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6 Opinión VIERNES 19 8 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA MIKEL AZURMENDI PROFESOR UNIVERSITARIO Y ESCRITOR EL RIESGO DE VOLAR BAJO N O contento con su instalación en la omnisciencia, que tanto le ha servido en su incansable carrera política, José Bono se ejercita ahora en la omnipresencia. En Afganistán ha tenido la oportunidad de conjuntar tan sorprendentes poderes y, convertido en experto ambulante, a la vista de la chatarra en que se convirtió el helicóptero Cougar ataúd de diecisiete militares españoles, se permite diagnosticar que la catástrofe tiene una raíz accidental. Nunca he tenido muy claro si, en política, la facundia es virtud o defecto, pero no cabe duda de que nuestro titular de Defensa la luce en el más alto grado posible y con todos sus entorchados y M. MARTÍN adornos de reglamento. FERRAND Suelen decir los pilotos de helicóptero que volar bajo conlleva riesgos añadidos a los de la navegación sobre las cotas más altas del entorno. Es natural y, además, transportable a los supuestos de la vida política. Es volar bajo, por ejemplo, matizar sobre la inconveniencia de una acción humanitaria a favor de la paz y la democracia en Irak y el mérito de interpretar idéntico papel en Afganistán. Peor todavía: la iniciativa de José María Aznar, tomada en las Azores, de enviar efectivos a Irak era, sin duda, un error en la cadena de aciertos de su búsqueda de una nueva política internacional para España. La decisión de José Luis Rodríguez Zapatero de limpiar ante los EE. UU. la mancha de una cobarde y precipitada retirada del frente iraquí con el refuerzo de la presencia afgana es un parche, una chapuza. Volamos muy bajo en la ruta de nuestra presencia internacional y, a mayor abundamiento, la expresión de lo que nos pasa se les encomienda a orates que, como Bono, sirven lo mismo para explicar un incendio en Guadalajara que las causas productoras de una desgracia aérea en el otro rincón del mundo. No parece que el Gobierno tenga la intención de tomar más altura y se conforma, consciente de la escasez de su tripulación, con su enfrascamiento en los pleitos menores y territoriales que, abusando de nuestra paciencia ciudadana, constituyen la acción principal de un equipo que, tras quince meses de ejercicio, no admite balance alguno. José Bono, el personaje más popular- -según el CIS- -de cuantos integran el Gobierno más anónimo y gris desde la Constitución, no es una rareza en el conjunto. Es su complemento. Es, desde sus constantes excesos de presencia y locuacidad, la demostración de que el Gobierno existe. Algo así como la prueba del nueve que hace Zapatero para comprobar sus cuentas. Parecido también a lo que la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega hace, con mayor reserva, en su más discreto territorio. Pero no hay más y así, a ras de tierra, corremos el riesgo cierto de la incertidumbre total: el mayor enemigo de una democracia que aspira a colocarse en el pelotón de cabeza entre los países del mundo. MAREA DE HUMANOS POR MAR Y TIERRA A las costas españolas llegan cada día pateras o son rescatados barcos negreros en alta mar con inmigrantes hacinados en busca de una vida más digna Es- -afirma el autor- -su bienestar y libertad lo que hemos de perseguir, para que puedan decidir sobre su propio estilo de vida L LEGAN y llegan hasta nosotros flotando como cascarones inválidos o con su panza sumergida a una braza, más reptando que navegando sobre el salitre marino apiadado las más de las veces de unos seres que llevan la muerte en los ojos. Cargadas de seres humanos que quieren cambiar de vida arriban por el norte y este africano esas lúgubres embarcaciones que sólo un azar favorable desembarcará. En una vieja cámara de camión van asidos dos muchachos con aletas. O han robado una moto acuática y vuelan hasta donde la gasolina alcance. Madres con niños de pecho que han sido sistemáticamente violadas en un largo trayecto que ha podido durar más de un año o padres que dejaron allá a sus mujeres e hijos con el ánimo de traérselos un día acá. Alambradas que dificultan pero no impiden que masas de desesperados se lancen en tromba a embestir el alambre espino protegiéndose las manos con harapos que han ido recogiendo por los basureros de la ciudad. Camiones con niños trabados en su transmisión. Negreros de todo pelaje que viven del trasiego de personas con el visto bueno de policías que redondean su salario de hambre. Gobiernos que fomentan que se le marche su gente más decidida porque enviarán divisas. Teócratas que promueven la huida de sus muchachos a quienes ni escolarizan ni dan trabajo pero sí consideran súbditos suyos y musulmanes de pro para así impedir que sean adoptados por familias del país vecino. Esa gente nos llega porque apetecen una vida más digna y porque no tienen horizonte de espera alguno en su país. Han visto nuestros programas de televisión o han conocido a parientes que trabajan y ahorran en Europa, cuyo bienestar también para sí mismos desean. Desean el progreso y la libertad. Sí, el progreso de nuestra sociedad en forma de trabajo y oportunidad social, de escolarización y medicina gratuitas, de igual dignidad para hombres y mujeres en el trabajo, en la calle y en la vida doméstica, de posibilidades de promoción personal. Intuyen con bastante acierto que todo ello se deriva de nuestro progreso moral, de nuestra sensibilidad ante el sufrimiento y la fatiga posibles de reducir siempre con renovada tecnología y con leyes sociales de protección del trabajador. Saben que toleramos a quienes tienen otras creencias y que respetaremos las suyas siempre que no vayan contra la dignidad de las personas. Conocen perfectamente que lo que no toleramos es utilizar la violencia para dirimir asuntos e intereses particulares y que hay una sola vara de medir para todos. Y ansían también para ellos todo eso que no conocen más que de oídas. Y saben, vaya que sí, que la ley es sagrada entre nosotros y que la ilegalidad se castiga. -No hagamos como ellos; sólo asombrémonos de cómo el destino ha escogido la misma moneda para pagar a quienes tanto se ensañaron con nosotros.