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46 Sociedad SÁBADO 20 8 2005 ABC Religión El hermano Roger Schutz, asesinado esta semana, con la Madre Teresa, en 1983, junto a niños de Taizé LUC NOVOVITCH Schutz y Ratzinger se saludan en 1978 Miles de jóvenes acuden cada año a la comunidad ecuménica de Taizé, fundada por el hermano Roger en 1940. Es todo un ejemplo vivo de que la unidad entre los cristianos es un reto posible Taizé, el legado del hermano Roger TEXTO: JESÚS BASTANTE MADRID. Iván tiene 34 años y dos hijos. Durante el verano de 1989 viajó con un grupo de compañeros de una parroquia de Madrid a un encuentro de oración en la comunidad ecuménica de Taizé, fundada por el hermano Roger en 1940 y que todas las semanas del año acoge a miles de jóvenes cristianos en busca de silencio, oración y un ambiente de fe impresionante. Quien haya vivido la experiencia de Taizé no tiene miedo a la unidad de los cristianos ni a quien piensa de modo diferente, porque allí todos éramos iguales. Compartíamos tareas, momentos de oración y ratos de ocio En una ocasión, paseando por el comedor, Iván contempló en una de las mesas un dibujo que, 16 años después, sigue sin olvidar. Era una cruz cuyo brazo inferior terminaba con el signo de la interrogación. Debajo, una pregunta en inglés: ¿Por qué? No se buscaban respuestas en Taizé, simplemente se encontraban asegura Iván, quien todavía lleva en su cuello el clásico colgante de Taizé, una cruz en forma de paloma de la paz. Hoy, Taizé llora el asesinato de su fundador. Desde ayer, y hasta la celebración de sus exequias, el próximo martes, el cuerpo del religioso suizo está expuesto en la iglesia todas las tardes. El peregrinar de personas es constante apunta Sofía, una joven estudiante que este verano acudió por tercera vez a la comunidad y que fue testigo indirecto del apuñala- miento de Roger Schutz. Como en buena parte de los que alguna vez han visitado la comunidad ecuménica, las sensaciones tras la muerte del religioso se dividen entre la tristeza y la esperanza en que su muerte ha sido un último gesto de amor Paz y reconciliación Nadie duda de que, tras el dolor por la pérdida de una de las figuras espirituales más relevantes del siglo XX, la vida de la comunidad de Taizé continuará su camino. Tres veces al día se celebran breves oraciones basadas en el Evangelio y cánones meditativos que hoy se utilizan en la mayor parte de los grupos de oración de las parroquias europeas. Dios no creó ni el miedo ni la inquietud, Dios no puede sino darnos su amor El propio hermano Roger resumía de este modo, hace pocos meses, la misión de su vida, en la que la reconciliación entre los cristianos y la búsqueda de la paz cobraban una importancia radical. Muchos de los que han hecho del espíritu de Taizé su modo de vida toman el compromiso de orar por la unidad entre las distintas confesiones cristianas, llegando a formar comunidades de oración de los diversos credos y recalcando la misma fe que une a todos ellos, respetando la diversidad. Una semana en Taizé permite comprender la relación entre una ex- Presencia de amor en el sufrimiento Entre sus obligaciones, los hermanos de Taizé se comprometen a vivir de su propio trabajo, sin aceptar donativo o regalo alguno. Las herencias recibidas son donadas directamente a los más necesitados. En la década de los 50, muchos hermanos fueron a vivir a los rincones más azotados por la guerra y el hambre en Asia, África e Iberoamérica. Intentan compartir las condiciones de vida de aquellos que les rodean, esforzándose en ser una presencia de amor al lado de los más pobres, de los niños de la calle, de los prisioneros, de los moribundos, de aquéllos que han sido heridos en lo más profundo por causa de rupturas de afecto, por los abandonos humanos afirman. Junto a los encuentros semanales con los jóvenes, desde 1978 la comunidad de Taizé organiza encuentros europeos. Hace dos años se celebró en Barcelona, y el próximo invierno tendrá lugar en Milán, presidido por el alemán Alois, católico alemán, designado por Roger Schutz como su sucesor. periencia de comunión con Dios en la oración y en la reflexión personal por un lado, y una experiencia de comunión y de solidaridad entre los pueblos por otro añade Sofía, quien recuerda con mucho cariño cómo jóvenes de todo el mundo acabábamos entendiéndonos, aunque fuera sin palabras, y trabajando en común El propio Papa Juan Pablo II, durante su visita a Taizé en el año 1986, declaraba que se pasa por Taizé como se pasa junto a una fuente. El viajante se detiene, sacia la sed, y continúa su camino El objetivo de la comunidad no es organizar un movimiento en torno a Taizé, sino vivir en sus lugares de origen, lo que el hermano Roger llamó peregrinación de confianza a través de la Tierra tomando conciencia de la vida interior que habita en cada uno y de su relación con muchos otros comprometidos en una misma búsqueda de lo esencial. Desde 1944, momento en que el hermano Roger regresó a Taizé tras su expulsión por el régimen nazi, varias personas comenzaron una vida en común en la localidad francesa. Durante la Pascua de 1949, se comprometieron juntos para toda la vida en el celibato, la vida común y con una gran sencillez de vida. Había nacido la comunidad de Taizé, que hoy reúne a un centenar de hermanos de diversos credos cristianos y procedentes de una treintena de países.