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12 Nacional DIECISIETE MILITARES MUERTOS EN AFGANISTÁN LA DESPEDIDA VIERNES 19 8 2005 ABC PAZ EN LA GUERRA ono, como sabemos todos, prefiere morir a matar. Para Zapatero sólo los asesinos como Aznar y los fascistas del PP están dispuestos siempre para la guerra. Los dirigentes del PSOE comparten aquel manifiesto firmado por Federico Mayor Zaragoza, Saramago, Pérez Esquivel, Chomsky y otros en el que se afirmaba algo tan peregrino como que toda guerra supone el fracaso de la democracia. Es decir, que la Segunda Guerra Mundial fue un fracaso del sistema democrático en Gran Bretaña y Estados Unidos. Según el texto del manifiesto, lanzado no tan en favor de la CÉSAR ALONSO paz como en contra DE LOS RÍOS del Gobierno del PP, los aliados no deberían haber entrado en guerra sino negociar con Hitler y aceptar, en todo caso, sus condiciones. Porque, como dice Bono, antes morir que matar. Asesinos para éste los soldados que desembarcaron- -y murieron- -en Normandía. Quizá la única batalla de la Segunda Guerra Mundial que le habría parecido justa a esta gente y a Llamazares fue la de Stalingrado... Bono nos pide respeto ante el dolor y ante el luto. No debería haberlo hecho. Lo tenemos todos los que somos normales. Todos los que pensamos que hay guerras necesarias y que los soldados que mueren en ellas son sencillamente héroes. Está mal que pida respeto para los que mueren en ellas quien no cree en la necesidad de las guerras. De entrada, es él quien no se lo tiene. Pero todos estos miserables criterios tenían tan sólo la función de condenar a los partidarios de la participación española en la guerra de Irak, así como explicar la retirada de las tropas españolas. Sin embargo, había que reconciliarse con Estados Unidos, al que se había agraviado hasta extremos muy peligrosos. Había que hacer algo que no fuera brutalmente contradictorio con el pacifismo Así que había que enviar tropas no para hacer la guerra, sino para hacer la paz. Como corresponde a políticos de la altura moral de Zapatero y Bono. Tropas para la paz. Carros de combate para la paz. Helicópteros para la paz. Guerra para la paz. No como quieren los marines, los legionarios, los americanos, los fascistas, los franquistas, los del PP... Que quieren guerra para la guerra. Yo soy de los millones de personas que respeto tanto a nuestros diecisiete militares muertos en Afganistán que creo que debemos decir que fueron a la guerra y murieron en ella. Como héroes. Y pienso que encubrir el sacrificio de sus vidas en este juego siniestro de encubrir la guerra con la paz es faltarles al respeto, a la inteligencia que tenían, a su capacidad de desprendimiento. Lo peor que podríamos hacerles es jugar a la ambigüedad, cuando no al falseamiento. B Los compañeros de los 17 militares muertos transportaron ayer sus féretros al avión en el que fueron repatriados Recién llegados de los aeropuertos de Sevilla y de Vigo, los familiares de los 17 militares fallecidos se desplazaron ayer a Madrid para recibir los cadáveres de los soldados. Sin fuerzas, la suya fue una espera serena en un momento de dolor insorportable La peor vuelta a casa que se puede imaginar TEXTO: LAURA L. CARO GETAFE (MADRID) Al pie de la pista de aterrizaje de la Base Aérea de Getafe se hizo una ceremonia larga, muy larga, como al ritmo pesaroso de la cámara lenta. Llena de silencios infinitos y vacía de fuerzas en el banquillo de dolor de las familias. Que contemplaron el paseo interminable de los féretros llegados desde Afganistán agarrándose unos a otros, sosteniéndose en los brazos del de al lado el abatimiento y la pena, pero en silencio. En una serenidad colectiva que se hacía un nudo que rasgaba la garganta de sólo mirar. Desfilaron como en una procesión los restos mortales del teniente Javier González, el brigada Juan Moreno, el soldado Pedro Fajardo, el soldado José Ángel Martínez, el soldado Jesús Casal, Daniel, Iván, Isaac, y al fondo la música triste de la marcha fúnebre de Chopin, en voz muy baja para no molestar. Desde lo lejos, desde el frontal donde se acumulaban un centenar y medio de periodistas acreditados, los pañuelos de papel blanquísimos y apretados en las manos de las madres, de los ojos al regazo, de las lágrimas a las uñas clavadas, eran muestra del momento insoportable de este reencuentro de pesadilla. La peor vuelta a casa que se puede imaginar... Al toque de oración, con el sol naranja encendido ya punto de ocultarse, pudo verse a la viuda del sargento Alfredo Francisco Joga, llegada hacía apenas unas horas y todavía con el uniforme árido de Herat, cubrirse la cabeza y escuchar en pie las notas antes de desplomarse de nuevo en la silla. A abrazarse a la abuela, allí al lado, quieta. Contemplaron los parientes el paso de los féretros sosteniéndose el abatimiento No hubo ni un sólo gesto para espolear las emociones en Getafe, ni los sentimientos desplomados... Ni más palabras que las del arzobispo castrense, tan distorsionadas que hubo que hacer un esfuerzo para poderlas escuchar, trasladando el mensaje por telegrama enviado por el Papa Benedicto XVI de condolencia, de cercanía- -añadia la carta- -de alivio de recuerdo a estos hombres que han dado su vida por la paz El saludo militar de Su Majestad el Rey lo dijo todo: unos pasos hasta situarse en centro, delante de todas las familias, y la mano extendida rozando la visera con una mirada sentida al frente. Cuánta serenidad. Y final de la ceremonia, con los ataúdes envueltos en banderas españolas ya a punto de salir rumbo al hospital Gómez Ulla, en diecisiete coches idénticos, rumbo a la calle donde decenas de ciudadanos esperaban a la entrada de la Base Aérea para rendir otro adiós callado.