Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
22 Internacional LUNES 22 8 2005 ABC Frijoles rojos con tocino, yogures de exóticos sabores, café orgánico... Los almacenes venden y exportan más de veinte productos comercializados por ex cultivadores de coca Colombia consume paz TEXTO Y FOTO ALEJANDRA DE VENGOECHEA. CORRESPONSAL BOGOTÁ. Aunque para muchos esta solución pretende tapar el sol con los dedos, para otros es sin lugar a dudas una esperanza. ABC habló con quienes apostaron por la legalidad. Esta es la historia. Cuenta que el día más triste de su vida fue cuando dejó de cultivar la coca. Era dueño de cuatro hectáreas. Desde los 15 años- -hoy tiene 29- -me aventuré en el negocio. Le debo todo a la droga dice mientras al otro lado de la línea suenan las rancheras mexicanas, populares en los pueblos del sur donde se produce el 50 por ciento de la cocaína que se consume en el mundo. Marcos Baquero vive en el Guaviare, un departamento caluroso y húmedo al sureste del país. San José del Guaviare, la capital, ha sido desde siempre meca de colonos y de bonanzas: del caucho primero, de la coca después. Por estos días, sin embargo, la noticia es que la opulencia se acabó en el pueblo. Desde 2002, cuando el presidente Álvaro Uribe tomó las riendas del país y prometió fumigar hasta el último arbusto de coca, empezó por el Guaviare, el paraíso de la droga. Los resultados son contradictorios. Si bien es cierto que disminuyeron las hectáreas de coca cultivadas en Colombia- -según las cifras de EE. UU. de 144.400 en 2002, a 114.000 en 2004- el negocio se trasladó a otros departamentos y países. Nos tocó cambiar va contando Baquero. Los insumos para producir la coca se volvieron costosos, el negocio se puso difícil, la Policía empezó a apretar Porque la necesidad tiene cara de perro, como él mismo dice, un día se fijó en una casa de dos plantas situada a sólo 18 kilómetros de San José. Era la sede de la Asociación de Ganaderos Ecológicos del Guaviare (Asogeg) una cooperativa que desde finales de los noventa se dedica a apoyar a todo aquel que quiere dedicarse a los cultivos lícitos. Baquero es hoy el presidente de esta sociedad compuesta por más de un centenar de ex cultivadores de coca que administran uno de los negocios con mayor futuro: la venta de yogures de frutos amazónicos, que causan furor en los hipermercados de Bogotá. El precio de la tranquilidad Nos traen mensualmente 400 yogures y se nos agotan en menos de una semana. A la gente le ha gustado no sólo por el sabor particular, sino porque conocen que los yogures son fabricados por ex cultivadores de coca. Se sienten con la responsabilidad de consumir paz le contaba a este diario Mario Acevedo, portavoz de Carrefour, la cadena de supermercados francesa que desde 2001 compra productos alternativos. Hoy, los yogures son la última novedad de los veinte productos que unas 3.000 familias campesinas han colocado con éxito en el mercado. Algunos incluso ya están siendo exportados, como los cafés orgánicos y los fríjoles rojos, reclamados en México y Jamaica. Productos alternativos, cultivados por ex cocaleros, en una tienda de Caracas Se requieren instituciones fuertes. Erradicar, sustituir son pañitos de agua tibia en los países productores Aposté por el negocio porque vi que había apoyo internacional explica Baquero, quien no cambia su salario de 300 dólares mensuales- -frente a los 1.700 dólares que ganaba en el cultivo de coca- -por la tranquilidad de hoy. Los expertos, sin embargo, no apues- tan todas sus fichas a este proceso. Para Francisco Thoumi, director del Centro de Estudios y Observatorio de Drogas, el problema no se arregla con políticas como sustituir cultivos. Se requieren instituciones fuertes, reformas profundas del Estado. Erradicar, sustituir, son pañitos de agua tibia entre los países productores Marcos Baquero está de acuerdo. Pero lo pone en otros términos. El día que lo dejen de apoyar, volverá a los cultivos ilícitos. ¿Y los yogures? Duda. Ya sabe cuánto vale la tranquilidad. Y eso es una gran ganancia. EE. UU. CHÁVEZ Y LA DEPENDENCIA DEL PETRÓLEO CARLOS ALBERTO MONTANER H ugo Chávez ha vuelto a amenazar a Estados Unidos con cancelarle las ventas de petróleo. Lo hizo en medio de un tribunal antiimperialista con que en estos días de verano se han entretenido los chavistas. Según Chávez, si Venezuela le deja de vender petróleo a Estados Unidos ya tiene un cliente sustituto. No lo menciona, pero, obviamente, se refiere a China. Diariamente surcan rumbo a Estados Unidos dos grandes barcos cargados de combustible venezolano. Esos sesenta barcos mensuales significan aproximadamente el 16 por ciento del petróleo que Estados Unidos importa. No es imposible buscar otras fuentes parciales de suministro, pero en este momento cualquier enfrentamiento entre Washington y Caracas hará aumentar aún más el precio del petróleo. Según los cálculos de los especialistas, cuando el barril llegue a 94 dólares estadounidenses- -hoy se mueve en torno a los 64- -es posible que ese aumento provoque una recesión en la todavía hoy pujante economía norteamericana, como sucediera en 1973, 1981 y 1990. Chávez, pues, ha elegido acertadamente el momento de lanzar sus bravuconadas. Si Estados Unidos entra en recesión se produce una reducción de las importaciones norteamericanas, suele caer la Bolsa, los inversionistas se inhiben, el dinero se esconde tras el oro o tras instrumentos financieros seguros y el resto del planeta sufre las consecuencias. Es casi inconcebible que los afiebrados líderes de la izquierda bananera no hayan descubierto que cuando al primer mundo le va bien, todos los países, en alguna medida- -la medida de su eficiencia económica- progresan, y cuando le va mal, todos se hunden. Pero tan asombrosa como la suicida ignorancia de la izquierda bananera, que es capaz de quedarse ciega con tal de que Estados Unidos pierda un ojo, es la pertinaz e imperdonable imprevisión estadounidense. Desde 1973 los norteamericanos descubrieron que no podían depender de las importaciones de petróleo, especialmente porque una buena parte de las reservas de combustible se encuentra en territorios políticamente inestables y potencialmente hostiles a Estados Unidos. Desde entonces, todos los presidentes norteamericanos han asegurado que van a poner fin a esa fatal servidumbre y no lo han hecho. Irresponsablemente, todos han jugado a corto plazo, amarrados por intereses económicos sectoriales, limitándose a es- timular medidas parciales que han dejado el problema en el exacto punto de partida. Es verdad que no hay fuente de energía más barata que un barril de petróleo situado por debajo de los treinta dólares, pero esa cuenta es demasiado sencilla para ser cierta. ¿Cuánto cuesta el respaldo político y militar a Arabia Saudí y a los Emiratos? ¿Cuánto han costado las recesiones provocadas por el alza del petróleo en los setenta, ochenta y noventa? ¿Cuánto costará la próxima recesión si el barril llega a 94 dólares? Billones, tal vez trillones de dólares se evaporan incesantemente como resultado de contrastar de una manera simplista el valor industrial promedio del barril de petróleo frente a la energía fotovoltaica, eólica, atómica o al resto de las opciones disponibles, sin introducir en la ecuación el inmenso costo oculto de la dependencia petrolera y de las crisis periódicas que ésta provoca. ¿Será la crisis con Venezuela el punto de partida de una actitud más seria y madura por parte de Estados Unidos en materia energética? Ojalá. Ya es hora de que eso suceda.