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ABC SÁBADO 20 8 2005 21 Muere Mo Mowlam, ex ministra para el Ulster y artífice de los acuerdos de Viernes Santo de 1998 ETA colaboró con los narcos colombianos y los adiestró en la técnica del coche bomba Han espiado para los servicios secretos israelíes en los últimos 30 años. Lo hacían con la ocupación judía del Sinaí. Lo hicieron también, y sobre todo, en la etapa más dura de la segunda Intifada. Ahora les urge huir El adiós a Gaza de los colonos árabes J. CIERCO AFP una célula terrorista de Al Qaida en Gaza. La guinda para otro pastel indigesto, de los muchos que se cocinan en los hornos oxidados de Oriente Próximo. Ayer, en los de Áqaba y Eilat. basura está por todas partes. El paréntesis del shabat trae la calma deseada. Antes, sin embargo, son evacuadas la colonia y la sinagoga de Gadid (ya sólo quedan cuatro, que serán desmanteladas antes del martes) se cavan fosos de ocho metros en torno a Gush Katif para evitar la entrada antes de tiempo de los palestinos; se preparan las medidas de seguridad para una inminente visita a la zona de Ariel Sharón; comienzan a demolerse algunas caravanas y viviendas de Atzmona, el grueso de las destrucciones vendrá poco más tarde; se piensa en la reubicación de las 26 sinagogas de Gush Katif; se trabaja en el traslado de las 48 tumbas del cementerio... RAFIAH YAM (GUSH KATIF) El pequeño paso fronterizo de Rafiah, entre Israel, Egipto y Gaza, es muy distinto a cualquier otro por el que transiten palestinos y árabes. Aquí apenas hay controles de seguridad. Los transeúntes no hacen cola para cruzar. Ni son registrados de manera exhaustiva. Ni son humillados de manera gratuita. Ni son interrogados. ¿Para qué? Les conocen de sobra. Los soldados que custodian este lugar saben sus nombres y apellidos. Les ponen cara a casi todos. Por aquí pasan, a diario, los beduinos árabes (dicen no ser palestinos, sino tener origen egipcio) que viven en la aldea de Dahaniya, en la puerta de entrada de uno de los lugares más peligrosos del mundo: el corredor Filadelfi, controlado por el Ejército de Israel, que separa Gaza de Egipto. Muchos tienen el documento de identidad israelí, la famosa cartilla azul, que les permite residir en Israel. Otros tienen al menos la naranja, que les otorga cierta, nunca completa, libertad de movimientos. Son, en este sentido, unos privilegiados. Pese a ello, quizás por ello, están más que asustados, aterrados ante la evacuación judía de la Franja de Gaza. Y lo están porque han trabajado, trabajan y seguirán haciéndolo para los servicios secretos del Shin Bet (el Mosad interior) que, a cambio, les entrega esa documentación privilegiada y, llegado el caso, nuevas identida- des, permisos de residencia e incluso la nacionalidad israelí. Son los colaboracionistas palestinos y árabes, que se infiltran en los territorios ocupados y llegan hasta los dirigentes de Hamás y de otros grupos radicales para controlar sus movimientos y facilitar, entre otras cosas, los mal llamados asesinatos selectivos Protegidos como estaban por la cercanía de los asentamientos judíos- -el de Rafiah Yam está a sólo dos kilómetros de distancia- -y por el Ejército de Israel, la evacuación de Gaza les deja solos ante el peligro o, lo que es lo mismo, ante la inminente llegada a sus puertas de miles de palestinos ansiosos de venganza. Desde hace tiempo, muchos de ellos tienen permiso de llevar armas por si acaso. Cuantiosas compensaciones Consciente de la situación, Tel Aviv ha decidido evacuar también a sus colonos árabes, ofreciéndoles incluso compensaciones, una media de 60.000 euros más 3.000 por hijo. No somos espías. Trabajamos para israelíes en sus granjas, en sus tie- La evacuación de Gaza los deja solos ante la llegada de miles de palestinos ansiosos de venganza rras, en sus negocios, no por Israel. Somos beduinos, gente normal que quiere llevar una vida normal dice Mohamed en la puerta del paso fronterizo de Rafiah, negando las acusaciones generalizadas que les han costado en sus filas varios muertos asesinados por sus hermanos palestinos. No quiere hablar más. Tampoco sus compañeros, que nos observan recelosos, aunque bajan la vista antes de cruzarse con nuestra mirada. Quizás miedo. Quizás vergüenza. Prefieren mantener un perfil bajo, un anonimato que les permita comenzar una nueva vida en un lugar alejado de una aldea que ni siquiera aparece en los mapas. Catorce familias limpias de toda culpa aceptaron marchar a Rafah el 4 de agosto. Ayer fueron evacuadas dieciocho a Israel. Otras veinticinco les seguirán en los próximos días. Vivirán en los alrededores de Arad, en el desierto del Neguev, cuyo más ilustre vecino es el novelista Amos Oz. No irán las 67 que conforman la comunidad. En principio, Israel aceptará hacerse cargo de quienes demuestren que están en peligro. Basta con preguntar al Shin Bet, que tiene fichados a todos desde que crearan esta pequeña ciudad fantasma de espías en 1977, cuando se ocupaban de mirar debajo de la alfombra egipcia. Ciudad fantasma, Dahaniya, como lo son muchos de esos espías a sueldo que ansían salir de allí a toda prisa. Abbas se da un baño de multitudes Sólo entonces, no antes de varias semanas, se hará cargo la Autoridad Nacional Palestina del control de una tierra ocupada durante 38 años. Ayer, su presidente, en un baño de multitudes en el campo de refugiados de Rafah, destacó el gran logro de la resistencia y el premio que la evacuación de la Franja supone para los sacrificios de su pueblo. Mahmud Abbas rindió asimismo homenaje a los responsables, en su opinión, del gran éxito cosechado para la causa palestina: los mártires, los prisioneros, los heridos, las familias de las víctimas... Demasiados muertos encima de la mesa, cuando los actores del sempiterno drama palestino- israelí deberían mirar más al futuro que al pasado. Mahmud Abbas se dirigía ayer a sus seguidores para celebrar la evacuación israelí de Gaza EFE