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ABC MARTES 23 8 2005 Los Veranos 71 FACTOR 32 Por ROSA BELMONTE TU NOMBRE ME SABE A CUERDA Para los toreros tengo todos los prejuicios del mundo. Tienen que cazar, tener fincas, coches caros y mujeres esperándolos en los hoteles O tra semana más que no me toca el Euromillón. Ni la Bonoloto ni la Primitiva ni el Gordo de la ídem ni un telefonazo de Russell Crowe. Pero voy un día a los toros en San Sebastián e indultan a un victorino (el primero de Juan José Padilla) Lo consideraré mi día de suerte, aunque estar en San Sebastián ya es una suerte. Eso sí, una desearía que hubiera menos gente de la que hay durante la Semana Grande. Sería complicado (e inútil) elegir la ciudad más bonita de España. No sé qué parámetros cuentan pero los atardeceres de la Concha tienen puntuación doble y jugada extra. Los atardeceres de la Concha son un atractivo de toda la vida pero la plaza de Illumbe, no. Mi primera vez en una plaza de toros cubierta. Rara. Impresiona al entrar, justo a mitad de altura. Un poco como el Forum de Los Ángeles, sólo que en lugar de baloncesto hay toros. Y cuando la cubierta se abre o cierra es como el Laboratorio de Investigaciones Fotoatómicas de Mazinger Z que se protegía y desprotegía dependiendo de que el Doctor Infierno, el malo, atacara o no. El malo aquí es la lluvia. Aunque el concepto de buen tiempo habría que ir revisándolo. El malo en cualquier plaza del sur es el sol. Por lo demás, toros como en cualquier otro sitio. Pasodobles, un señor detrás de mí que canta flamenco por teléfono (y que lleva un bigote tipo Azkargorta) también abanicos y los chicos que venden las almohadillas, que tienen la costumbre de todos los del gremio: darte un sus- to de muerte con el ruido que hacen al palmear con dos almohadillas. Los pasillos de Illumbe son tan anchos que hay sitio para sillas de ruedas. Delante de mí, una con un señor encima. A la silla sólo le faltan alerones y portaesquíes. Tiene marchas, espejo retrovisor, bocina (con la que el tipo pedía orejas) y hasta milagro. En un momento determinado el señor decide levantarse e irse caminando, no sé si al bar o al baño, pero fijo que a uno de los dos. Los milagros ya no son sólo los jueves. J uan José Padilla es un torero de ay y enfermería. De los que se echan a los victorinos. Un torero de patillas y pelo engominado con el aspecto de secundario de telenovela de época. Un clásico. Los toreros pueden llevar patillas del siglo XIX pero una barba no estaría bien vista. Ni gafas, ni bigote. En la gala se hicieron entrega a la FEM del cheque de 2.2230.866 euros Juan José Padilla, en la plaza de San Sebastián, tras indultar un toro de Victorino Tampoco está bien visto que un torero hable por el móvil vestido de luces (ni me imagino a un luchador de sumo) Para los toreros tengo todos los prejuicios del mundo. Que no me jueguen al golf, como Pepín Liria y Enrique Ponce. Y mucho menos me hagan aikido, como Francisco Rivera. Los toreros tienen que cazar, tener fincas, coches caros y mujeres esperándolos en los hoteles. Los animales que les están permitidos son los perros, los caballos y los toros. Los tigres están descartados. Envolverse en un mantón, también. Hombre, Padilla, eso déjalo para Falete. o sólo en el Festival de Cine de San Sebastián se entregan Conchas. También en el Festival (o concurso) de Fuegos Artificiales de la Semana Grande. Ver los fuegos artificiales, que empiezan a las once menos EFE N Russell Crowe AP cuarto, ni un minuto antes ni un minuto después, desde la playa es un espectáculo. Verlo desde el paseo, otro espectáculo. Verlo desde los balcones del hotel Londres es lo más porque ves no sólo lo del cielo sino también lo del paseo y la playa. Unas multitudes que a la que te descuidas te arrastran como si fueras Ingrid Bergman en Te querré siempre Londres es un nombre para un hotel. Como lo es Villa San Michelle, Hotel dû Palais o St. Regis. Pero Maroma... Hombre, por favor. Este Tom Cruise no tiene arreglo. No sé cómo se le ocurre volver a un hotel con ese nombre y querer copiar una ceremonia nupcial en la que los invitados se lavan los pies en agua de rosas. Lauren Bacall tiene que estar para que le den sales.