la catedral. Años después, Jackson declaró a The Sunday Times que, a su juicio, la catedral era el seno de una batalla entre el bien y el mal y que, según un monje que él respetaba mucho, la catedral era uno de los lugares más diabólicos que existían. Según Jackson, varios clérigos le pidieron que ordenara un exorcismo. De haberlo hecho, ¿habría encontrado a los masones que tanto desvelaron a la hermana Mary Michael? e una extraña época como ésta, tan descreída para algunas cosas y tan crédula para otras, podría decirse lo que G. K. Chesterton afirmaba de los ateos: lo malo no es que no crean en Dios, sino que son capaces de creer lo que les echen. Aunque sea lugar común que los escritores, un gremio en el que cualquier vanidad tiene su asiento, queremos a nuestros libros como si fueran hijos propios, pienso que Dan Brown, el avispado autor del indescriptible Codigo Da Vinci debe ser el primero en estar asombrado de que mucha gente se tome tan en serio su argumento, y lo haya convertido, con la fe del carbonero, en una biblia místico- esotéricafeminista aliñada con el aceite de una prosa plana, el vinagre de una peripecia delirante, y el perejil de un tebeo de vieja escuela. Aquí, en la aldea global, empezamos a estar como don Quijote, que terminaba creyéndose todo lo que leía, aunque recelemos del compromiso: su valor para lanzarse al campo y combatir con- tra los gigantes disfrazados de molinos de viento. La primera lección de cualquier iniciación a la literatura debería ser que una novela es una novela, una novela, una novela. Fingir desmayos, protestas y adhesiones para alimentar la publicidad de la historia de la Magdalena madre del Rey de Reyes, resulta una forma de llamar la atención en un escenario necesitado de que el circo no se interrumpa. Es como la canción del verano, todo el mundo percibe que es una memez, pero todo el mundo la baila, la jalea y hasta se la compra. Las pasiones y creencias de otros días han quedado reducidas a listas de superventas, rebajas en el supermercado y confianza en los teléfonos móviles y lo que dice la televisión. Dicho lo cual, recomiendo a quien todavía no se haya comprado el libro de marras, que lo busque, lo compre de una vez, compare, y si no encuentra algo mejor se replantee seriamente cambiar de afición, o por lo menos de vida. Audrey Tautou AFP Cartel anunciador de la película Tom Hanks, protagonista de El Código Da Vinci AFP