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ABC MIÉRCOLES 17 8 2005 21 El líder socialista búlgaro, Sergei Stanishev, presidirá el nuevo gobierno de coalición El desacuerdo en Irak sobre su futura Constitución pone en peligro las esperanzas de convivencia que llamada, los adolescentes que forman la punta de lanza de la resistencia a la evacuación se concentraron ante la puerta invisible. Así. Cara a cara. Nariz contra nariz. Aliento contra aliento. Ojos iracundos contra ojos vidriosos. Puños apretados contra manos extendidas. Palabras de alto voltaje contra un silencio ensordecedor. Iluminados con barba de tres pelos frente a reclutas, ellos y ellas, presionados hasta la saciedad. Niños y adolescentes fuera de sí, mujeres embarazadas fuera de sí, hombres hechos y derechos fuera de sí frente a uno de los Ejércitos más poderosos, pero contenido. La palma de las protestas La olla a presión estalla sin remedio. Se suceden las agresiones a policías que graban a los jóvenes; los ataques con amoniaco y productos químicos; los asaltos contra periodistas extranjeros; las tensiones psicológicas con llamamientos al judaísmo de los unos y de los otros, al Estado policial en que ahora dicen vivir los colonos; las lágrimas de una policía de fronteras que se derrumba, se abraza a su compañero, se niega a seguir con su deber... Y de fondo, desde el altavoz colocado en una furgoneta que apenas da sombra al ardiente asfalto, la voz de Ariel Sharón. De un Sharón más joven, distinto, con otras ideas, otras palabras, otras recomendaciones. Para los soldados a los que por aquel entonces llamaba a no cumplir las órdenes de sus superiores si iban en contra de la moral, de la justicia, de la dignidad... Las palabras se repiten una y otra vez. No siempre son audibles pues el tumulto es enorme. Contenedores de basura quemados, caños de agua que apagan el fuego; decenas de detenidos que acaban siendo liberados tras llegar a un acuerdo con los líderes de los colonos a cambio de la entrada, al fin, de los camiones y los contenedores, eso sí, escoltados por un centenar de agentes que se topan, no puede ser de otro modo, con la chulería infantil e inconsciente de chavales malcriados merecedores de un buen azote. Neve Dekalim se lleva la palma de las protestas pero las escenas se repiten sin solución de continuidad en otros muchos asentamientos, como los de Morag, Netzer Hazani o Bedola. En otros enclaves, sin embargo, la situación invita a cierto optimismo. Las tres colonias del norte están ya en manos del Ejército al haberse ido todos sus residentes destrozados pero por voluntad propia. También queda vacío poco a poco Rafiah Yam. Y Peat Sadeh, donde los últimos tres colonos que cierran el portón metálico deciden quemar sus casas como teas. De fondo, en un escenario repetido en los últimos días pero mucho más dramático a partir de hoy, rezos, canciones místicas, bailes con los ojos puestos en Dios. Ni siquiera les vale de consuelo la decisión del Tribunal Supremo: las 26 sinagogas de Gush Katif no serán destruidas ni dinamitadas sino reubicadas en Israel. Una cicatriz menos en el rostro ajado de un país que no deja de revolverse por dentro. Un colono judío contemplaba ayer su casa en llamas en el asentamiento de Bedola, en el bloque de Gush Katif REUTERS Israel ha denunciado a los palestinos por explotar a los niños durante la segunda Intifada. Los colonos judíos hacen lo mismo en Gaza, incluso con sus bebés en primera línea Un Ejército de chupetes naranjas TEXTO J. CIERCO GUSH KATIF. Rina Akerman, con su cabeza cubierta por un pañuelo naranja, su camiseta negra, su falda vaquera larga, sus zapatillas deportivas blancas, el atuendo más típico de las colonas de Gush Katif, empuja una cuna de madera con ruedas bajo un sol de justicia. Apenas se empina la calle, Rina suda la gota gorda. No es para menos. En el interior de una cuna con barras marrones, anticipo de las jaulas que el Ejército y la Policía israelíes están dispuestos a utilizar para evacuar a los extremistas más irreductibles atrincherados en este bloque de asentamientos con las horas contadas, pasean sonrientes tres niños de muy corta edad. Dos de ellos, con simpáticos rizos rubios poco peinados, se aferran con su escasa fuerza pero enorme determinación a sus chupetes, cómo no naranjas, color que simboliza la resistencia de los colonos y la extrema derecha israelí a la evacuación de la Franja mediterránea. El tercero, un bebé, vestido con una camisetita y un pantalón también naranjas, duerme plácidamente pese al barullo que le rodea. policías que quieren desalojarla de la que ha sido su casa, en Neve Dekalim, durante más de 20 años. Si es legítimo que una mujer que va a ser violada se defienda con todos los medios a su alcance, también lo es que una familia entera, de 13 miembros, resista unida contra la expulsión de su hogar por la fuerza explica Rina para justificar la presencia de tres de sus pequeños junto al portón de entrada del asentamiento. Mi marido es psicólogo en Kiryat Arba, junto a Hebrón, y sostiene que cuando los momentos son tan difíciles como estos que nos ahogan, los niños deben estar con sus padres La respuesta, no demasiado convincente pese al consejo muy profesional de su esposo, no despeja todas las dudas que asaltan a la opinión pública israelí por el uso de los niños, no ya de esos adolescentes con el acné fresco a flor de piel, sino de menores de 15 años y de bebés en su particular Intifada contra Ariel Sharón. El Ejército de niños, bebé incluidos, utilizado por los colonos en su lucha es un ejercicio cruel y cínico de explotación podía leerse en un reciente editorial del diario Haaretz. Desde que se acentuaran las manifestaciones de protesta contra la evacuación judía de Gaza, centenares de adolescentes y jóvenes israelíes han sido detenidos por las Fuerzas de Seguridad en los aledaños de la Franja mediterránea. Lo que es peor, muchos de los chavales, los más pequeños, contaban sólo con entre 12 y 15 años de edad. Doble estándar La culpa de lo que sucede con nuestros hijos no la tenemos nosotros sino Sharón. ¿Qué sentiría Arik si un hijo de 4 años, como uno de los míos, le preguntara si el soldado que va a venir a sacarle de su casa por la fuerza es bueno o malo? Un niño que tiene además a dos de sus hermanos mayores en el servicio militar de tres años en el Ejército responde airada Rina. Ella, como algún que otro responsable político y diplomático israelí, no se acuerda de un comunicado hecho público en marzo de 2004 por el Ministerio hebreo de Asuntos Exteriores, en el que se deploraba la explotación de niños y adolescentes por parte de las organizaciones palestinas Pues eso. Tampoco ha oído a la diputada ultranacionalista Guila Finkelstein exigir a su Ejército y a su Gobierno que respeten la Convención de la ONU sobre los derechos de los niños. Pues eso, pero a ambos lados del muro ilegal de Cisjordania, no sólo del sol que más calienta, sin duda éste que te encoge en los asentamientos judíos de Gaza. Explotación denunciada Akerman tiene, a sus 41 años de edad, 11 hijos, el más pequeño de 8 meses. Se ha convertido, con el paso de los días, en uno de los símbolos de la resistencia de los colonos de Gush Katif. Sobre todo por el uso nada disimulado que hace de sus hijos pequeños a la hora de enfrentarse a los soldados y Muchos de los detenidos en los aledaños de la Franja de Gaza son adolescentes que no llegan a los 14 años