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ABC LUNES 22 8 2005 19 La presencia de EE. UU. en Irak puede prolongarse otros cuatro años más, según informes del Pentágono Portugal pide ayuda a la UE para extinguir los incendios que han asolado ya un 4 por ciento de su territorio Será la batalla más dura de la Operación Confraternidad Centenares de radicales judíos se han atrincherado, muchos de ellos armados, en los asentamientos de Sa Nur y Homesh para impedir su evacuación La fortaleza de los colonos en el territorio comanche de Cisjordania J. CIERCO AFP Homesh y Sa Nur, en el norte de Cisjordania, en las sinagogas de las colonias desmanteladas, donde los extremistas y soldados, que no dejaban de mirarse con el rabillo del ojo, oraban juntos entre lágrimas antes de liarse a la manta a la cabeza. Como simbólica fue también, con cinco sillas vacías, tocadas con el lazo naranja característico de los opositores al Plan de Desconexión de Sharón, la despedida oficiada en la colonia de Katif, con su barrera de fuego en la puerta, a la familia Hatuel. En mayo de 2002, Tali Hatuel, de 32 años, y sus cuatro hijos de entre 2 y 11 años de edad, fueron acribillados a balazos en una emboscada palestina en las cercanías del cruce de Kissufim. Ayer, rodeado por sus vecinos, por sus familiares, David, el marido de Tali, el padre de los cuatro pequeños, lloraba desconsolado en un adiós para él sin duda más doloroso. JERUSALÉN. Se creen la última esperanza judía para hacer realidad ese Gran Israel que comienza a quedarse pequeño, según dónde se mire. Dicen estar dispuestos a todo con tal de mantener su modus vivendi rodeados de aldeas palestinas por los cuatro puntos cardinales. Aseguran llevar sobre sus espaldas todo el peso de la responsabilidad en esta particular guerra entre hermanos por la tierra prometida, sobre todo después del fiasco de la resistencia en los asentamientos de Gaza. Los extremistas judíos atrincherados en Sa Nur y Homesh, dos de las cuatro colonias que deben ser evacuadas en el norte de Cisjordania dentro del Plan de Desconexión de Ariel Sharón (las otras dos, Ganim y Kadim, han visto cómo las 105 familias que en ellas residían se marchaban por su propio pie antes de que expirara el ultimátum del Ejército) han almacenado comida y agua en las últimas semanas en las sinagogas; han preparado hasta el último detalle (pintura, ácido, palos, piedras, aceite... para defender sus bastiones; se han aprovechado, los de Sa Nur, de la fortaleza británica de tiempos del mandato (lo que demuestra su valor estratégico) que preside la colina cercana a Nablus y han prometido llevar hasta el final su lucha. Ayer, atacaron con piedras y botellas incendiarias a policías israelíes y pincharon las ruedas de sus vehículos. Todo esto, sin embargo, ya se vivió de un modo u otro la pasada semana en Gush Katif y se siguió dando ayer en colonias evacuadas, como las Atzkmona o Katif. No suponen pues estas iniciativas una gran preocupación para las Fuerzas de Seguridad israelíes ante su monumental despliegue en la Operación Confraternidad Lo que les preocupa, y mucho; lo que les inquieta, cada vez más a medida que se acerca la hora de la verdad, es la certeza que tienen sobre el almacenamiento de armas en ambos enclaves. en la Galilea (cuatro muertos) y contra viandantes palestinos en Cisjordania (otros cuatro) Las 95 familias que residían habitualmente en dos de los asentamientos más radicales y aislados de Cisjordania, unas 350 personas en total, se han marchado en su mayor parte a lo largo de las últimas semanas, de los últimos días. La última resistencia Quedan los extremistas de acné fresco, algunos llegados de Gaza para seguir su lucha, tal y como gritaban al ser evacuados de Neve Dekalim; los iluminados que hablan con un Dios que no cree en ellos; los ultranacionalistas ansiosos por expulsar, bañados en un racismo a prueba de cualquier desinfectante, a todos los palestinos, a todos los árabes que les rodean. Quedan los zelotes integristas que niegan el derecho a un judío de expulsar de su tierra a otro judío, pero no hacen ascos a la hora de rociar con ácido la cara de un soldado o de un policía judíos. Dos mil extremistas anárquicos, sin liderazgo capaz de negociar una salida concertada con las autoridades castrenses, que entregan a cuentagotas y regañadientes sus armas para evitar incidentes durante la operación de desalojo. Su portavoz, Yossi Dagan, lo tiene claro: Lucharemos con el corazón y el alma, no con las manos ni las armas Habrá que verlo. Locura colectiva Armas que no creen vayan a ser a la postre utilizadas contra los soldados a caballo, contra los policías con sus cañones de agua pero que, en cualquier caso, están en manos de extremistas iluminados, capaces de todo con tal de pasar a su particular historia de locura colectiva y vengar así la frágil resistencia ofrecida en Gush Katif. Ahí están para corroborarlo los ataques de colonos, con parecido currículum a los de Sa Nur y Homesh, contra el autobús repleto de árabes- israelíes Lucharemos con el corazón y el alma, no con las manos ni las armas asegura Yossi Dagan Borrar los últimos restos En paralelo a las últimas evacuaciones, unas más forzosas que otras, los colonos de Slav, de Eli Sinai, Duguit y Nisanit salieron por su propio pie, el Ejército israelí acelerará las demoliciones de las viviendas de los asentamientos (ayer Duguit y Peat Sadeh) tal y como acordó con la Autoridad Nacional Palestina. Los trabajos se demorarán varias semanas. Sólo entonces podrán entrar en ese territorio ayer ocupado, hoy evacuado, mañana recuperado, los miles de palestinos deseosos de hacerlo. Pero eso será ya otra historia, sin duda, cargada también de simbolismo. Una mujer llora ante los soldados que acaban de expulsarla de su casa en la colonia de Atzmona, en la Franja de Gaza AFP