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44 VIERNES 19 8 2005 ABC Cultura y espectáculos Indignación en China ante la pasividad de las autoridades, que llevan permitiendo desde hace ocho años la celebración del festival de música electrónica Wild Dancing Party Una tumultuosa fiesta rave profana la Gran Muralla PABLO M. DÍEZ CORRESPONSAL PEKÍN. La Gran Muralla ha resistido durante más de 2.000 años los ataques de las tribus más bárbaras de Asia, pero es en pleno siglo XXI cuando está encontrando sus rivales más dañinos. A las legiones de saqueadores que cada año expolian el monumento en busca de sus ricos materiales de construcción, se han sumado ahora los miles de jóvenes, tanto chinos como extranjeros, que acaban de participar en una fiesta rave en plena muralla. Dicho evento, denominado Wild Dancing Party convirtió al Muro de los 10.000 Li como también se conoce en China a esta emblemática edificación, en una enorme discoteca al aire libre donde la música, el alcohol y las drogas corrieron hasta el amanecer. A la mañana siguiente, y según relataron algunos testigos presenciales a varios medios chinos, el panorama era desolador. Montones de basura, botellas y vasos se acumulaban sobre el monumento, declarado en 1987 Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Al mismo tiempo, un fétido hedor a orines, vómitos y excrementos recorría toda la sección del muro donde tuvo lugar este concierto de música electrónica. Esto es una provocación. La fiesta ha dañado seriamente la imagen del monumento se lamentó indignado el secretario general de la Asociación de la Gran Muralla, Dong Yahoui, quien explicó que no era la primera vez que se producían tales ataques contra el patrimonio. De hecho, este año se cumplía la octava edición de la Wild Dancing Party que se viene desarrollando habitualmente en el tramo de la muralla de Jilingshan, cercano a Pekín, pero perteneciente a la vecina provincia de Hebei. En esta zona fronteriza, las autoridades locales cedieron en 1997 la gestión de la Gran Muralla a una empresa por un precio de seis millones de yuanes (597.551 euros) al año hasta el 2050. Desde entonces, han proliferado en torno al muro actividades comerciales impropias de un monumento, como esta fiesta rave que ha escandalizado a toda China, y numerosos chiringuitos y terrazas donde se ofrecen barbacoas y refrescos a los turistas. Para impedir tan serios atentados contra uno de los símbolos del coloso oriental, Dong Un campesino pasea por la Gran Muralla, monumento Patrimonio de la Humanidad Montañas de basura, orines y vómitos aparecieron junto a la Gran Muralla al día siguiente de la Wild Dancing Party Nuevos asaltos al Muro de los 10.000 Li en pleno siglo XXI A pesar de que la Gran Muralla china fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1987, casi todo este legendario monumento se encuentra amenazado por su mal estado de conservación. De hecho, la mayor parte de sus 6.000 kilómetros, que van desde el paso de Jiayuguan, al noroeste del país, hasta la costa oriental de Bohai, se hallan en ruinas y sólo los tramos más turísticos, como los de Shanhaiguan o Mutianyu, resisten a duras penas el paso del tiempo. Con el propósito de captar visitantes, muchas de estas secciones han sido reconstruidas durante los últimos años, pero a veces de manera poco fidedigna con su estado original. Como ejemplo, destaca el paraje de Badaling, cercano a Pekín y donde se ha instalado una montaña rusa que serpentea en torno al muro para hacer las delicias de los turistas que han tenido la energía suficiente como para ascender a uno de sus puntos más elevados. Por otra parte, esta descomunal edificación también sufre el acoso de los expoliadores, que se dedican a saquear sus valiosos materiales de construcción. Así ocurrió el pasado mes de enero, cuando 150 metros de la Gran Muralla fueron desmantelados para pavimentar una carretera en la región de Ningxia. Por ese motivo, parece que el Muro de los 10.000 Li denominado así por sus más de 6.000 kilómetros (12.000 li) de longitud, está sufriendo ahora tantas embestidas como cuando fue construido para repeler las invasiones de las tribus bárbaras de Asia. La obra original data de la Dinastía Qin y se remonta al año 221 antes de Cristo, cuando el primer monarca que unificó el Estado, Qin Shi Huang, restauró los diseminados muros de defensa antiguos, con más de cinco siglos de antigüedad y procedentes de la Época de los Reinos Combatientes, y los unió en una nueva construcción que medía 4.800 kilómetros. En el 206 a. C. la Dinastía Han extendió el muro hasta el Desierto de Gobi, en Mongolia, para conjurar la amenaza de los hunos que acaudillaba el temido Atila. Pero la Gran Muralla que hoy conocemos procede, en gran medida, de la Dinastía Ming (1368- 1644) que introdujo ladrillos como los que se emplean actualmente y convirtió la obra en un prodigio de la ingeniería, al extenderse por escarpadas montañas con pendientes de hasta 70 grados. Yahoui reclamó una regulación de protección de la Gran Muralla que evite este tipo de problemas legalmente De los más de 6.000 kilómetros de longitud que tiene esta impresionante construcción, sólo los que recorren el municipio de Pekín se encuentran a salvo de tan desaprensivos negocios, ya que el Ayuntamiento promulgó en 2003 una norma que prohíbe cualquier tipo de explotación comercial de la Gran Muralla de carácter privado. En este sentido, el secretario general de la asociación encargada de velar por la supervivencia del monumento reveló que el Gobierno ya está preparando una ley que protegerá la Gran Muralla y regulará el uso empresarial de los bienes culturales del país. Mientras llega dicha normativa, China asistió asombrada a la difusión de las imágenes del controvertido festival de música electrónica. Aunque el concierto se celebró el pasado 30 de julio, hasta unos días después no se publicaron las primeras fotos del mismo, que han sido consideradas como una auténtica profanación de la Gran Muralla (fotos que la agencia oficial china no ha querido distribuir fuera del país) En dichas instantáneas, se puede ver a miles de jóvenes bailando en una pista que se instaló a escasos metros del monumento, cuyas milenarias piedras pudieron verse afectadas por la atronadora música que retumbó toda la noche en el paraje de Jinlingshan.