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ABC VIERNES 19 8 2005 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC MEDICINA, ÉTICA Y CÉLULAS MADRE POR SANTIAGO GRISOLÍA BIOQUÍMICO A más conocimientos, más responsabilidad; para que se convierta en sabiduría y no en una nueva ceguera. Pero una mayor responsabilidad exige a su vez mayores conocimientos; es la única forma de que la responsabilidad no derive en oscurantismo... C ON motivo del centenario de Severo Ochoa, pronto publicaremos las intervenciones del cardenal Vicente Enrique y Tarancón y del profesor Ernest Lluch, en la reunión Medicina y Ética que se celebró hace años en Valencia, porque las zonas de contacto, con sus inevitables fricciones entre medicina y ética son cosa de siempre. Incluso constituyen un viejo tópico narrativo, el del aprendiz de brujo, con raíces tan hondas como los mitos de la creación. ¿Qué significa, si no, que nuestros primeros antepasados se considerasen obligados a pactar con el diablo para alcanzar esa chispa de divinidad que es el conocimiento? Por cierto, este mito tiene su reverso en otro nacido quizás en el siglo XVIII, consolidado en las novelitas del XIX y popularizado en el XX a través del cine: el del médico blanco criminalmente obstaculizado en su misión por los celos de brujos o chamanes pretecnológicos, sabedores estos de que su poder se basa en la miseria intelectual y física de su entorno. Como veremos, estas diferencias azuzadas por el interés económico, están floreciendo ahora con gran fuerza. Entre todo el barullo mediático y político sobre células madre, no puede o debe pasar desapercibido su uso, mejor dicho su mal uso, con propósitos comerciales. Recientemente, se ha publicado en Nature, bajo el título: Regulaciones en la India no impiden el uso de células madre en clínicas una serie de alarmantes noticias, desde el punto de vista de la práctica clínica en la India, debido al rápido aumento de clínicas, tanto públicas como privadas que dicen, y ofrecen, el uso de células madre para tratar una gran cantidad de enfermedades. Éstas células provienen de tejidos, mayoritariamente de tejidos embrionarios. Así por ejemplo, en una de las clínicas privadas dicen que han estado utilizando células madre para el tratamiento de más de 200 pacientes con córneas en mal estado; otros las están utilizando para problemas de corazón, para regeneración de hígado con cirrosis y hasta la utilización de células madre extraídas de la médula ósea para bypasses. Al parecer, la única razón por la que las personas sienten efectos positivos después de la inyección de tejidos es porque al introducir material extraño en el cuerpo, las proteínas externas causan inmuno- estimulación; de hecho, la inyección de tejidos es muy peligrosa puesto que puede causar tumores que podrían volverse malignos o toda clase de infecciones con virus contaminantes. Por tanto, no es de extrañar que algunos pacientes ya han comunicado los efectos adversos que han sufrido. Además, desde el punto de vista ético, se han hecho trasplantes tan absurdos como a enfermos de esclerosis múltiple, a un coste muy elevado y sin éxito alguno. Muchos de los salones de belleza usan células mesenquimatosas tomadas del tejido adiposo procedente de liposucciones, incluyendo por tanto, y así lo anuncian, tratamientos autólogos. Pero la mayor y gran controversia se basa en el uso de material que proviene de abortos. Por último, muchos expertos insisten en que toda esta parafernalia es negativa en lo que se refiere al uso potencial de células madre. Recordemos que todos estos tratamientos se hacen en general por personas sin conocimientos médicos y en condiciones generalmente poco sanitarias. Es pertinente recordar tantas y tantas instancias relacionadas o parecidas. Ya hace muchos años comenté el transplante de células de una clínica suiza que además se anunciaba públicamente, incluyendo en una revista de Iberia, lo que me obligó a pedirles que lo rescindieran puesto que hablaban, entre otros, de un Papa como cliente. Esta clínica estaba después regentada por el doctor Christiaan Barnard, famoso por ser el médico que hizo el primer transplante de corazón. De hecho a algunos de mis amigos se les ha aconsejado, tanto por mí como en su día por el profe- sor Ochoa, no ir a tales clínicas, pero aún así lo siguen haciendo. También, y como he comentado años ha, el profesor Comorosan, colega y amigo mío, antes de la toma de Rumania por Ceausescu, fue encargado de averiguar qué había de cierto en los tratamientos de la doctora Ashland, que inyectaba novocaína para todo. Naturalmente, el informe de mi amigo sacó a la luz la falsedad del tratamiento de esta doctora. El Gobierno comunista, a pesar de que mi amigo tenía tarjeta del partido, le pidió silencio pues entraban muchas divisas con los procedimientos de la doctora Ashland. Pero el uso de células madre, cuando aún no se sabe enteramente de sus posibilidades y para las que se espera mucho de su potencial en un número de enfermedades para las que actualmente no existe tratamiento, no debe permitir su abuso por todos estos aspectos lúdicos y comerciales. Además, muchos de estos tratamientos los combinan con la inyección de botox que es también una sustancia muy peligrosa. Está claro que la mayor parte de los científicos y publicaciones más relevantes, como las que he indicado, lo tienen muy claro; pero como sucede en muchas profesiones, especialmente en la política, mandamos los mensajes en compañía de, y a casi todos los profesionales de la especie, muchos de los cuales viven de ella, cuando en realidad, y como sucede en las religiones, el mensaje hay que darlo y convencer, no a los que vienen a las Iglesias sino a los que se quedan fuera y no acuden a los Santos Oficios, como se intenta con este artículo. Pero aún hay más, puesto que como dice también The Lancet del pasado abril, una serie de científicos en Rusia están muy preocupados por lo que se anuncia como cosméticos con células madre Al parecer, muchos salones de belleza en Rusia pueden legalmente ofrecer este tipo de tratamientos por lo cual el Ministerio de Sanidad ruso está intentado establecer un consejo de expertos para investigar esta enorme bolsa de tratamientos con células madre, en clínicas privadas y salones de belleza. Comparan este tipo de tratamientos a los del siglo XIX, organoterapia de Brown- Sequard, donde un número de condiciones, mejor dicho de ilusiones, fueron tratadas usando tejidos de animales, especialmente trasplantes de testículos. Como vemos, la causa mayor de que últimamente los conflictos entre ciencia y ética hayan entrado con tanta fuerza en el debate público han sido los progresos de la biología en general y especialmente de la genética. Con la genética y sus ramificaciones, hay que ir con cuidado- -pero no con hostilidad- como con todo cambio que desborde nuestro marco de valores, porque el diablo no se esconde sólo tras las cruces, también lo hace tras el árbol del bien y del mal, del que penden los frutos del conocimiento. A más conocimientos, más responsabilidad; para que se convierta en sabiduría y no en una nueva ceguera. Pero una mayor responsabilidad exige a su vez mayores conocimientos; es la única forma de que la responsabilidad no derive en oscurantismo. En nuestra tradición, Hipócrates, fundador de la medicina como arte y conocimiento separados de la religión es asimismo el fundador, con su famoso juramento, de la deontología médica, una aplicación de la ética y bases de la bioética. Estos comentarios, espero que sirvan para conmemorar, modestamente, el primer centenario del profesor Severo Ochoa, cuyas investigaciones están en la base del moderno desarrollo de la genética y cuya vida tuvo también más de un punto de vinculación con la ética y con el mundo científico valenciano.