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ABC MIÉRCOLES 17 8 2005 Internacional 25 Cindy Sheehan, la pacifista madre de un joven soldado de Estados Unidos muerto en Irak, se planta frente al rancho de Bush y pone en aprietos al presidente durante sus vacaciones de trabajo en Texas ¿CONOCE A UN TERRORISTA? onocen ustedes a un terrorista? ¿A alguien que haya asesinado, puesto bombas y torturado? Yo, sí. Para ser exacto, a unos cuantos; incluido uno de cosecha nacional. Está gordo, pero no es de esos arrepentidos, que recuperan la cordura a medida que les crece la panza y encuentran acomodo como funcionarios autonómicos. Se llama Manuel Murua, alias El Casero Su historia es la de un crimen repugnante. En 1973, tres chicos gallegos llegados a Irún en busca de horizontes más amplios, pasan a Francia a ver El último tango en París A la vuelta, en la carretera que serpentea desde San Juan de Luz a la fronteALFONSO ra, vislumbran una disROJO coteca. Entran, toman unas copas e intercambian bromas, ignorantes de que, parapetados tras vasos de güisqui, varios pares de ojos observan. Uno de los que mira, es Tomás Pérez Revilla. Con el gerifalte de ETA estaban Ceferino Arévalo, alias El Ruso Prudencio Sodupe, alias Pruden Jesús de la Fuente Iruretagoyena, Basacarte y Manuel Murua, El Casero Cuando los gallegos salen al oscuro aparcamiento, los etarras los interceptan a punta de pistola, convencidos de que han atrapado a tres policías camuflados. A la mañana siguiente, junto a un vivero, después de haberlos torturado hasta la agonía y sabiendo ya que tienen en sus manos a tres simples emigrantes, los terroristas los rematan y entierran sus cadáveres. Los cuerpos nunca han aparecido. La tarde en que subí hasta Logroño y traté de sonsacar a Murua, para que me revelara dónde ocultaron los cuerpos, sentí asco. Me desagradó el personaje. Tenía una barriga como un tonel, no sentía pena alguna y desde la prisión, donde sólo iba a dormir, cavilaba cómo sacarle al Estado español una pensioncilla, con la que financiar vinos y cocochas. Hace ya bastante, me encontré a escondidas con Abu Abbas. El palestino también se había puesto gordo. Seguía siendo igual de malo, pero tuvo dos gestos que casi me conmovieron. Uno fue suplicar que no revelase que nos veíamos en Argel. El otro, confesar que se arrepentía de haber arrojado al mar, con silla de ruedas, al inválido norteamericano León Klinghoffer, durante el secuestro del paquebote Aquille Lauro. No sentí emoción alguna cuando los marines lo capturaron en Bagdad, el 14 de abril de 2003 y ni siquiera suspiré cuando la palmó, de un misterioso ataque al corazón, un año después. A quien no conozco es a Mustafá Setmarian, fundador de la primera célula de Al Qaida en España. Cualquiera que facilite su captura recibirá cinco millones de dólares. Setmarian tiene 47 años, es pelirrojo, está casado con una de Moratalaz y goza de doble nacionalidad. Tiene pasaporte sirio y español. Si alguien lo ve, que avise. Se puede quedar con la pasta. Compartiremos el placer. Hable con Cindy TEXTO: PEDRO RODRÍGUEZ. CORRESPONSAL C WASHINGTON. El soldado Casey Sheehan tenía 24 años cuando el 4 de abril de 2004 se ofreció voluntario para una misión de rescate en un suburbio de Bagdad. Pero una letal emboscada terminaría por cobrarse la vida de ese joven californiano y de otros seis compañeros. Desde entonces, la madre de ese militar- -Cindy Sheehan- -ha canalizado su dolor a través de un creciente activismo contra la guerra de Irak, en lo que para audiencias españolas se podría explicar como una especie de Pilar Manjón al estilo americano Desde hace dos semanas, Cindy Sheehan se encuentra frente al rancho tejano de George W. Bush, exigiendo ser recibida por el presidente durante sus vacaciones de trabajo para que le explique el sacrificio de su primogénito. Lo que empezó la semana pasada como una solitaria vigilia se ha convertido en una especie de colectivo movimiento que ilustra la creciente impopularidad de la guerra de Irak en la opinión publica de Estados Unidos, con recientes encuestas detectando una mayoría que considera el conflicto como un peligroso error que no ha incrementado la seguridad del gigante americano. Con su presencia y recordatorio de los más de 1.800 soldados del Pentágono muertos en Irak, Cindy Sheehan aspira a una pronta retirada y a que el presidente Bush deje de utilizar el argumento de que para honrar a los que han sacrificado sus vidas en este conflicto, hay que perseverar. Otros padres que han perdido hijos en el teatro de operaciones iraquí se han sumado a la protesta, junto a decenas de pacifistas y opositores de Bush. Todos bajo el eslogan, como de película de Almodóvar, de Hable con Cindy coreado en cartelones, camisetas y pintadas. La acampada frente al rancho de más de quinientas hectáreas de Bush se ha convertido en una pesadilla de relaciones públicas para la Casa Blanca. El sheriff local ha indicado que no realizará arrestos a menos que se intente bloquear carreteras o invadir propiedades privadas. Un par de destacados ayudantes del presidente se han reunido con ella, con el único resultado de que la protesta continuará hasta que Bush termine sus vacaciones en septiembre, y luego proseguirá en Washington. Durante su espera, Cindy no se ha cruzado de brazos. Además de las sugerencias para que se presente a un escaño en la Cámara de Representantes, la señora, ayudada por espontáneos asesores de imagen, aparece todo el rato en las tele- La acampada de Cindy Sheehan frente al rancho de Bush se ha convertido en una pesadilla de verano para la Casa Blanca visiones y periódicos de Estados Unidos, hasta el punto de quedarse casi afónica. La quijotesca historia está empezando a serializarse con cada salida del presidente Bush, como la que el pasado viernes realizó a un rancho vecino para una barbacoa electoral. Generando incómodas y elitistas imágenes de la faraónica comitiva presidencial pasando de largo frente a estos manifestantes no disuadidos por el implacable sol de Texas en agosto. Decorado al que se suman un millar de cruces blancas junto a una improvisada cabaña bautizada como Casa de la Paz Como ha explicado el conocido analista político Charlie Cook, cualquier cosa que concentre la atención de los medios de comunicación y del público en los caídos en Irak día tras día- -particularmente con algo tan bueno para la televisión como la llorosa madre de un soldado muerto- -es realmente una mala cosa para el presidente Bush y su gobierno. Los estadounidenses se vuelven un poco insensibles ante los números de bajas pero cuando se añaden caras, nombres y familias, el efecto se multiplica Mientras la protesta sigue, con muy apreciados y bien celebrados refuerzos como letrinas portátiles, Bush ha tenido que empezar a responder a preguntas sobre Cindy Sheehan. A lo que Cindy, a la puerta del rancho, replica que George W. Bush debería dar ejemplo enviando a sus dos hijas a Irak. Cindy Sheehan sentada junto a la carretera en la localidad texana de Crawford AP