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ABC DOMINGO 21 8 2005 Los domingos 41 Recepción en Getafe de los militares españoles muertos en Afganistán Hasta pronto, presidente De vuelta a La Mareta, ayer, tras el funeral de Estado hotel Beatriz, en Costa Teguise, para celebrar su aniversario. Casi 117.000 habitantes para una superficie de 846 impresionantemente bellos kilómetros cuadrados. Lanzarote no deja de ser un lugar en el que, por poco movimiento que uno haga, se deja notar. De momento, el presidente se apresuró a pedir disculpas por la evidente presencia del séquito policial. Por lo demás se ha dejado ver más bien poco. Si el ciudadano José Luis y su esposa Sonsoles han ido a montar en camello (en realidad son dromedarios) por el lunar paisaje conejero, o si acompañados de sus dos hijas han tenido la fortuna de echar agua a los géiseres para verla salir disparada y vaporizada, serán los únicos veraneantes de Lanzarote de los que no conste fotografía. El verano presidencial ha estado más ligado al deporte (hasta su lesión muscular) a la lectura (obligada la de los periódicos) y a unas cuantas escapadas casi secretas a calas prácticamente inaccesible, testigos de los baños de la esposa e hijas de Zapatero. También han salido a hacer alguna compra, y han utilizado un spa de un lujoso hotel cercano, pero todo con discreción asombrosa. Pocos han sido los lanzaroteño que han podido ver a algún miembro de la familia, y muchas las quejas del empresariado de la isla, que confiaba en ver al presidente convertido en portada de las revistas del corazón, poniendo de moda la isla canaria. Los partidos del Barça a los que dedicó su ocio por muy lujosa que sea la pantalla elegida, no resultan demasiado promocionales para la isla. Los habitantes de Lanzarote esperan que el presidente les vuelva a elegir como destino, el año que viene (tal y como ha prometido) y esta vez sí, se deje ver. De golpe en golpe El verdadero final anticipado de las vacaciones de Rodríguez Zapatero se forjó en un cuartel de la Guardia Civil en Roquetas. Aunque el acoso y derribo tuvo en el ministro de Interior, José Antonio Alonso, el parapeto necesario, fuentes cercanas a Presidencia confirman que el presidente siguió muy de cerca la crisis. Su siguiente aparición pública, como presidente, tuvo como escenario las dos islas más pequeñas de Canarias. En La Gomera y El Hierro el presidente tuvo que equilibrar sus intervenciones en clave local, con el repaso intenso de los aconteceres nacionales. Como prueba de su atención a la actualidad, sus primeras palabras fueron para el caso Roquetas. El presidente expresó sus condolencias más sentidas a los familiares de la víctima y prometió que no habrá ningún hombre por encima de las leyes También hizo notar que las vacaciones habían cumplido parte de su cometido. Diálogo prometió diálogo y entendimiento al principal partido de la oposición. Tampoco dejó de lado su aprobado al Ejecutivo vasco en su prohibición de la manifestación por la paz de Batasuna. Poco más. El pueblo canario es tradicionalmente exigente. La lejanía física acentúa la sensación de que se está menos en la agenda del Gobierno que Cuenca o Pontevedra, por ejemplo. Por eso, además de regalos tradicionales, bailes y saludos, los gomeros y herreños expusieron su ración de demandas. Casi de forma estudiada, una huelga de controladores aéreos en el aeródromo de la primera isla arrancó al presidente un compromiso de estudio sobre la movilidad y los transportes en Ca- La familia no se ha dejado ver mucho, pese a que a los canarios les hubiera gustado tropezarse con el presidente, su esposa y sus hijas por las calles Las once víctimas del incendio de Guadalajara enlutaron el verano narias. Silbos gomeros, tambores y chácaras (una suerte de castañuelas) energías renovables, lapas, no a las maniobras militares, solomillo, radares en malos lugares, papas arrugadas, financiación para infraestructuras, quesadillas y el vino de Tanajara, devolvieron al presidente a la recta final de su descanso en Lanzarote. Todavía quedaban diez días. Las vacaciones presidenciales habían estado movidas. El equipaje adjunto al cargo se haría notar, pesaría como nunca, apenas tres jornadas más tarde. A miles de kilómetros de la paz canaria, un helicóptero de las Fuerzas Armadas españolas, con 17 militares a bordo, se desplomaba sobre el desierto afgano. Lo de menos, evidentemente, fue la cancelación momentánea de las vacaciones de José Luis Rodríguez Zapatero. El cambio de planes sobre la apertura del curso político desde Tenerife, o las dudas superadas sobre la conveniencia de volver a Lanzarote, aunque sea sólo para recoger sus siete libros, antes de reincorporarse a un curso político que promete un trabajo exigente. El presidente reanudó ayer sus relativas vacaciones en el pequeño paraíso ultraperiférico al que ha prometido volver, a descansar, si puede, mientras siga siendo presidente. AFP Más ruido hicieron las críticas al traslado de inmigrantes de Lanzarote a Fuerteventura, -interpretado por el PP como una limpieza destinada a mejorar el lugar de vacaciones de Rodríguez Zapatero- y las denuncias que los populares canarios intensificaron aprovechando la cercanía del blanco de sus invectivas. El último contratiempo menor le ocurrió jugando al baloncesto. Una lesión le hizo empezar la lectura de sus siete libros anunciados. De paso, se canceló la cena que la familia tenía prevista en el