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ABC VIERNES 19 8 2005 Opinión 7 ÁNGEL CÓRDOBA allá se le respetaba. Sabía que actuaba mal contraviniendo nuestras leyes de entrada pero añadía que él pagaría con trabajo y amor a España esa falta que iba a cometer sin duda, inch Alá (si Alá quiere) Y seguirán viniendo por tierra y por mar. Porque no es una marea sino un anchuroso océano toda esa gente que quiere cambiar de vida y vivir con dignidad. Quieren ser como nosotros y en sus propios países se les impide radicalmente. No es posible, pues, alianza estratégica alguna entre civilizaciones o entre culturas o entre sociedades constituidas. Solamente cabe ayudar a toda esa gente a mejorar de manera sustancial, lo cual no pasa por alambicados diálogos con los líderes y gobernantes que los someten, sino por alterar radicalmente nuestra aproximación a ellos. Nuestros mayores así lo entendieron cuando derrocaron a los monarcas absolutos y abatieron las dictaduras para constituirse en ciudadanía. Y cambiaron de civilización dotándose de nuevos valores de dignidad personal, igualdad y libertad. Lo que valió para nosotros valdrá para toda la humanidad a poco que lo pruebe. Es, pues, el bienestar y la libertad de esa gente lo que hemos de perseguir, para que puedan decidir ellos mismos sobre su propio estilo de vida. Nuestras creencias de pluralismo y tolerancia no deben ser puestas sobre ninguna mesa de negociación ni diálogo intercultural. Únicamente deberán ser mostradas y expuestas a través de nuevas actitudes de acercamiento y ayuda a la gente sometida. Nuestros valores tendrán la capacidad suficiente para enganchar y enamorar a esa gente si lo que inventamos por fin es un modo de sacarla del fondo gris de inhumanidad en la que vive. Sin pasar por el calculado cambalache y compadreo con los líderes espirituales y temporales que mantienen el actual estado de cosas africano. LA ESPUMA DE LOS DÍAS LOS CUADROS QUE TENEMOS A playa soleada, la barca que regresa al atardecer están en la gran pintura del verano. Al cabo de los años, dos o tres cuadros nos ayudan a definir el paso de cada estación del año, ruta secreta hacia la madurez del espectador. Un programa radiofónico de la BBC está seleccionando los mejores cuadros que se pueden ver en todo el territorio británico. Algo así quizás atajase en España el empacho de salsa rosa entubada. Por supuesto, los británicos dan por mejor lo más conocido, pero no por familiar resulta que un cuadro va a sernos más comprensible. Uno se pregunta qué ven realmente esos niños de parvulario que visitan los museos arrastrando VALENTÍ su cuaderno de dibujo PUIG por los suelos: tampoco la democracia turística ha sublimado un poco la Victoria de Samotracia Pequeños o grandes museos, locales y nacionales, en todos hay ese cuadro que uno se llevaría debajo del brazo para quedárselo en casa. Torbellinos o remansos de emoción sensual, muchas telas definen una forma de inteligencia. Los británicos se quedarían con La barra del Folies- Bergère de Manet, los tremebundos girasoles de Van Gogh, El bautismo de Cristo de Piero o Los Arnolfini de Van Eyck, una de las piezas cumbre de la National Gallery. De entre sus propios pintores eligen telas de Ford Madox Brown, La orgía de Hogarth, una escena naval de Turner, el inevitable paisaje de Constable, algo de David Hockney y una delicia extraordinaria, El reverendo doctor Robert Walker patinando por el retratista Henry Raeburn, una pieza que bien vale merodear unas semanas por los museos de Escocia. Cuando sea mayor me gustaría patinar como el reverendo Walker, arriba y abajo por el lago Duddingston. Pensar en selecciones de esta naturaleza sin duda fortalece la estima por la pintura nuestra de cada día, aunque sea la más obvia. Tras la selección previa programada por la BBC, uno de los cuadros habrá de prevalecer sobre los demás en la cata final. Se sabrá a principios de setiembre. Intriga saber cuál sería, para los españoles, el mejor de los cuadros que tenemos. Tal vez el duelo final fuese entre Goya y Velázquez pero el proceso selectivo podría ser curioso y sorprendente. Hay mucha buena pintura, de la mejor, dispersa en museos que no operan en la centralidad de lo más conocido. Pintura heroica o doméstica, angustia o placidez, naturaleza muerta o sala de baile: poblada soledad de quien visita un pequeño museo donde tan solo un cuadro es capaz de lograr el dominio absoluto. La edad matiza esa apreciación del cuadro de los cuadros, como tantas otras cosas. Personalmente, cuando tenía treinta años hubiera escogido Las Meninas al pasar de los cuarenta opté por La rendición de Breda y con algo más de cincuenta me quedo con Las hilanderas L Y se maravillan siempre de la acogida y el buen trato que se les dispensa cuando son interceptados en mar o en tierra por nuestros agentes de seguridad y organismos humanitarios. Y así comprueban de inmediato la diferencia entre las Fuerzas de Orden del lugar que abandonaron y del nuevo que pisaron. Y te lo dicen sin rubor al par que son conscientes del acto de ilegalidad que han cometido. Un muchacho albañil de 18 años me dijo en Tánger que había sido detenido y devuelto tres veces por la Guardia Civil pero que iba a intentarlo de nuevo hasta que lograra pasar definitivamente a España porque comprobó que Pero no inventaremos algo más directo y eficaz sin haber antes arrinconado esa hipócrita carga de humanitarismo con que nos adornamos ante el espectáculo de las pateras y de los sin papeles, y vislumbrado lo que hay detrás, gente en busca de dignidad, gente que quiere llegar a ser como somos nosotros. Apiadarnos de esa gente es hacer más digna nuestra sociedad, siendo intolerantes con la ilegalidad. Apiadarnos de ella es ayudar a que asimilen la naturaleza moral de los derechos humanos y su ubicación política en la ciudad de los iguales. No nos apiadaremos de esa gente apiadándonos de sus creencias porque éstas algo tienen que ver con su desgarradora situación. PALABRAS CRUZADAS ¿Es China una amenaza o un estímulo para la economía mundial? UNA OPORTUNIDAD HISTÓRICA EL PELIGRO AMARILLO E L regreso de China al comercio mundial es la noticia de la década, tanto como lo fue el derrumbe de la Unión Soviética la década anterior. China estuvo en la primera gran globalización, en la era de los descubrimientos, a caballo del XIV y XV. Pero China dio la espalda a Occidente, se sentía más próspera (lo era) y no veía utilidad a los intercambios; se lo dijo por escrito el emperador del momento a la reina Isabel de Inglaterra. Esa introversión les costó siglos de estancamiento y les condujo al hambre y el subdesarrollo. Durante el último cuarto de siglo la economía china se ha abierto a los intercambios y protagoniza el mayor crecimiento conocido en intensidad, profundidad y consecuencias. Cientos de millo- FERNANDO G. URBANEJA nes de personas que se suman, en muy pocos años, a la corriente mundial de la producción, el comercio y el consumo. Pero la irrupción del veinte por ciento de la población mundial (China cuenta con uno de cada cinco seres humanos del planeta desde hace más de dos milenios) en el comercio mundial no es neutral, ni irrelevante, tiene consecuencias y a veces cursa con fiebre, aunque el resultado final será favorable para una inmensa mayoría, sobre todo si se entiende el fenómeno y los cambios que impone. H ACE muchos años, en su estudio clásico sobre el mercantilismo, el gran economista sueco Eli F. Heckscher habló del miedo a las mercancías Se refería a un atávico impulso antiliberal: el miedo a la competencia, es decir, el miedo a las mercancías baratas. En ese sentido China es sin duda una amenaza porque, al revés que en los tiempos de Marco Polo, ya no representa cosas exóticas que Antonio y los demás mercaderes de Venecia podían re- exportar con beneficio, sino las mismas cosas que producimos aquí, pero más baratas. Esto amenaza nuestras economías intervenidas, cargadas de impuestos, cotizaciones a la Seguridad Social, regulaciones y prohibiciones, CARLOS R. que de momento nadie piensa en repaBRAUN rar, porque es más fácil el recurso al miedoso proteccionismo. Menos reconocido, pero no menos real, es el peligro que la economía china representa para la política china, para la siniestra dictadura comunista que está intentando hacer algo que una y otra vez se ha probado imposible: abrir los mercados y no los gobiernos. Por algo Fidel Castro, que ni es chino ni tonto, se niega a liberalizar la economía cubana. Y es que el propio Marx previó que un buen día alguien escribiría en la muralla china: Liberté! ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate vpuig abc. es