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ABC MIÉRCOLES 17 8 2005 47 FIRMAS EN ABC WIFREDO ESPINA es muy plural, amigo Carod. Esto es lo malo, lo perverso, y quizás dramático, de tal como se lleva todo este asunto del nuevo Estatut y, en general, de los nuevos Estatutos. Porque se hace, insisto, con planteamientos partidistas, que están dividiendo a la sociedad, como la catalana, la vasca, la gallega, que no son mayoritariamente nacionalistas y están dividiendo a la sociedad española, que no es toda ella españolista Y las consecuencias de esta división no pueden ser buenas. Así, estos políticos se están cargando la buena convivencia, catalana y española, que tanto costó conseguir, y con tantas renuncias de una y de otra parte, a los que se habían enfrentado en trágicas contiendas. Políticos con altura de miras y generosidad política (desde Fraga a Carrillo, pasando por Pujol y Arzalluz) arropados por una inmensa mayoría y la opinión pública de nuestra sociedad, de uno y otro signo, lograron establecer la democracia- -una democracia abierta y avanzada- -dentro de un marco constitucional y estatutario, que, si bien mejorable, ha sido muy fecundo porque en él han cabido todos, porque estaba pensado para todos los ciudadanos, cualquiera que fuese su ideología. Ahora, en lugar de respetarlo y mejorarlo, hay demasiados intentos, conscientes o inconscientes, de romperlo, al tiempo que- -por frivolidad o ignorancia- -se resucitan, inútil e interesadamente, viejos fantasmas -o no tan fantasmas -que durante siglos enfrentaron al país. Políticos: no os carguéis la democracia, las autonomías y la convivencia. Mejoradlas, pero no os carguéis sus reglas básicas consensuadas. ¡No estropear el invento! Que se juegue al mus a la ruleta o a lo que sea, con algo tan serio y que tantos sacrificios supuso por todos, no es de recibo. Y hay que denunciarlo valientemente y sin tapujos por tantos colegas periodistas, que empeñamos todo nuestro esfuerzo a contribuir a que la operación convivencia se produjera y saliera bien. Y fuera votada, reclamada y aclamada por calles y plazas: Llibertat, amnistia i Estatut d Autonomia! ¿recuerdan ustedes? No es tolerable que ahora con tanta frivolidad, miopía, vista al retrovisor, personalismos o, incluso, egoísmos de algunos políticos- -de los rompedores y de los inmovilistas- se echen al traste aquellos logros, y, encima, se burlen, de todos aquellos esfuerzos. Y que se jueguen en su minoritaria y trucada mesa de casino la convivencia y el bienestar de todos en una partida de mus o quizás una fatal ruleta rusa No, a este juego de tantos políticos no podemos hacerles el juego Yo, al menos, en descargo de mi conciencia, y por lo que con otros muchos tanto luchamos, lo denuncio públicamente y en voz alta- -para que reaccione- -a la sociedad a la que se está engañando. Como grita con fuerza en su famosa canción el emblemático cantautor catalán Raimon, también a esto, al intento de secuestro del Estatut de todos por unos cuantos: Diguem, no! DIGUEM, NO! ¿Cuantos son los que les votaron para que hicieran un nuevo Estatut, o estatuto? Seguramente, muy pocos. Les votaron para que gobernaran bien... U N análisis recientemente publicado en prensa se hacía eco de la confesión de un político catalán: Estamos jugando al mus El artículo refleja bien las posiciones, estrategias, tácticas y tejemanejes de los partidos catalanes, sobre el importante tema del nuevo Estatut. Lo malo es que son demasiados los políticos, catalanes o no, que lo consideran un juego de mus o simplemente un juego Y esto es, precisamente y sobre todo, lo que hay que denunciar: la política como un juego. En Cataluña, en Euskadi, en Galicia... en La Moncloa, en la Oposición, y donde sea. La política no es un juego para mantenerse o lograr el poder. Ni los estatutos, y menos la Constitución, una moneda de cambio. Como recogía el artículo- -y encuestas cantan- el asunto del nuevo Estatut trae bastante sin cuidado a la mayoría de los ciudadanos de Cataluña. Y, seguro, que a la de otras comunidades respecto de los suyos... No porque no les interese, sino porque o ya les está bien el que tienen o consideran que sería suficiente mejorarlo en algunos aspectos, por ejemplo: la financiación, ciertas competencias, clarificación de atribuciones. Y también, principalmente, porque ven que con el tema del Estatut, o de los Estatutos, sus políticos están enmascarando demasiadas veces la triste realidad de un mal gobierno, o desgobierno, de los verdaderos intereses de los ciudadanos. Lo ven como una discusión- pantalla detrás de la cual los políticos ocultan sus mediocridades, sus fracasos, sus intereses partidistas y partidarios- -vestidos de ideales o utopías- o sus ambiciones personales, e incluso algunos rencores- -o viejas añoranzas- -sobre muchas cosas y personas actuales o del pasado. Y creo que a estos ciudadanos, catalanes o de otros lugares, no les falta razón. Ciertamente, muchos de los políticos que un día ellos eligieron de buena fe, ahora juegan vergonzantemente con ellos, con sus sentimientos y sus intereses, presentándoles como de interés general lo que, sin dejar de serlo, tal como se enfoca esconde claros intereses partidistas. ¿Cuantos son los que les votaron para que hicieran un nuevo Estatut, o estatuto? Seguramente, muy pocos. Les votaron para que gobernaran bien Y para esto, un Estatut nuevo no es prioritario ni urgente. El conseller Joaquín Na- dal ha afirmado que si no prospera el nuevo Estatut, Cataluña se radicalizará Quienes se radicalizarán no son los ciudadanos ni Cataluña, sino algunos partidos y algunos políticos, que precisamente juegan -para sus intereses partidarios- -a esta carta de la radicalización (radicales en romper o radicales en no tocar absolutamente nada) Es hora de que nadie, absolutamente nadie, se atreva a hablar en nombre de todos los catalanes, de toda Cataluña. Y entérese de una vez Carod, él no es Cataluña, ni puede hablar- -y menos actuar- -en nombre de Cataluña; él representa una parte, más bien pequeña, y nada más, aunque vaya por el mundo de milhomes como le dijo Maragall. Cataluña EDUARDO GALÁN ESCRITOR VARSOVIA Y LA MEMORIA HISTÓRICA OS ejes verticales de vidrios azules y verdes- -modernos rascacielos del consabido capitalismo- -se alzan sobre la ciudad horizontal, extendida sin sobresaltos a ambas orillas del río Vístula. Visitar Varsovia constituye un ejercicio práctico de memoria histórica. Puedes pasear por su ciudad vieja, admirar el Palacio Real o sentarte a tomar una cerveza en alguna de las terrazas de la Plaza del Mercado. Pero la memoria histórica está siempre presente en la mirada del viajero. Conmueve contemplar la belleza del casco antiguo de Varsovia, deleitarse con su imagen de casitas de cuentos observar con entusiasmo de turista el colorido de sus calles y saber que lo que ven nuestros ojos es una fiel reconstrucción de media- L dos del siglo XX. La piel del alma se aprieta en gesto dolorido al saber que la ciudad quedó en ruinas, asolada por un inmenso incendio provocado por las tropas de Hitler en 1944 tras la insurrección del pueblo polaco. Una insurrección que fue precedida meses antes del levantamiento del getho judío mortalmente reprimida por las tropas nazis. Murieron cientos de miles de polacos. Es difícil disfrutar de la belleza de una ciudad cuando sus edificios nos hablan del terror y del horror. Es difícil no tener memoria histórica. Ver, sentir y saber son capacidades del espíritu que no viajan por separado. De ahí que el viajero se deje impregnar de la paz de las calles de Varsovia, de sus amplias avenidas, de su centro histórico, al tiempo que su concien- cia se impregna de admiración por un pueblo heroico, acostumbrado a sufrir. Un pueblo amenazado y aprisionado por sus vecinos alemanes y rusos. Es la historia del siglo XX. Entre el terror nazi y la dictadura comunista. Pasear por las calles de Varsovia significa encontrarse con su historia. Junto a viviendas de hormigón gris, bloques estáticos y tristes, sin colores ni formas, la nueva geometría del rascacielos liberal, democrático o capitalista. Tal vez Varsovia no sea la ciudad turística que pueda llenar nuestra mirada de sueños de belleza inmortal. Tal vez nuestros ojos hayan paseado por lugares más hermosos. Sin embargo, confieso que jamás el alma y el corazón se habían sentido tan inmensamente llenos de vida, de humanidad y- -sí, a pesar de todo- -de fe en el ser humano y en la libertad de todos y para todos. Varsovia, ciudad de memoria histórica, me siento orgulloso de haber sentido la emoción del tiempo en cada rincón de tus calles. Varsovia, te llevo en el corazón, con la esperanza de que tu historia no vuelva a repetirse en ningún lugar del mundo.