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40 Sociedad MARTES 23 8 2005 ABC EVANS DAVID GLIWITZKI Ex ministro de la Iglesia anglicana ordenado sacerdote católico No encuentro nada en la Biblia que justifique que las mujeres celebren misas SANTA CRUZ DE TENERIFE. El cuadro familiar que presentaba el patio de la Iglesia de la Concepción, en La Laguna, el domingo pasado, podría haber sido el mismo que se habrá repetido tantas veces en tantos sitios, el de padres e hijos juntos, celebrando con alegría la ordenación de uno de ellos como sacerdote católico. Pero, en este caso, quien acababa de recibir del obispo la autorización para celebrar misa, confesar y llevar adelante su misión pastoral no era uno de los hijos, sino el padre de familia. Evans Gliwitzki, 64 años, nacido en Zimbabwe, ministro de la Iglesia anglicana, casado y con dos hijas, fue ordenado sacerdote por Felipe Fernández, administrador apostólico de la diócesis tinerfeña, en una ceremonia que fue coronada con los aplausos y vítores de los cientos de fieles que colmaron el templo. Poco después de haber comenzado esta nueva etapa de su vida, Gliwitzki habló con ABC y explicó las peculiaridades de su caso. ¿Qué le ha llevado a tomar esta decisión? -Yo inicié este cambio cuando se aprobó el sacerdocio de las mujeres en mi anterior iglesia, en 1992. Esto significaba para mi propia fe- -y para parte del clero y de los obispos- -un problema, ya que creo que nunca debería haber sido aceptado. Por eso pensé: No puedo enfrentar esto aquí, mejor sería que lo dejara Y así fue que me marché, pero en buenas relaciones con mi obispo, que estuvo de acuerdo con lo que hacía y me apoyó. ¿Qué diferencias encuentra entre no aceptar a las mujeres y aceptarle a usted, a pesar de estar casado? -Los anglicanos tienen mujeres que celebran la misa y yo no encuentro ninguna justificación para ello en la Biblia, porque nuestro Señor no eligió a ninguna. Si Él hubiese querido hacer- El nuevo sacerdote católico afirma estar en una mejor posición para entender los problemas del matrimonio y explicarlos a mis feligreses. Cuento con mi propia experiencia TEXTO: BERNARDO SAGASTUME FOTO: DESIRÉE MARTÍN Gliwitzki da la comunión a su esposa durante la ceremonia de su ordenación lo, habría tenido varias muy buenas para elegir. Estaban cerca de él la Virgen María, María Magdalena e Isabel, pero yo creo que Jesús vio que no se trataba de una tarea fácil. Y, a pesar de tanto que se ha hablado, no ha habido, a partir de la decisión de los anglicanos, una gran cantidad de ellas que se ordenara. Creo que la mujer debe dar su apoyo al hombre. Yo estoy casado y soy cura, pero no lo es mi mujer. Ella me apoya y me ayudará en mis obligaciones pastorales. ¿Qué pasos ha seguido su caso? -Escribí a la Conferencia Episcopal de Madrid, como también lo hice a Canadá e Inglaterra. Pero la primera respuesta positiva fue la de Madrid, que se unió a la petición del obispo de Tenerife, Felipe Fernández, que dijo que me necesitaba en el sur de la isla, porque había una misión para mí, dada la gran cantidad de ingleses que allí viven y que no tienen una iglesia católica donde se diga la misa en su lengua. ¿Ya conocía España? -Una de mis hijas estudió en la Universidad de Salamanca. Allí conoció a su marido, que es médico. Cuando vinimos a su boda, con mi mujer, Patricia, nos quedamos unos días de vacaciones, nos dimos cuenta de que esto nos gustaba y que la cocina española era exquisita (se ríe) Yo sabía que al tratarse de una lengua distinta de la mía constituía todo un desafío. ¿Cuánto tiempo lleva aquí? -Tres años. Para mí y mi mujer, ahora nuestro país es España, lo hemos adoptado como si hubiésemos nacido aquí. Dejamos otro al que amamos, como Zimbabwe, en el que reina la pobreza y en el que hoy los curas son perseguidos por las autoridades. Pero yo no me escapé de allí, sino que quise ir a un lugar donde no fuese conocido por todos como un pastor anglicano. ¿Cree que será aceptado? -Yo sé que la gente en la Iglesia puede preguntarse: ¿cómo puede ser, ahora resulta que tenemos un cura casado? Sé que pueden señalarme. Pero mi caso es una excepción y no implica, de ninguna manera, un cambio en la Ley de la Iglesia que, simplemente, me acepta como lo que soy. Vengo de otra Iglesia que aceptaba el matrimonio de sus pastores, no se trata de que yo soy un sacerdote católico que reclamo para mí el derecho a casarme. -Al no dominar la lengua, no podrá decir la misa en castellano. -Lo más probable es que me toque ir al sur de la isla. Hay allí colegios de británicos con cientos de niños que creo que me necesitan. Proclamaré el Evangelio en inglés, enseñaré en inglés y, por supuesto, diré la misa en inglés. No seré el big boss (el jefe) allí, estaré bajo la tutela del cura párroco, esa ha sido una condición puesta por la Santa Sede. Tendremos que hacer algo así como relaciones públicas, para que la gente del lugar sepa que voy a estar allí para atenderles espiritualmente en todo lo que necesiten. Quizás yo no tenga la respuesta para todo, pero me pondré en ello. ¿Cómo conciliará la vida sacerdotal con la matrimonial? -Cuento con los veinte años en que he sido pastor anglicano. Ahora sólo me planteo cómo contribuir a la Iglesia católica como sacerdote casado. Tendré que unirlo con los problemas que enfrenta cualquier persona en su vida matrimonial. Quizás tenga que pasar muchas horas fuera de mi hogar y atender llamadas a altas horas de la noche de personas que necesitan mi ayuda, pero Patricia, mi mujer, acepta y entenderá este tipo de demandas. ¿Cree que tendrá una sensibilidad especial para ciertas cuestiones, por estar casado? -Uno de los grandes problemas del mundo de hoy es el divorcio, con hogares que se rompen y dejan en una situación difícil a los niños. Espero que yo pueda ayudar a la gente a combatirlo desde mi lugar tan peculiar. Quizás esté, incluso, en una mejor posición para entender los problemas del matrimonio y explicarlos a mis feligreses. Cuento con mi propia experiencia.