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4 Opinión LUNES 22 8 2005 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: IGNACIO CAMACHO Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil 11- M: CUESTIONES SIN RESOLVER BC desvela hoy que, de acuerdo con lo recogido en el sumario del 11- M, la Policía detectó una reunión en la que algunos integrantes de la célula que perpetró el atentado cambiaron drogas por armas. En la lista de asistentes a esa cita, facilitada al juez por un testigo protegido, aparecen Jamal Ahmidan, El Chino -encargado de la adquisición de explosivos del grupo terrorista- y Rafá Zouhier, confidente policial hoy en prisión por su implicación en el atentado de los trenes y personaje contradictorio cuyo papel en los meses previos a la matanza está por aclarar. Cada vez parece más claro que los terroristas del 11- M formaban parte del entramado delictivo reconocible, situado muy lejos de la clandestinidad y poroso incluso hacia otros modelos criminales, como los tráficos de drogas y de armas. Pese a ello, y a sus visibles movimientos en el entorno de numerosos confidentes, dicha trama no fue detectada a tiempo, aunque la proliferación de datos dispersos en poder de las Fuerzas de Seguridad permite conjeturar hasta qué punto pudo ser posible que algunos elementos de las mismas dispusieran de la posibilidad de cuadrar el puzzle criminal en las horas de confusión que siguieron al atentado. A UNA CONFERENCIA PARA LA DISCORDIA NA de las citas más relevantes del calendario del nuevo curso político habría de ser la segunda Conferencia de Presidentes autonómicos, idea personal de Rodríguez Zapatero, quien la expuso en su discurso de investidura como un instrumento para recuperar el diálogo político con las comunidades autónomas La idea matriz de este encuentro era común a tantas otras iniciativas de Rodríguez Zapatero: elaborar la imagen de un Gobierno que, a diferencia de los de Aznar, iba a ser tolerante e integrador. En la primera reunión de esta Conferencia se vio, sin embargo, que la fotogenia primó sobre la política y el resultado fue una sesión protocolaria, en la que cada presidente autonómico sólo dispuso de pocos minutos para intervenir. La reunión prevista para septiembre no tiene fecha, ni orden del día. En todo caso, se celebrará en un contexto difícil para la política territorial del Ejecutivo, en la que el balance, lamentablemente, se calcula por fracasos. Transcurrido más de un año desde su toma de posesión, no hay problema de este capítulo de la agenda nacional que esté en visos de solución y, además, se han creado otros de nueva planta, no menos graves. La fotografía de la cohesión parece que no va a ser posible. La España que Zapatero prometía cómoda para los nacionalistas se descose para los que no lo son. El nuevo Gobierno vasco mantiene su propuesta soberanista con el apoyo renovado y camuflado de ETA, mientras en Cataluña son los socios del tripartito los que se hacen la oposición entre sí y amenazan con desestabilizar al Gobierno central. Galicia, también de la mano socialista, recalienta el debate proclamando ahora su carácter nacional. Mientras tanto, comunidades desde siempre bien incardinadas en la identidad nacional se sienten agraviadas económica o culturalmente por las preferencias del Ejecutivo central hacia el tripartito que preside Maragall y en ellas se extiende la percepción de que con el Gobierno de Rodríguez Zapatero, dicho claramente, tienen más carrera los que se dedican a negar la idea de España que los que creen en ella. Por eso, la próxima reunión de la Conferencia de Presidentes no sólo puede ser la ocasión para relativizar la política de bloques que divide normal- U mente a las autonomías- -gobierno socialista, gobierno popular- sino también podría escenificar y ahondar nuevas divisiones, más graves y profundas, que alcancen a los sentimientos de los ciudadanos, pues, tras este primer año largo de Gobierno del PSOE, se han puesto en riesgo la igualdad entre los españoles y la solidaridad entre las regiones. Por ejemplo, las pretensiones del tripartito catalán sobre un sistema de financiación específico para Cataluña han encontrado tanta o más oposición- -y con un lenguaje más virulento, sin duda- -en algunos barones del PSOE que en la dirección del PP. La llamada tensión territorial no se ha aminorado donde ya estaba encendida y ha surgido donde no la había. Por eso tendrá que esforzarse Rodríguez Zapatero para ofrecer algo a los presidentes autonómicos y encontrar argumentos de peso para dar contenido material a estos encuentros, sin implicar, de forma oportunista, a otras instancias del Estado para darle cobertura. El problema de fondo es que esta Conferencia de Presidentes no tiene un contexto estratégico concreto, carece de una definición política que la conecte con objetivos integradores, con un modelo de relación Estado- comunidades autónomas que justifique encuentros de esta naturaleza. Sin embargo, si quisiera, Rodríguez Zapatero podría aprovechar la ocasión para hacer una reflexión seria sobre la situación del Estado autonómico, pero en un sentido distinto al que predetermina todo debate al respecto, es decir, siempre abocado a escrutar las formas de rebajar la presencia del Estado y aumentar el peso de las autonomías. La Conferencia planteada por el jefe del Ejecutivo es, en fin, un mero ejercicio utópico, porque para empezar sus conclusiones (si es que se llega a alguna, habida cuenta de la división existente) no contarían con un encaje legal firme. La idea de Zapatero rescata el viejo aserto que asegura que cuando no se quiere arreglar un problema se crea una comisión de estudio de ese problema. En las vísperas de la Conferencia faltan voces, sobre todo una: la del presidente del Gobierno que ha de aclarar su modelo de nación, sometido al parecer a contradicciones por el momento insuperables. Mientras esto no ocurra, poca será su utilidad. Jamal Ahmidan El Chino La cuestión que es menester aclarar es, por un lado, en el ámbito sumarial, qué ocurría con la información que el confidente Zouhier pasaba a sus contactos policiales, a quién se los pasaba y qué credibilidad tenía, amén de qué uso se hacía de ellos. Su condición de confidente de las Fuerzas de Seguridad señala que el grupo que perpetró la matanza, o al menos algunos de sus integrantes, estaban en los aledaños del corpus de información del que podían disponer la Policía y la Guardia Civil. Siempre partiendo de la base de que- -en principio- -el perfil del sujeto le aproxima más a la condición de delincuente que a la de colaborador del orden, está por determinar la valía o certidumbre de sus informes y si, como él mismo ha sostenido en su confusa y contradictoria zarabanda de declaraciones, pudieron tener algún valor para prevenir la matanza. El fracaso de la comisión de investigación permite apuntar a que deberá ser el ámbito judicial el encargado de arrojar luz sobre estos puntos oscuros. Es de esperar que el juez Del Olmo y sus colaboradores pongan en ello el empeño necesario antes de cerrar la pesquisa judicial. LECCIONES PAPALES A visita de Benedicto XVI a Colonia ha sido una constante lección de ejemplaridad y ha servido para terminar con los recelos y los juicios apriorísticos con los que fue recibido por determinados sectores- -curiosamente los que muestran más desafecto a la Iglesia- -cuando accedió a la silla de Pedro. Su primer baño de multitudes ha descubierto un hombre dispuesto a ejercer el liderazgo de una Iglesia que afronta su tercer milenio de historia en medio de infinidad de dificultades y retos. El primero, y más acuciante, es poner freno a la espiral de violencia protagonizada por el terrorismo islamista. Su utilización de la fe en su luchacontra Occidente coloca a la Humanidad en el disparadero planetario de una posible confrontación que hiciera reverdecer la terrible experiencia de las guerras de religión vividas por Europa algunos siglos atrás. En este sentido, las palabras de Benedicto XVIa los imanes musulmanesen Alemania han sido valientes, ya que les ha dicho que el Islam no puede ser tolerante con la violencia ni alojar en su seno corrientes de fe que estimulen el totalitarismo. Merece destacarse, también, su crítica al antisemitismo, L porque crece nuevamente en el solar de un continente que hace apenas unas décadas condujo a millones de judíos a las cámaras de gas, poniendo así de manifiesto que, por un lado, la memoria es más endeble de lo que algunos suponen y, por otro, que las fuentes inconscientes que alimentaron el horror del nazismo no han sido del todo erradicadas. Pero también supone un reto la creciente erosión de la espiritualidad y el sentido de trascendencia que vive en su seno Occidente. Aquí, el mensaje dirigido a los jóvenes ha sido determinante ya que los ha hecho portadores de una responsabilidad histórica: evitar que vivan la fe como un producto de consumo más ya que, de hacerlo así, extinguirían definitivamente las escasas reservas morales y éticas que aún subsisten en nuestra civilización occidental. Y para ello pidió un mayor compromiso de la juventud, compatible con el mero mantenimiento de los ritos. Sobre todo porque son ellos quienes asumirán la tarea de gestionar el futuro, eludiendo la arquitectura amoral, hedonista, utilitaria y materialista en la que ha desembocado nuestra civilización iniciado el siglo XXI.