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ABC SÁBADO 20 8 2005 Opinión 7 nios ni otras trabas burocráticas. Todo un ejemplo de las relaciones entre la prensa, la academia y el dinero. El resultado es una crónica excepcionalmente bien documentada, y escrita con amenidad, sobre los acontecimientos que provocaron la crisis, las decisiones que la hicieron posible o la agravaron, y las que no se tomaron y pudieron haberla suavizado. Pero en ningún caso se buscan culpables. No se trata deechar carnazaa las fieras, de alimentar las teorías conspirativas al uso, sino de entender cómo funciona el mundo. Aunque no se preste a hacer una película con puestas de sol espectaculares y bellísimos nativos. LA ESPUMA DE LOS DÍAS PROTOCOLOS UEDE leerse en el etimológico Corominas que protocolo viene del latín y antes del griego con el significado de hoja que se pegaba a un documento para darle autenticidad, propiamente lo pegado en primer lugar y quizá este origen nos dé alguna pista sobre el florecimiento de tanto protocolo polisémico y modernizador. Declaran las autoridades responsables de la prevención de incendios en Guadalajara o Cazorla que cumplieron a pies puntillas el correspondiente protocolo, parece que en Roquetas se incumplieron varios protocolos, y ahora tenemos encima un buen número de dramáticos protocolos relacionados con la dolorosa pérdida de nuestros militares en Afganistán. A primera vista, el protocolo alude al ceremoMANUEL nial y buenas maneras, a ÁNGEL MARTÍN cómo se deben comer los espárragos o los langostinos, y a cuál sea el correcto uso de la pala de pescado. El protocolo tiene que ver con la correcta educación y también con la representación del poder, lo que hace que su buena práctica tenga importancia capital. Si a esto se añade la proliferación de administraciones y de cargos públicos, es fácil deducir la cantidad de salidas profesionales al alcance de quienes sepan con certeza cuándo y dónde un obispo pasa por delante de un ministro, o un presidente de comunidad autónoma por detrás de un magistrado del Supremo. En base a esta concepción protocolaria es fácil bautizar de la misma forma a todo conjunto de reglas que permitan la comunicación entre dos máquinas más o menos inteligentes, de ahí que la informática e internet estén repletas de protocolos de misteriosas siglas como IP o http. Finalmente, un protocolo ha llegado a ser lo que antes era un simple manual de instrucciones, un procedimiento preestablecido, eso sí, connotando mucha más ceremonia, asepsia y tecnocracia. Queda mucho mejor tener un protocolo para caso de sequía, incendio o accidente, que aplicar un modesto plan de actuaciones. Tenemos ahora la oportunidad de comparar los protocolos políticos del PSOE y del PP para actuar frente a diferentes catástrofes, según se esté en el gobierno o en la oposición, y más bien parece que los socialistas llevan ventaja. Entiendan que no hablo de protocolos que traten de prevenir los males ni de reparar sus consecuencias, sino de evitar los costes políticos de los acontecimientos. A un protocolo de éxito le acompaña un astuto argumentario que da respuestas evasivas o comparaciones interesadas entrando apenas en el fondo de las cuestiones, siempre bien protegido por una nube de mensajes positivos y emociones favorables. No sabemos todavía ni cómo ni por qué se estrelló el helicóptero, ni cuáles son las actuales y sustanciales razones que justifican la presencia militar en Afganistán y no en Irak, pero el Gobierno es inocente y Zapatero tiene un corazón de oro. Lo hemos visto en un publirreportaje, que diría Rajoy. P za de turco. En la otra esquina, un periodista justiciero de esos que tan bien conocemos por estos pagos, imbuido de su papel de salvador de la humanidad y sin más responsabilidad que la de buscar culpables. Combate desigual que se salda como era previsible. Más interesante y mejor documentado es el libro de Paul Blustein, And the money kept rolling in and out. Un ejemplo de auténtico periodismo de investigación que no se basa en filtraciones interesadas desde el gobierno de turno, como es demasiado habitual. El reportero del Washington Post ha buscado pacientemente el acceso a fuentes documentales y personales originales, ha dispuesto de un año sabático de su empresay ha disfrutado de financiación de varias prestigiosas instituciones de investigación que no le hanpedido sexe- No comparto todas las conclusiones de Blustein. Tengo probablemente demasiadas memorias personales de la crisis como para ser imparcial. Pero siento envidia por no haber escrito un libro así. ¡Que tendrán estos malditos anglosajones! Hay, sin embargo, algunos hechos fuera de cualquier discusión científica. Primero, existen las modas en economía y las burbujas en los mercados financieros. La Argentina es un ejemplo de libro de texto de una burbuja que explota mal. Deberíamos pensarnos seriamente si no estamos asistiendo a otras en los mercados emergentes de Asia y en el inmobiliario de algunos países industrializados. Segundo, cuando las burbujas estallan, duele. Lo fácil es buscar culpables, y si son extranjeros o enemigos políticos mejor. La Argentina de esta crisis nos ofrece también un ejemplo de irresponsabilidad política que todavía perdura, ayudado por el precio del petróleo y de las materias primas. Lo difícil es gestionar la crisis, minimizar el daño y tirar para adelante. Corea y Tailandia son un mejor ejemplo. Pero hay que viajar más a Asia. Tercero, pese a la importancia de la banca española en la Argentina, el libro citado no menciona ni una vez por su nombre a los dos principales bancos protagonistas en toda la crisis. Y cita múltiples veces a todos los grandes bancos de inversión que se jugaban mucho menos dinero y reputación. Será porque estamos aprendiendo a tener empresas multinacionales y ni la Administración Pública, ni las propias empresas saben hacer avanzar su agenda. Será porque el cainismo político imperante impide la continuidad de la acción exterior y cada nuevo gobierno se esfuerza en descubrir el Mediterráneo. Será porque nuestras empresas siguen ancladas en la máxima de que mejor que no se hable de nosotros. Pero lo cierto es que cuando se escribe la historia de la crisis argentina, España sólo aparece para recordar que aportó US $1.000 a una discutible operación de blindaje del FMI que no funcionó. PALABRAS CRUZADAS ¿Está el ministro Bono sobreactuando en la tragedia de Afganistán? BIEN, PERO NO MUY BIEN UE Bono sobreactúa se da por hecho, es como si fuera consustancial con su apellido. Pero en ocasiones trágicas como las que se acaban de vivir el ministro debe dar todo cuanto tiene dentro, y aún más, para que la familia militar se considere lo que es en estos momentos: el centro de España, el centro del mundo; a ella pertenecen los hombres y mujeres a los que queremos expresar apoyo, solidaridad y consuelo, aparte de rendirles un homenaje más sentido y más fuerte que nunca. Porque si hay alguien que merezca los máximos honores son los que han dejado su vida en Afganistán después de haber decidido dedicar su vida a los demás, dejando el nombre de España en lo más alto. El ministro de Defensa ha hecho lo que PILAR la mayoría esperábamos de él, no ha escaCERNUDA timado tiempo, esfuerzos, medios, sentimiento ni gestos para suavizar el drama en lo que ha podido. Ocurrió lo mismo con Trillo cuando la tragedia del Yak, aunque luego salieron a la luz errores que al ex ministro le han arrojado a la cara para capitalizarlos políticamente. No ocurrirá lo mismo con Bono, entre otras razones porque el PP no es el PSOE. El PP, por ejemplo, permitió que el PSOE participara en las honras fúnebres de las víctimas del Yakolev. Rajoy en cambio ahora no fue avisado. Decisión que, si partió de Bono, dice poco a favor del titular de Defensa. ABONADO A SU IMAGEN Í, José Bono lleva una temporada- -desde que tomó posesión como lo hizo- -sobreactuando bastante. Lo cual, reconozcámoslo, también está en el papel de un ministro: no cabe, al frente de una cartera, andar con timideces y tratando de pasar desapercibido, como hace algún a colega del Gobierno, a quien nadie conocería si pasease por la Puerta del Sol. Pero a Bono le ha ocurrido ahora algo similar a lo de Trillo con el Yak- 42, cuestión en la que el ministro actual tiró a matar contra su predecesor, olvidando aquello de no juzguéis y no seréis juzgados Algo ha aprendido en cuanto a celeridad en la reacción y rapidez y claridad en las actuaciones, pero el tema del helicóptero caído en AfganisFERNANDO tán se enconará, porque ni la identificaJÁUREGUI ción de las víctimas es fácil, ni las razones de la catástrofe convencen a todos, ni entendemos bien qué se nos ha perdido allí, excepto hacer que Bush perdone pasadas trapisondas. José Bono es un pedazo de ministro: valiente, el más popular del Gobierno, casi tanto- -tiembla, Bono- -como ZP, de quien disiente en cosas importantes, y se sabe. Es un valor necesario en este equipo por muchas razones. Pero en sus gestos medalleros, en sus altisonancias y reverberaciones, se pasa. Y la facundia y el exceso en el cultivo de la imagen nada convienen al ejercicio del poder. Q S ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate