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ABC LUNES 22 8 2005 43 CLÁSICA Festival de Santander María Esther Guzmán (guitarra) Obras de Millán, Holborne, Mudarra, Cutting, Narváez, Dowland, De la Cruz, Marco, Jacinto y Cruz de Castro. Lugar: Iglesia de Santa María de Udalla. Cantabria. Fecha: 20 de agosto. MIRADAS AL QUIJOTE COSME MARINA D Luis Romero, en su despacho rodeado de libros, unos fieles amigos que le han acompañado toda su vida tista de Figueras: Aquel Dalí Todo Dalí en un rostro y Dedálico Dalí Atesoraba sus pláticas con el pintor que utilizaba preferentemente las palabras esdrújulas y percutantes viajes, jornadas de hemeroteca, fotografías. Vio cuadros y dibujos poco conocidos, conversó con compañeros de la Residencia de Estudiantes. Entre las obras dalinianas destaca su Torero alucinógeno y la afición del ampurdanés por los toros. Quise tener una visión distanciada, de conjunto, del problema español. No sentía odio hacia nadie Pla era un hombre que gustaba de las cosas sencillas y Eugenio d Ors tenía una personalidad especial vil a las acometidas del toro. Le digo a Romero que ha sido una lástima que su arsenal de vivencias y libros dalinianos no se incorporasen al Año Dalí. Me dice que él siempre ha ido por libre. Que se ha ganado bien la vida y que puede releer sus obras con la cabeza alta. No encontrará en mis libros manipulaciones; algún error leve, en todo caso... Me señala una página de Tres días de julio Mire... Aquí hay una equivocación que he subrayado: donde dice Madrazo debe poner Maria- Una suite en el Ritz Frecuentaba las plazas de Figueras y la Monumental de Barcelona donde ocupaba la primera fila de la barrera. Los matadores les brindaban sus faenas y él los invitaba a tomar una copa en la suite que ocupaba siempre en el Ritz. Con Luis Miguel Dominguín, dice Romero, Dalí mantuvo una gran amistad y llegaron a proyectar una corrida surrealista La Tauromaquia también servía al pintor para explicar la conducta de Franco y su permanencia en la Jefatura del Estado. Comparaba al general con Don Tancredo, el hombre que permanece siempre inmó- no Cubí: una calle equivocada, nada de importancia. Allí vivía Miguel Maura, con quien compartí largas horas recordando la República... Ya no queda gente así. Cuando acabábamos la conversación me acompañaba hasta el ascensor y permanecía impertérrito hasta que no llegaba a la planta; eso era educación: el sentido de la deferencia. Le pregunto si ha leído Soldados de Salamina y me contesta que ese libro tiene algo que no me llega a convencer Le señalo otra fotografía en la que aparece con Tarradellas. La fecha. Cadaqués, 1979. Vino a inaugurar un museo. Estuvimos largo rato en silencio contemplando el paisaje y no hablamos ni una palabra de la Guerra Civil... Le pregunto otros detalles, pero la memoria le traiciona. Lo encontrará en mis libros... Me acompaña con el mismo señorío hasta el replano de la escalera. Cuídese le digo. Viene una ola de calor. Hemos de ser fuertes y soportar lo que venga: y en verano hace calor responde. La chica del servicio le dice que la comida estará a la una y media. entro de los mil y un homenajes al Quijote que este año dominan el mapa cultural español el del Festival Internacional de Santander (FIS) fue ambicioso al presentar un programa que propuso un recorrido fascinante, puente entre la creación contemporánea y el esplendor renacentista del siglo XVI. La maestra de ceremonias fue una de nuestras intérpretes más exigentes, la guitarrista María Esther Cuzmán. En la primera parte ofreció una cuidada selección de música para vihuela y laúd del siglo XVI de autores españoles e ingleses, realizada a la guitarra. En la exquisita musicalidad de Guzmán brillaron especialmente la Fantasía III de Alonso Mudarra o el hermoso ciclo de John Dowland. La guitarrista se recrea en un repertorio que interpreta con naturalidad innata que fluye a través de aproximaciones profundas, sinceras alejadas de lugares comunes. Tras el descanso llegó el turno de los estrenos de cuatro de nuestros más significativos creadores, presentes en el concierto, que desde ópticas y generaciones distintas aportaron novedosas vías al instrumento y al copioso acervo musical quijotesco. Abrió fuego Zulema de la Cruz con una sutil Cueva de Montesiones integrada en una serie camerística sobre el Quijote. La obra explora con lucidez la sonoridad de la guitarra con citas renacentistas que se funden en una textura bella, de profundo carácter onírico. Tras ella, la hermosa Cabalgata de Dulcinea y Aldonza de Tomás Marco supuso un acercamiento libre al mundo quijotesco a través de una partitura rigurosa, madura, en la que el lirismo se entremezcla con una rítmica dinámica y expresiva. También Javier Jacinto permitió a la intérprete con su Preludio y fantasía de D. Quijote jugar con la improvisación empleando un material musical de altos vuelos que camina con brío hasta una resolución de gran brillantez. Como cierre, Carlos Cruz de Castro propuso en Alucinaciones de Don Quijote un sugerente itinerario musical que arrancó de forma incisiva con un pulso percutivo sobre el puente del instrumento y que jugó con las posibilidades expresivas de la guitarra empleando un torrente de ideas y hallazgos asentados en un original planteamiento dinámico y armónico.