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ABC MIÉRCOLES 17 8 2005 Nacional DIECISIETE MILITARES ESPAÑOLES MUEREN EN AFGANISTÁN 13 dos años en Pontevedra y se había casado hace escasamente un mes. José González Bernardino 31 años. Natural de Oviedo. Estaba casado y tenía una hija de siete años y había estado en Irak en misión humanitaria. Daniel Abreu Fernández Cabo del Regimiento de Pontevedra, con amplia experiencia en misiones internacionales, casado y reciente padre. Diego González Blanco 27 años. Era su primera misión en el extranjero, aunque llevaba 8 años en el Ejército. Diego Prado López Soldado, como los siguientes, del Regimiento Aerotransportable número 29 de Pontevedra. Isaac Calvo Piñeiro 20 años. Ferrol. Jesús Casal Rivera Pontevedra. José Antonio Martínez Parada Pontevedra. Iván Vázquez Núñez Pontevedra. Gonzalo de Rey Nazada 20 años. Llevaba poco más de un año en la unidad y llegó a Afganistán en el segundo de los tres turnos que salieron de la base pontevedresa. Pedro San Martín Pereira Natural de Caldas de Reis. Pablo Iglesias Sánchez 22 años. Natural de Lugo. Era hijo único y llevaba un año en las Fuerzas Armadas. Llegó a Afganistán el pasado 3 de agosto. adscritos a la Brigada Ligera Aerotransportable (Brilat) de Figueirido, se había casado hace escasamente un mes. Este madrileño, que residía desde hacía dos años en Pontevedra, preveía estar en el país afgano hasta el 18 de octubre, justo un mes después de la celebración de las elecciones, pero desafortunadamente su misión se vio interrumpida. Isaac Calvo Piñeiro, natural de Ferrol y de tan sólo 20 años, tampoco pudo alcanzar la meta. Gonzalo de Rey Nazaga, de la misma edad, llevaba poco más de un año en la Brilat, y había llegado a Afganistán en el segundo de los tres turnos, el que partió del aeropuerto de Lavacolla el pasado 3 de agosto. Diego González Blanco, orensano de 27 años, cumplía con ésta su primera misión al extranjero, pese a llevar ocho años, aunque interrumpidos, en el Ejército. Pablo Iglesias Sánchez, lucense de 22 años, era hijo único. En su casa de Lugo recibieron la visita del alcalde de la capital, Xosé Clemente López Orozco, y del consejero de Trabajo de la Xunta, Ricardo Varela, que no hallaron palabras de consuelo para sus padres. En total perdieron la vida nueve soldados, un cabo, un sargento y un teniente. Cinco eran de Pontevedra, tres de La Coruña, dos de Lugo y los dos restantes de Madrid y Oviedo. La abuela de José González, el sargento asturiano que murió ayer en Afganistán, muestra su foto en presencia de su familia La enviada especial de ABC a Afganistán relata los recuerdos de su última visita al país junto con los militares españoles, 17 de los cuales fallecieron ayer en un helicóptero El último minuto que pasamos en Herat TEXTO: LAURA L. CARO FOTO: MARIO ROJAS Los instantes más duros Las horas más amargas se vivieron en el destacamento Isabel la Católica tras la comparecencia del ministro de Defensa, José Bono, que fue seguida en directo a través de la radio por los soldados del puesto de seguridad de entrada. Ésa fue la hora punta que marcó el inicio de la que ya se autodenominó caravana de la Brilat Pero durante todo el día nadie hizo declaraciones a los numerosos medios de comunicación reunidos, que tan sólo acertaron a presenciar las escenas de dolor entre los allegados, la mayoría familiares de segundo grado (tíos y primos) y amigos de los fallecidos. A su llegada a las instalaciones todos fueron recibidos por miembros de las Fuerzas Armadas y por el general Vicente Díaz de Villegas. Los que custodiaban la entrada apenas tenían información que ofrecer, sólo podían dar cifras, e incluso en alguna conversación llegaron a preguntar a los periodistas si poseían más datos. Los gerentes de los bares Ricardo y A Garita evitaron hacer comentarios sobre el suceso, y sólo indicaron que no estaban acostumbrados a esas avalanchas de gente CIUDAD DE GAZA. No hubiera querido llamarte nunca, Felipe, nunca para oírte llorar. Cuando esta mañana me has cogido el teléfono y me has dicho te acuerdas del otro chico al que diste la tarjeta... iba dentro... me he arrepentido de golpe. ¿Cómo no me voy a acordar? Era día 1 de agosto, -parece que fue ayer- y mis últimos minutos en Herat fueron con vosotros, antes de salir corriendo al autobús de los periodistas porque nos íbamos ya. Estabais tres, ¿te acuerdas? y hablamos de lo que se habla siempre en estos casos: de dónde venís vosotros, cuánto tiempo os queda todavía, qué bueno el momento de volver... y echamos risas asfixiados de calor afgano a 45 grados de sol y polvo que, hablabais atropellados, los de Sevilla siempre soportáis mucho mejor. Peor lo llevan los de Galicia... comentamos divertidos como si fuera un consuelo, ya casi cuando yo estaba a punto de correr para coger el autobús de los periodistas que ya se iba sin mí. Y busqué en el bolso las tarjetas con mis datos de ABC pero solo tenía dos: una la cogiste tú, ¿a que la tienes? y la otra la cogió él. Y me dijo: Gracias por alegrarnos el día Gracias a vosotros por alegrármelo a mí también Y venga, suerte y hasta la próxima... y me ahogo de pena, Felipe, de la mía y de la tuya que hace un rato te consumía la voz. Apenas pasamos un par de horas con el ministro Bono en el campamento que, bien lo sabes tú, estará roto de luto echando en falta a diecisiete de la familia. Hay gente que no imagina, Felipe, cuánto se acompañan los militares unos a otros a 6.000 kilómetros de casa, cuánto se sueña con una nevera llena de agua fría y la sencillez de una cama de verdad, con una ducha por la mañana para uno solo... cuánto se echa de menos todos los minutos de todos los días a los que no están. No imaginan cómo los de Figueirido y vosotros, los que están en Qal- i- Naw, los que fueron a Diwaniya, a Nayaf, a Kabul, a Bosnia, a Pekanbaru, a Haití sudáis a goterones en jornadas de 24 horas, ni el buen humor de los pequeños ratos, ni de lejos el miedo que se puede pasar. Información elaborada por Estrella Yáñez, Aurora Flórez, Eduardo Barba (Sevilla) e Irene Peña (Pontevedra) Hay gente que no imagina cuánto se acompañan los militares unos a otros a 6.000 kilómetros Aquella jornada en que nos vimos era entre medias una fiesta: España entera empezaba las vacaciones de verano camino de la playa y allí estabais en Herat, todos juntos como ya no será posible, oyendo los discursos frente a los platillos de jamón de domingo, aunque era lunes, y los vasos de plástico para brindar con vino español por el Rey. Agitados por la presencia de tanta cámara, de tanto mando y de los diputados, que luego llegan al Congreso a hablar de oídas de lo que hacéis. Ese día, los de la visita oficial llegamos todos a la base en los mismos Cougar de la pesadilla de este 16 de agosto, impresionados por la destreza de los pilotos que sobrevolaron al ras del suelo el camino desde Qal- iNaw y por la concentración obsesiva de los tiradores. Recuerdo que en el mío, la de las armas de la derecha era una mujer. Camp arena no puede estar tan lejos y tan cerca al mismo tiempo, tú me entiendes. Qué triste, Felipe. No hubiera querido hablar nunca contigo de esto, sí de preguntarte qué tal va ese codo roto que te ha devuelto a tu casa. A tiempo. Del calor que hacía cuando hablamos los cuatro, ¿te acuerdas? de que nos alegrábamos ese día tanto de que todo fuera bien...