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ABC MARTES 23 8 2005 Opinión 5 MEDITACIONES LA AMIGA AMERICANA A voz cantante socialista en la defensa del despliegue de tropas en Afganistán, que incluye el deshacerse en elogios y ditirambos castrenses hasta con Estados Unidos, la lleva estos días Trinidad Jiménez. ¿Lógico? Según y cómo. Como secretaria de Relaciones Internacionales, parecería normal. Claro que más lógico aún sería que el ministro de Asuntos Exteriores mostrase la misma locuacidad e idéntico entusiasmo en el asunto. Y no es así. Si a esto unimos que fue la vicepresidenta del Gobierno la que tuvo que ir de país en país cerrando las asistencias a la Cumbre Iberoamericana de Salamanca, nos dibuja a un Miguel Ángel Moratinos en recesión mediática. Por ahora son sólo dos detalles, aunque significativos, pero da la impresión de que alguien le está moviendo la silla a alguien. MARCO AURELIO L LEER Y PENSAR INTERNACIONALIZARSE PARA COMPETIR FE, VERDAD Y TOLERANCIA DE JOSEPH RATZINGER Ediciones Sígueme Salamanca, 2005 227 páginas 18 euros A La verdad y el amor Está muy extendida la pretensión de que la convivencia entre culturas exige (al menos, de la europea) la asunción del relativismo, y que la paz entre las religiones requiere el abandono de su pretensión de expresar la verdad. Se va difundiendo cada vez más la convicción de que sólo renunciando la fe cristiana a sus pretensiones de ser la verdad puede el cristianismo reconciliarse con la modernidad. ¿Es posible o deseable seguir manteniendo hoy día la pretensión de ser la verdad absoluta? ¿Cómo puede compaginarse esta pretensión con la búsqueda de la paz entre las religiones y entre las culturas? El libro de Ratzinger, hoy Benedicto XVI, contiene un esclarecedor planteamiento de estas preguntas y una excelente respuesta. La libertad no puede consistir en la destrucción de la verdad, sino que, por el contrario, es la verdad la fuente y la condición de la libertad. Y también de la paz. La aparente paradoja se desvanece si comprendemos que la verdad y el amor son idénticos. Ésta es, según Ratzinger, la suprema garantía de la tolerancia. IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA cada indicio de la mala salud económica de Alemania pensamos que los alemanes cualquier día se saldrán del apuro. Sí, cualquier día se pondrán a trabajar y volverán los buenos tiempos del milagro alemán y del modelo capitalista renano. Será optimismo antropológico o candor económico, pero pensamos más o menos lo mismo cuando oímos hablar de agotamiento del modelo de crecimiento español. Sí, cualquier día el impacto de una recuperación acallará los malos augurios. En realidad, erramos en la evaluación de los riesgos porque la pérdida de competitividad corresponde a una época emergente de transnacionalizaciones empresariales. Ante el nuevo paradigma de competitividad, el Círculo de Empresarios propone objetivos de superávit presupuestario, fiscalidad que fomente la generación de ahorro privado, supresión definitiva del Impuesto sobre el Patrimonio, reducción del tipo impositivo del VALENTÍ Impuesto sobre las Sociedades, desreguPUIG lación y flexibilidad del mercado de trabajo. Lo fundamental es, sobre todo, incentivar el capital humano en los horizontes de la meritocracia. Universidad y empresa, afectadas una por el corporativismo y otra por el a corto plazo, necesitarían imbricarse en nuevas redes de conocimiento. Sector público y sector privado requieren de mayores inversiones en I+ D. El catálogo es extenso y su lema principal es que para competir hay que internacionalizarse. La referencia de diagnósticos tan claros no garantiza una evolución positiva de la dolencia. Todo el debate francés en torno a las tesis sobre el decaimiento económico descrito por Nicolas Baverez no ha logrado solventar las abundantes inercias de la sociedad francesa. En el caso alemán, el lastre de la Alemania oriental induce a nuevos pesimismos y mucho más cuando resulta que la reacción no consiste en trabajar más y mejor sino en proponerse votar a la izquierda que representa Oskar Lafontaine, la más retrógrada frente a la economía social de mercado. Los sondeos le convierten en la tercera fuerza parlamentaria del próximo Bundestag. Algo de eso se percibe también en España, cada vez más inmersa en la cultura de la dependencia, y en una Francia que vota no a Europa porque la ve envuelta en azufre neoliberal. De todos estos males, alguna culpa tendrá el consenso socialdemócrata, al que no siempre ha plantado cara el centroderecha europeo. Del pacto socialdemócrata con el sindicalismo viene la rigidez de los mercados laborales y, como es el caso de España, unos costes laborales que no corresponden con la productividad y que generan deslocalizaciones. Según el Círculo de Empresarios, también estamos perdiendo competitividad en los mercados nacionales, en un momento en el que más que nunca quien no es capaz de competir fuera tampoco podrá hacerlo dentro La gravísima crisis demográfica envuelve como un pastel milhojas el debilitamiento económico y la impersonalidad política de la Unión Europea. La idea del soft power europeo o incluso la noción de gigante económico y enano político van a ir a parar al dique seco. Indudablemente, la realidad productivade todos los días es enorme y el potencial no tiene fin, pero estamos ante un vacío de la voluntad y una ausencia de destino. También los costes de la Europa social algo tienen que ver con los compromisos de la socialdemocracia. Esa Europa social es uno de los experimentos más notables del eufemismo porque consiste en revitalizar la institucionalización del pacto sindical tras la caída del muro de Berlín y el big bang de la globalización. En este aspecto, los sindicalistas no necesitan de mundialización para competir: el billete a Bruselas ya lo tienen gratis. Fueron muy prestos la UGT y CC. OO. en propugnar el sí al Tratado Constitucional europeo. Para el resto de los españoles la situación no es como esas tormentas de verano que nos dejan en calzoncillos sacando agua del garaje. Es cierto queSostres controla la máquina calculadora pero Zapatero tiene ganas de cocinar un pastel igualitarista. Ahí el I+ D no le vale como guinda. vpuig abc. es