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4 Opinión VIERNES 19 8 2005 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: IGNACIO CAMACHO Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil PETRÓLEO VERSUS CARBURANTES OS carburantes, gasóleos y gasolinas alcanzan precios históricos por arriba; como el petróleo, que está en su origen, aunque no sea su principal coste final. De lo que paga el consumidor. Hacienda es quien obtiene más renta, por un impuesto ad hoc y por IVA, amén de los demás tributos que acechan cuanto se mueve. A la voracidad del Tesoro, se añade la rigidez de los comercializadores. El crudo registra oscilaciones diarias de precios, pero las petroleras que operan en España los mantienen crecientes y bastante homogéneos. Sólo nuevos actores del mercado (los hipermercados, por ejemplo) pueden introducir diversidad y precios a la baja, mientras la red tradicional mantiene modelos que recuerdan demasiado al monopolio. La resistencia a competir en este sector es paralela a la del Gobierno para eliminar obstáculos, abrir el mercado y pensar en los intereses del común, de los consumidores últimos. ¿No es hora de que la volatilidad de los precios del petróleo, suben y bajan, se refleje en sus productos derivados y de que el Estado modere su afán recaudatorio sobre los carburantes? L EL COSTE POLÍTICO DE LA TRAGEDIA ASAN los días y el Gobierno aún no ha informado sobre las causas concretas por las que cayó a tierra el helicóptero Cougar en el que perecieron diecisiete militares españoles. La sobreactuación informativa del presidente del Gobierno y del ministro de Defensa no se ha traducido en una mayor transparencia sobre las circunstancias de esta tragedia. Si en un primer momento era comprensible que Bono planteara diversas hipótesis, transcurridas más de 72 horas desde el siniestro, el mantenimiento de las incertidumbres empieza a perder justificación, teniendo en cuenta el despliegue de medios técnicos efectuado y la disponibilidad de los testimonios de los soldados que viajaban en el segundo helicóptero. En todo caso, el Gobierno debe tener el margen de maniobra que requiere la situación y que el PP le está reconociendo en un ejercicio de oposición responsable y sensato, sostenido por un discurso de Rajoy en el que la lealtad institucional y la exigencia democrática de información se hallan en el equilibrio que necesita una sociedad que no desea añadir a la tragedia vivida el oportunismo partidista de otros tiempos. Al primero que interesa despejar las dudas es al Gobierno, porque, en otro caso, se va a encontrar con dos frentes abiertos: por un lado, el de la explicación de las causas del siniestro; por otro lado, el del debate político sobre la participación española en intervenciones militares en el extranjero. El Ejecutivo cuenta de antemano con una oposición que no le va a retirar la silla cuando se siente, porque ya se ha comprometido- -y lo está haciendo- -a no utilizar arteramente la tragedia y a apoyar la presencia de las Fuerzas Armadas en Afganistán. Por eso resulta perverso que desde el PSOE se amenace al PP con sacar a pasear nuevamente el Yak- 42 -si queda algo más, dígase; en otro caso, que se callen los chantajistas- -o que se recuerde que Aznar no compareció en el Parlamento para informar sobre este accidente, lo que justificaría la posible decisión de que Zapatero no acuda al Congreso. Cada Gobierno asume su propia responsabilidad y, en todo caso, RodríguezZapatero ha declarado que vino al mundo de la política para purificarla y redimir a España de los errores de su predecesor. El PSOE yerra de nuevo si busca la bronca con un PP, que está contenido y moderado, para solapar una polémica arti- P ficial a la responsabilidad del Gobierno. No ha sido Rajoy, sino Llamazares, el aliado preferente del PSOE, quien ha acusado a Zapatero y a Bono de mentir. Y han sido IU y el Bloque Nacionalista Gallego- -otro gran aliado del PSOE- -losque han reclamado la repatriación de lastropas desplegadas en Afganistán. Nuevamente se pone de manifiesto que en la defensa de los intereses nacionales y de los asuntos de Estado los aliados de Zapatero se sitúan en las antípodas de lo que conviene a España. Ya se vio con el Plan Ibarretxe o la Constitución Europea y ahora le llega el turno a los compromisos internacionales. Nada raro, por otro lado, pero no siempre podrá ser el PP quien tenga que asumir el papel de reserva de lujo para apuntalar el Estado frente a los empujones de estos leales socios seleccionados por el PSOE. Por eso es también razonable que sea el presidente del Gobierno quien comparezca en el Congreso, como ha solicitado el PP. La ampliación del contingente en Afganistán se acordó en el Parlamento por resolución que defendió el propio presidente del Gobierno y ha sido la carta de invitación a Washington para recuperar la confianza perdida tras otra decisión de Zapatero, la de traer las tropas de Irak. Pero, ante todo, es necesario que el jefe del Ejecutivo sea capaz de oponer a los socios parlamentarios que le acusan de mentir una política exterior de seguridad colectiva basada en un discurso serio, verídico y responsable. En gran parte, la precariedad del Gobierno en esta materia se debe a la tergiversación del lenguaje y aladoctrinamiento de la sociedad española en una visión irreal de las responsabilidades de España en el mantenimiento de la paz y la lucha contra el terrorismo. Se ha abusado del adjetivo humanitario y de la calificación misión de paz para tranquilizar conciencias progresistas y sedar a la opinión pública ante lo que realmente son intervenciones militares, en zonas de conflicto y frente a grupos armados combatientes. Todo cuanto tenga connotación militar o armada ha sido proscrito, resumiendo los argumentos en la sentencia inefable del ministro Bono, quien dijo, en relación con la misión de las tropas españolas en el extranjero, que prefería morir antes que matar lo cual cuestiona en bloque no sólo una política exterior de seguridad, sinola existencia misma del Ejército. La demagogia pasa factura cuando menos se espera. Mohamed VI AFP RABAT Y EL GESTO DEL POLISARIO SCOTLAND YARD, MENTIRA OFICIAL E L A Comisión Independiente de Quejas a la Policía británica ha filtrado un informe que contradice radicalmente la versión oficial sobre la muerte del electricista brasileño en el Metro londinense, y culpa a las Fuerzas de Orden Público. Según esta nueva versión, Menezes ni huyó a la carrera, ni saltó las barreras de la estación, ni exhibió una conducta sospechosa, ni llevaba la vestimenta que se dijo, y además estaba inmovilizado cuando los agentes le dispararon ocho tiros. Las imágenes fueron grabadas por las cámaras de seguridad. Todo esto indica que Scotland Yard mintió sobre el relato de los hechos, y arrastró en sus falsedades al primer ministro, Tony Blair, que las dio por buenas. Se ha creado así una situación muy difícil para la Policía Metropolitana y, especialmente, para su jefe, sir Ian Blair, que podría salpicar al Gobierno laborista. Los hechos revisten una extrema gravedad y deben ser aclarados, así como es preciso también exigir la depuración de las responsabilidades criminales y políticas pertinentes. Puede comprenderse alguna precipitación policial ante el impacto de la brutalidad de la agresión terrorista sufrida. Pero esa comprensión es limitada y no puede extenderse a casos tan repugnantes como éste. Incluso hay quienes están dispuestos a aceptar algunas limitaciones en el ejercicio de los derechos y libertades ciudadanos, pero nunca puede justificarse algo que va más allá del error comprensible o de la precipitación. Blair debe actuar con rapidez y contundencia si no quiere ver en entredicho una gestión que ha merecido el reconocimiento de la mayoría de los británicos y de la comunidad internacional. Las medidas adoptadas por el Gobierno británico fueron poco populares; con casos como éste pueden serlo mucho menos. Si se confirma, como parece, la mentira oficial, estamos ante algo más censurable que un trágico error. La seguridad ciudadana es uno de los primeros deberes de todo Gobierno, pero no puede convertirse en causa de inseguridad. Si las autoridades dejan de ser garantes de la seguridad para convertirse en amenaza de ella, se destruye el sutil entramado de poderes y contrapoderes que forman el Estado de Derecho. Es la hora de la transparencia y de la contundencia ejemplar. L Frente Polisario ha puesto en libertad a más de cuatrocientos presos marroquíes recluidos en los campamentos de Tifariti, Miyek y Aguenit (Argelia) en un gesto sorprendente que ha sido celebrado de forma unánime por la comunidad internacional. Ninguno de los más de dos mil prisioneros hechos por los saharauis durante la guerra mantenida con Marruecos hasta 1989 sufre ya cautiverio. Tras este paso al frente para aflojar la tensión y allanar el camino del complicado proceso de normalización en la región, debe ser ahora Rabat quien responda, liberando a los prisioneros saharauis (se estima que son 150, entre militares y civiles) que aún mantiene en las cárceles del Reino alauí y dando cuenta de la suerte (o mala suerte) que ha corrido otro medio millar de saharauis cuya desaparición ha denunciado el Frente Polisario. Ayer Marruecos se limitó a felicitarse de la liberación- -que atribuye a la presión internacional pero no dio ni un tímido atisbo de respuesta en ese sentido. La pelota y la presión internacional están ahora en su tejado.